Releo a Leopardi. Es un habito que me acompaña desde hace mucho, mucho tiempo. Leopardi murió a los 37 años. Su corazón dejó de latir. ¿Así sonará el corazón antes del fin?
Asi mismo
Descansarás por siempre,
cansado corazón. Murió el engaño
que eterno yo creí. Murió. Bien siento
que de amados engaños,
no sólo la esperanza, el ansia ha muerto.
Reposa ya. Bastante
palpitaste. No valen cosa alguna
tus afanes, ni es digna de suspiros
la tierra. Aburrimiento
es tan sólo la vida, y fango el mundo.
Cálmate. Desespera
por una vez. A nuestra especie el hado
sólo nos dio el morir. Desprecia ahora
a Natura, al indigno
poder que, oculto, impera sobre el daño,
y la infinita vanidad del todo.
Giacomo Leopardi
Escucho a Arvo Pärt. Fratres, pero en vez de violonchelo, esta vez con violín. Estalla en violín y el piano, escribe el latido del corazón después de su cambio de tiempo. Ese el latido de mi corazón. ¿Así sonará cuando nadie lo ve? ¿Cuánto del devenir del corazón hay en Fratres de Arvo Pärt?...
Pero yo no siento como Leopardi. Me emociona su poema, pero yo estoy abierto a universo. Me he criado en la certeza que va de Copérnico a Freud. Mi humanidad se recupera. Ahora, axial, en el anhelo del 2100, que deseo ver. Si ese el fin, yo quiero ver el fin. Nada me da miedo.
Pienso en el nombre de mi artesano mayor. Recuerdo el encuentro con los Diálogos, comprados en una librería de libros usados, cuando Lima se caía en el infierno de la violencia de nuestra guerra civil, la guerra que llevaré a cuestas hasta el último día. La lectura de los Diálogos me llevó a las Cantos, acaso una de las mayores muestras de poesía italiana y, en algunos momentos, una de las cimas de la poesía universal. Con Leopardi podría descifrar varios misterios, pero sobre todo el misterio de mi propia sensibilidad. La poesía de Leopardi forma parte de mi ADN sentimental. Aun cuando no lo lea hace buen tiempo, se que está dentro de mi, como un bloque constructor que llegó a configurarse en la primera juventud.
En Italia, la poesía de Leopardi es leída y muy conocida. Quizás no tenga las mismas connotaciones culturales leer a Leopardi en Sudamérica que en Italia. Pero adquiere una dimensión interesante. No sólo por saber literario, ni placer libresco, Sino porque en cualquier contexto se puede percibir las grandes líneas de la estética leopardiana: la experiencia de lo sublime, la experiencia de la fragilidad y el apego a la ínsula extraña, a eso que llamamos hogar. Tres poemas de Leopardi son los más conocidos. Siempre es bueno leerlo, incluso después de la media noche.
A si mismo (traducción / traición)
Descansarás por siempre,
cansado corazón. Murió el engaño que eterno yo creí. Murió. Bien siento que de amados engaños, no sólo la esperanza, el ansia ha muerto. Reposa ya. Bastante palpitaste. No valen cosa alguna tus afanes, ni es digna de suspiros la tierra. Aburrimiento es tan sólo la vida, y fango el mundo. Cálmate. Desespera por una vez. A nuestra especie el hado sólo nos dio el morir. Desprecia ahora a Natura, al indigno poder que, oculto, impera sobre el daño, y la infinita vanidad del todo.
El Infinito / traducción traición
Siempre amé esta colina,
y este cerco que la vista me impide ver
más allá de su horizonte.
Mirando los interminables espacios de allá a lo lejos,
los silencios sobrehumanos y su profunda quietud,
yo estoy con mis pensamientos,
aunque mi corazón no se asusta.
Escucho los susurros del viento detrás de las plantas,
y en el infinito silencio mido mi voz:
y me subyuga lo eterno, y las estaciones muertas,
y el presente real y el sonido de todos ellos.
Así a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento: