Música Principia

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos...”. E. M. Cioran, Silogismos de la amargura.

"Por la música, misteriosa forma del tiempo". Borges, El otro poema de los dones.

jueves, 18 de agosto de 2016

El maestro Erich Kleiber y el pequeño Pedro Pablo Kuczynski: fragmentos de un recuerdo

PPK de niño

Erich Kleiber (1890-1957)

Ercih Kleiber (1890-1957) fue uno de los directores fundamentales de la primera mitad del siglo XX. Padre de eminente Carlos Kleiber, Erich dejó su natal Austria cuando Hitler amenazaba toda la vida decente de centro Europa en la década de los treinta, para afincarse en Argentina. Una vez nacionalizado argentino, Erich Kleiber llevó una vida musical importante en nuestra Sudamérica, viajando repetidamente a Perú entre 1939 y 1943, dirigiendo varios conciertos con la muy correcta Orquesta Sinfónica Nacional del Perú. 

Leyendo Nuestros ritmos y sonidos: la música clásica en el Perú del maestro Armando Sanchez Málaga, nos encontramos con fragmentos de cartas de Erich Kleiber escritas a su esposa en diciembre de 1939. En ellas se muestran fragmentos de la relación amical que el famoso director de orquesta tuvo con la familia del actual presidente del Perú. Así el martes 2 de diciembre de 1939 le escribe a su mujer lo siguiente: "Bueno, acabo de volver del concierto, que salió espléndidamente. Después fui al restaurante chino con Luis Dammert y los Kuczynski. Mañana, ocho horas de ensayo por sectores".¿ A quién se refiere el célebre maestro austriaco? Sin duda a Maxime Kuczynski (médico y profesor universitario) y a Madeleine Godard (maestra de piano), los padres del actual presidente peruano. Ambos melómanos y activos en el mundo de la cultura de ese entonces. 

Luego, en otra carta fechada el 9 de diciembre de 1939, Kleiber le escribe a su esposa lo siguiente: "Aqui se habla un maravilloso español, ¿sabes? Muy puro y todos se ríen del criollo argentino. Ayer hice una ascensión a la montaña con los Kuczynski hasta los 4,800 metros, caminando al pie del glaciar (que llega a los 6000 metros) y me sentí medio mareado, pero la vista era maravillosa". Sin duda, una relación de amplia cercanía entre los padres de nuestro primer mandatario y el reconocido director. 

Un dato que llama la atención es cuando el gran maestro austriaco menciona, sin nombrarlo, a nuestro futuro presidente. Así,  en una epístola del 24 de diciembre del mismo año, se puede leer: " !Navidad muy triste¡ Fui a la ciudad y compré un osito y una gran pelota para el chico de los Kuczynski, pero cuando vi su árbol de Navidad todo iluminado, no pude soportarlo y me escapé hacia el borde del mar y comí sólo en la pensión". 

¿Quién es el "chico de los Kuczynski"? Sin duda, Pedro Pablo. En ese momento, era un infante que difícilmente recordaría del célebre invitado  en casa. Esas eran las vinculaciones familiares de nuestro actual presidente. ¡Qué interesante!

Gran versión de la séptima de Beethoven. Curiosamente, el 5 de diciembre de 1939, Kleiber dirigió esta sinfonía  a la OSN. Los Kuczynski, ¿habrán estado? 


lunes, 28 de marzo de 2016

Razón de ser, razón de amar, razón de vivir




El 9 de diciembre de 2015, escribí por última vez en Melomanía. Como dije en aquella oportunidad, las circunstancias que le habían dado origen y continuidad a mi blog, habían cambiado mucho con el paso de tiempo. Ya no era el mismo hombre que escribió tanto de lo que escribió por años.

Hoy que vuelvo a hacerlo, me reafirmo en la decisión de haber puesto punto final a Melomanía y otros estados sensoriales. Sin embargo, quiero terminar este periodo de mi vida mental compartiendo un texto final que, al mismo tiempo, será el inicio de los nuevos caminos por donde mi educación sentimental me conduzca. 

Razón de ser, razón de amar, razón de vivir

para Claudia, por la razones que sólo tu sabes y sabrás bien. 

Mi ser está presente en mi devenir. Yo soy el que está viviendo desde hace 46 años. Yo soy ese tiempo que transcurre de vida. Mi ser es mi tiempo. He transcurrido todos los días, desde aquel día en que nací. Sin embargo, aun cuando haya vivido todo lo que he vivido, la razón de ser, mi razón de ser, no está garantizada por el mero hecho de vivir desde que nací. Falta algo para que el ser, tenga razón de ser. 

Y ese ser, adquiere razón de ser, por el amor. 

