viernes, 25 de abril de 2014

García Márquez y la Música

El Gabo de pequeño

La muerte de Gabriel García Márquez nos hace pensar en él desde diversos ángulos. Releyendo El Olor de la Guayaba, el libro de conversaciones con su amigo escritor Plinio Apuleyo Mendoza, nos encontramos con breves precisiones sobre los gustos musicales del célebre "Gabo". Hablando de las obras que lo influyeron durante la escritura del "Otoño del Patriarca", García Márquez dice lo siguiente: 

P.A. M: La lista debe ser muy larga ¿A quiénes hemos omitido?
G. G. M: A Sófocles, a Rimbaud, a Kafka, a la poesía española del Siglo de Oro y a la música de cámara que va desde Schumann a Bartok. 

Asimismo, en el mismo libro de conversaciones, García Márquez menciona de forma tajante y contundente quién fue su músico favorito. Transcribimos: 

P. A. M: El Otoño del Patriarca es un poema en prosa. ¿Esta influido por tu formación poética? 
G. G. M: No, esencialmente por la música. Nunca escuché tanta música como cuando estaba escribiéndolo. 
P. A. M: ¿Qué música, preferentemente? 
G. G. M: En este caso concreto, Bela Bartok y toda la música popular caribeña. La música tenía que ser, sin remedio, explosiva. 

Y cuando se le pregunta: 
P. A. M: ¿Tu músico favorito?
G. G. M: Bela Bartok.

Bela Bartok: Contrastes para piano violín, clarinete y piano Sz 111, compuesta en 1918. Sus movimientos son: Verbunkos (danse de recrutement), Pihenő (repos) y Sebes (vif). 

lunes, 21 de abril de 2014

Heavy Metal y la distancia generacional



I
Hace treinta años era un adolescente, un adolescente más de una ciudad que iniciaba tu expansión ilimitada; expansión que no fue sólo geográfica, sino, sobre todo, de mentalidades. De aquellos años, lo que más recuerdo en términos de mi formación cultural, era la presencia (omnipresencia, digamos) de los Estados Unidos y del mundo anglosajón en general. Presencia absoluta que moldeaba nuestros interiores ya conformados por la presencia occidental -en Lima- desde hacía varios siglos. Si lo pienso en términos fríos, tal presencia anglosajona en el imaginario mediático de la cultura urbana limeña no era buena ni mala, pues siempre hay poder cultural dominante en el mundo. Y si ese poder no era el de Estados Unidos, podría haber sido el poder de otra nación. Así, la presencia anglosajona y especial norteamericana en mi formación cultural, era gravitante. No porque yo lo decidiera, sino porque era el relato cultural dominante. Y la historia nos ha enseñado que eso es inevitable. El poder político, económico y militar de los imperios, también se expresa en el poder cultural; en la capacidad de reproducir sus imágenes del mundo de forma expansiva e intensa.  De este modo, la alienación cultural como problema no existe. Pues todos somos, de algún modo, "alienados". 

Como decía, hace treinta años era adolescente; un adolescente que veía vídeos musicales en la época en que MTV iniciaba su dominio integral y derivado por doquier. Y gracias a los vídeos de MTV que miraba en un canal -ahora inexistente- de la antigua frecuencia UHF, pude tomar contacto con varias de la culturas visuales de mediados de los años ochenta. Culturas visuales que eran derivadas de la diversidad de las subculturas musicales. Cada subgénero musical poseía su propia imagen. Y MTV era la vitrina de cada una de esas infinitas formas, donde música e imagen se fundían en una sólo entidad estética de algunos minutos de duración. Las otrora poderosas casas discográficas invertían mucho dinero en la producción de videoclips, potenciado las ventas de las unidades al infinito y fomentando giras inmensas e interminables por todo el mundo. Nos encontrábamos en el apogeo de una era de la historia de los medios a escala global. Es muy difícil que esa situación se vuelva a repetir por las características actuales del entorno sociocultural de la cosmopolis. 

II
1984. Desde Lima el mundo me parecía inmenso. Era muy consciente que vivía en una "pequeña" ciudad de 5 millones de habitantes (esa era la población de Lima). Una ciudad grande en extensión, pero pequeña en sus vivencias y en su códigos de conducta moral, mucho más cercanos a la "moral homérica" que a la "ética cívica". Así, en esa ciudad pequeñita, gracias a los vídeos musicales, pude descubrir  que una había un subgénero musical que se diferenciaba de los demás tanto por la música como por la presencia de sus ejecutantes. Y ese tipo de música se llamaba Heavy Metal. 

III
1984. No sólo es el título de un libro distópico de Orwell, ni tan sólo el nombre de un álbum de Van Halen. 1984 es un año de hace tres décadas. El año en que el Heavy Metal llegó a ser el subgénero musical más aclamado del mundo entero (influenciado por la civilización anglosajona) y cuando sinónimo de escuchar "buena música", era escuchar Heavy Metal. Desde mi humilde espacio en la tierra, pensaba que lo que escuchábamos Heavy Metal éramos trillones de humanos y casi la totalidad de jóvenes costeños de clase media limeña. Situación que no era cierta, pero que a mi me tenía sin cuidado. Pues igual pensaba que "todos" escuchaban Heavy Metal y que a todos les gustaba el Heavy Metal. 

IV
1984. No sólo los andes peruanos se llenaban de muertos gracias a las idiotas y asesinas huestes del camarada Gonzalo. No sólo la Guerra Fría la estaba ganando Estados Unidos cada día más a la Unión Soviética. Y no sólo el reaganomics se transformaba en el evangelio de la economía global. 1984, era el año del dominio del Heavy Metal. En ese año Iron Maiden publica Poweslave e inicia su gira más ambiciosa. Van Halen edita su disco más popular: 1984. Quiet Riot se consolida con Condition Critical y Autograph es extrañamente famoso con Turn Up The Radio. En 1984 Ratt debuta en lo alto con Out of the Cellar y Saxon trata de conquistar los Estados Unidos con Crussander. En 1984 Deep Purple regresa a la cima con Perfect Strangers y Whitesnake empieza su camino a la estratosfera con Slide It In. Y claro Def Leppard hace bailar a la tierra con Pyromania y Twisted Sister con Stay Hungry. 1984, millones de jóvenes mueven la cabeza de atrás hacia adelante e imaginan que la escoba es una Fender. 1984, las paredes se  pueblan con graffiti con el nombre de bandas de Metal. 1984 se condensa lo anterior y lo inmediatamente posterior. ¿No fue Rock in Río I en enero de 1985? Rock en Río, la primera manifestación fuera de las murallas de occidente de gran rock y explosión inicial de Heavy Metal para muchos en Sudamérica. 

V
2014. Décadas después veo That Metal Show en VH1. El público que celebra Eddie Trunk tiene más o menos mi edad. Se mencionan grupos, solistas, productores; discos entrañables, historias deliciosas que ojalá sean algún día parte de una buena película. Aun cuando estoy a la distancia, pienso que en Sudamérica hay muchos como yo que fueron formados en esa experiencia de la música popular. Y que a todos nos une una extraña hermandad: haber sido parte de un credo musical y al mismo tiempo mítico. 

En la actualidad hay grupos musicales extraordinarios, pero el Heavy Metal es casi música marginal. No se si de nostálgicos, aunque pueda que lo sea. Pero no es lo que llegó a ser en su momento. Hoy hay otros sonidos, otras formas sonoras de ser jóvenes. Es claro que el Heavy Metal es música de mayores, de adultos. Hay distancias que empiezan a ser inevitables. Las distancias que se dan en el universo de los sonidos constituyen uno de esos abismos que diferencian a las generaciones humanas. Nunca pensé que una buena canción de Metal podría llegar a tener el mismo espacio que un bolero para otras generaciones. Increíble.




viernes, 4 de abril de 2014

Wittgenstein sobre Mendelssohn



Como escribimos en una entrada anterior, Ludwig Wittgenstein tenía razones sobradas para considerar a la música su arte fundamental. Cuando leemos su entrañable colección de aforismos, reunidos bajo el nombre editorial de "Cultura y Valor", se observa al filósofo melómano que llegó a ser. Hay tanto que se puede aprender de Wittgenstein que es fácil comprobar por qué es considerado una de la cumbres del pensamiento occidental del siglo XX. 

Al leer "Cultura y Valor" llegamos a saber cuáles fueron los intereses estéticos de Wittgenstein y, sobre todo, conocemos de forma nítida sus apreciaciones musicales. De todas los aforismo musicales que leemos, llama la atención los juicios que hace sobre Felix Mendelssohn. Juicios interesantes que permiten acercarnos al gran músico alemán bajo otras perspectivas. 

Leamos algunas de las apreciaciones que Wittgenstein hizo sobre Mendelssohn. Saquen ustedes sus conclusiones:




(13) Mendelssohn no es una cumbre, sino una altiplanicie. Lo inglés que hay en él. 

(15) Mendelssohn es como un hombre que sólo puede estar alegre cuando todo está, sin más alegre, o bueno cuando todos los que lo rodean son buenos y no propiamente como un árbol que se mantiene firme, tal como está, suceda lo que suceda alrededor de él. Yo mismo soy así y me inclino a serlo. 

(80) La Música de Mendelssohn, cuando es perfecta, es un arabesco musical. Por ello, cada carencia de fuerza en él la experimentamos como algo embarazoso. 

(108) Entre Brahms y Mendelssohn existe decididamente un cierto parentesco; y no me refiero a aquel que se muestra en algunos pasajes particulares de las obras de Brahms y que recuerdan pasajes de Mendelssohn, sino que el parentesco al que me refiero podría expresarse diciendo que Brahms le da todo el vigor donde Mendelssohn lo dio sólo a medias. O: Brahms es con frecuencia un Mendelssohn sin faltas. 

(124) Si se quisiera caracterizar la esencia de la música de Mendelssohn, habría que hacerlo diciendo que no hay música mendelssohniana difícil de entender. 

(181) ¿Qué le falta a Mendelssohn? ¿Una melodía "animosa"? 

(203) En todo gran arte hay un animal SALVAJE domado. En Mendelssohn, por ejemplo, no lo hay. Todo gran arte tiene como fundamento los instintos primitivos del hombre. No son la melodía (como, por ejemplo, en Wagner), sino que da su profundidad y fuerza a la melodía.  En ese sentido, puede llamarse artista reproductivo a Mendelssohn.

Canciones sin palabras. Colección de 8 libros, que van del op 19 al op 102, escritas a lo largo de la vida de Mendelssohn.

viernes, 28 de marzo de 2014

Tres visiones íntimas de Für Alina de Arvo Pärt.



I.
La primera vez fue de modo casual, tal como aparecen los instantes sonoros que constituyen Für Alina. Lo que suena, aparece y desparece. Hay música en las ausencias repetidas que la construyen. Música callada desde la ausencia y desde la presencia. La primera vez fue de modo casual, casualmente llegó a mi, Für Alina, para instalarse a modo de "banda sonora" de innumerables horas de existencia vigilante. 

II
Escucho Für Alina mientras el auto me lleva de un extremo a otro de la ciudad. Für Alina ha ocultado la realidad sonora de la urbe que padezco; las calles ahora suenan de la manera cómo oigo Für Alina ; las calles transportan a gente que aparece y desaparece. La gente y los autos, la gente y más gente transitan del ser al no ser. El tiempo modifica su movimiento habitual, el tiempo se sacrifica en función de Alina y deja de atormentar a la realidad en si. Für Alina ha vencido al movimiento y al tiempo. El arte triunfa frente a la vida. Estamos instalados en la región supralunar, hemos abolido el principio de causalidad y la metafísica que la soporta. Transportado a la velocidad de Für Alina percibo al tiempo en su fractalidad y al ser diluirse entre los individuales. 

III
Mi vida es Für Alina. Sintetiza mi búsqueda sonora; la búsqueda sin termino de hallar "la obra". Y está un peldaño arriba de la "Resurrección" de Mahler y dialoga con el Arte de la Fuga de Bach.  Für Alina resume mi existencia al frente del Arte de la Fuga; ambas están en mi corazón rehecho de pliegues y laberintos innumerables. Pero yo soy Für Alina y mi espejo, al modo del mundo de las sombras platónico, es el Arte de la Fuga. Tras la vida y tras la muerte,  aparece y desaparece las diversas maneras de existir.

Arvo Pärt contando el proceso de Für Alina.



Für Alina. 1976. Arvo Pärt.

viernes, 21 de marzo de 2014

Wiittgenstein y la música. Digresiones


I
Wittgenstein afirmó con una claridad digna de su envergadura filosófica lo siguiente sobre la música: "Pienso a menudo que lo máximo que me gustaría conseguir sería componer una melodía...Por eso esta idea me ronda la cabeza como un ideal tan alto; porque entonces podría sintetizar mi vida, por decirlo así; y podría tenerla ahí, cristalizada" (Movimiento del pensar. Diarios). 

II
La familia Wittgenstein amaba la música. El padre del filósofo tocaba el violonchelo y la madre el violín. El hermano de Ludwig, Paul, fue un famoso pianista en la primera mitad del siglo XX. Paul Wittgenstein perdió la mano durante la Primera Guerra Mundial y fue Ravel quien compuso para este instrumentista el famoso Concierto para la mano izquierda en re mayor. Paul Wittgenstein y Ravel nunca se llegaron a poner de acuerdo cómo debía sonar esta obra.

III
"De lo que no se puede hablar es mejor callarse". Así termina su Tratactus Ludwig Wittgenstein. ¿Cesaría la música? ¿El silencio del pensar da paso a la música? ¿Hay música callada como planteó con rigor metafísico el gran Mompou? ¿La música se muere?

IV
Confiesa  Wittgenstein sobre nuestro admirado Brahms: "La música llega a un alto total con Brahms; e incluso en Brahms puedo comenzar a percibir el ruido de la maquinaria" (Conversaciones con Wittgenstein). Si así lo dice un  ser humano de la talla intelectual como Wittgenstein, hay que prestar atención. Argumentum ad verecundiam. 

Concierto para piano para la mano izquierda en re mayor de Maurice Ravel

jueves, 13 de marzo de 2014

Alturas temerarias: cinco complejidades para piano



Componer música es, también,  probar y probarse. Exigir y exigirse. Pues también los grandes compositores, muchos de ellos, fueron grandes interpretes. Sabían tanto cómo componer y , al mismo tiempo, cómo ejecutar. El resultado de ambas dotaciones, es que el compositor podía y sabía los modos de conmoción más eficaces. Sabía la manera de conducir nuestra experiencia sensorial, transformándola en experiencia estética, elevándonos a alturas y bajuras insospechadas. Pero también sabía, sí sabía, cómo dejarnos mudos con su talento. Las composiciones virtuosas, de alguna manera, nos dicen: soy capaz de concebir esto. 

Hace tiempo quería escribir sobre las piezas para piano que, a mi juicio, son las más complejas; entendiendo complejidad como la relación entre virtuosismo y coherencia formal. No sólo de simple pirotecnia. Es más bien, la excelencia, el areté de las grandes obras para piano. Hermoso e insuperable repertorio.  

1. Sonata para piano n.º 29 en Si bemol mayor Op. 106, subtitulada Hammerklavier, fue compuesta en el otoño de 1818 en cuatro movimientos al modo de la sonata clásica. El último movimiento, Largo - Allegro risoluto, posee uno de los momentos más grandes de la literatura musical no sólo por la complejidad de la obra, sino porque el sentido de lo inefable brota en cada momento de la fuga enigmática que se pronuncia en dos eternos minutos. 



2. Scarbo de Gaspard de la  Nuit de Ravel. Gaspard de la Nuit debe ser una de las obras más complejas de todo el repertorio. Estrenada en 1909, esta obra posee tres movimientos. Siendo el último, Scarbo, el más célebre.



3. Mazzepa. Estudio Trascendental. N. 4 en re menor de Liszt. De los doce estudios, todos ellos de extrema dificultad, Mazzepa es, sin duda, el que exige más al pianista. Inspirado en un poema de Victor Hugo y estrenado en 1840, Mazzepa es sin duda una de las cimas del arte de sorprender. 



4. Variaciones a un tema de Paganini op 35 de Johannes Brahms. Alguna vez Clara Schumann dijo de las variaciones de Brahms: variaciones para ser tocadas por una bruja, observando lo difícil que le había resultado tocar esta obra. La varaciones fueron compuesta hacia 1863 y se basa en Capricho 24 en La menor para violín del gran Paganini.



5. Allegro Bárbaro de Charles Valentin Alkan. No se si es la pieza más compleja de Alkan pero si es, sin duda, una de las más complejas obras que compuso el gran pianista francés. Parte de los 12 Estudios para piano el Allegro Bárbaro fue compuesto hacia 1847.

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jueves, 6 de marzo de 2014

40 años de Phaedra de Tangerine Dream



Han pasado 40 años y Phaedra (Virgin Records, 1974) de Tangerine Dream sigue estando intacto. Suena como si ayer Edgar Froese  lo hubiera estado concibiendo. Los alemanes fueron unas de las bandas de Krautrock emblemáticas de la primera mitad de los años setenta. Y evidencia el nivel conceptualización a los puede llegar la música popular cuando tiene su origen en sociedades extensamente ilustradas.

En una entrevista le preguntan a Froese lo siguiente: Sabemos que usted es una persona muy filosófica, ¿cómo usted utiliza su música para revelar ese interés por la filosofía? ¿Qué temas le importan de la filosofía?

La filosofía es más una prioridad para mí más que la música, porque la música simplemente refleja todo su ser. Es su ser, es su forma de pensar, es tu conciencia o la excavación en el inconsciente - que se convierte cada vez más importante en su vida. Todo lo demás que haces es simplemente un resultado de la misma. Y así, la música es una forma de enviar mensajes acerca de su propio estado de conciencia. Un artista siempre envía mensajes ya sea que esté escribiendo o pintura o cualquier forma de arte que utiliza para expresarse. Todo lo que una persona hace, necesariamente, refleja su estado de ánimo. Eso es muy lógico. Pero la música no es sólo para el negocio de la música o para entretener a la gente. La música  envía una especie de mensaje que no es para una persona específica o para un grupo de personas. La música  es para todos; es el reflejo y la reacción  de emociones, de experiencias intelectuales o también sólo se escucha música sin ninguna idea preconcebida. En este última caso, hay pros y contras. Es decir, escuchar música sin conciencia de los prejuicios musicales.  
Pues bien escuchemos íntegramente Phaedra, una de las mayores muestras de krautrock y sin duda una de los grandes discos de la década del setenta.