Mi primer amor, vino de la naturaleza. Vino de mis padres que me engendraron con amor y me cuidaron con amor. Sus palabras de amor y sus actos de amor, me hicieron caminar, hablar, crecer. Y en aquel recibir tanto de ellos ( de Papá y de Mamá), mi corazón se hizo fuerte, se lleno de amor propio; amor propio que nunca - a pesar de los momentos graves- me  ha abandonado. Porque hay una voz interior que me dice: "hijo, tu eres más". Esa voz me la insertaron desde pequeñito mi mamá y mi papá. 

Mi segundo amor también vino de la naturaleza. Vino de mi hija y de mi hijo. Engendrados, fueron cuidados con un amor enorme. Esta querencia me hizo enseñarles a caminar, a hablar, a crecer. De ellos aprendí el sentido del sacrificio, del esfuerzo mayúsculo; también aprendí a gozar en la entrega, a disfrutar dando. Y en los momentos graves de mi vida, fueron sus presencias las que me impulsaron a la vida, derrotando las formas más diversas de la muerte. De algún modo, fueron sus voces las que me dicen: "papá, tu puedes más". 

Mi tercer amor vino de una decisión de amor. Vino después de que la vida me había golpeado de un modo inusitadamente fuerte. A pesar de las secuelas que nos deja la experiencia del desamor, la voz interior que me dice "hijo, tu eres más" y "papá, tu puedes más", me llenó de valor para elevarme sobre mi propio desconsuelo. Y así, con alas y raíces, divisé el horizonte y elevé mi mirada más allá del bosque de edificios que se yergue delante de mi. 

Esta es la historia de la decisión del amor. 

Frente de mi, por años, a unos metros, estabas tu. Espontáneamente, el camino, el trascurrir, que va desde lo cortés hacia el querer, se fue dando de un modo indeterminado, sin plan ni estrategia. Sólo sé que llegó un momento en que tu amor se me presentó a un metro de distancia, en la misma mesa y tu amor y yo empezamos a conversar. Tiempo. 

Mi mano tocó tu mano, Y mis brazos tomaron tus hombros. Caminamos tranquilamente en la noche de primavera que poco a poco se transformó en días, tardes y otras noches de primavera y de verano. Así, te vi y me viste. Supe que nadie en el mundo me había visto de ese modo. Me sumergí en tu mirada y pude viajar hacia el momento original de todos mis ancestros. Entendí porque las flores se habían cosechado para las mujeres de todos los hombres. Comprendí porque los enamorados le cantan al amor y bailan devocionalmente hacia el absoluto, aunque sólo sea una fugaz conjetura. Supe porque los sencillos son bienaventurados sólo por serlo. Y percibí que te alegraba mi susurro en tus oídos, que te alegraba que tuviera mis dos manos para tus dos manos, que te hacía feliz que bese el interior de tu exterior. Y entendí que el amor no precisa del dolor para ser  amor. Y que el dolor está sólo en el mundo y se desvanece cuando una mujer en tu forma de mujer se acerca con un plato de puré con pollo a la plancha y te dice: "ya está servido, amor". Entendí que en el vasto universo alguien me había esperado en la puerta del paraíso, por un tiempo que no se podrá precisar en términos humanos y que sólo los que tienen corazón lo podrían entender. 

Así, el día ocupó el lugar de la noche. Incluso, la noche te transformó en día a pesar de ser seguir siendo noche. Pudo mi corazón abrazar a mi cerebro por primera vez. Mi piel dejó de ser mi piel en un tejido de 750000 años de fe. La alegría no le quitó su lugar a nadie, más bien, abrazó a todos mis amores y los unió en sólo espacio por primera vez. 

Todo esto fue posible porque te dije lo que debía decirte a ti, sólo a ti. Y tu, supiste bien de qué se trataba todo esto. Por eso mi mujer, mi arcoiris, habrá tanto qué cosechar, verdaderamente. Mi razón de vivir. 


miércoles, 9 de diciembre de 2015

El adios de Melomanía y su eterno retorno



Empecé este blog en febrero de 2007, cuando aun tenía 36 años y muchos aspectos de mi vida eran diferentes a las actuales circunstancias que vivo. Sin haberme propuesto inicialmente la duración de Melomanía, puedo observar que mi blog ha recibido cerca de un millón de visitas en casi una década. Además, he perdido la cuenta de los post que fui haciendo a lo largo de todos estos años. Sin embargo, a pesar de la diversidad de temas y las similitudes que puedo encontrar entre algunos de ellos, puedo percibir el paso de algo esencial: el devenir de mi propia educación sensorial y sentimental. A veces, dicha formación más vinculada a mis intereses académicos. Otras,  más relacionadas a mis vivencias. Y esto es lo que me conmueve de Melomanía. De alguna forma, mi blog, es el recuento testimonial  del proceso evolutivo de una conciencia que desde siempre ha estado deslumbradora por la música y que se ha servido de ésta para poder entenderse a si misma. 

Viendo a la distancia y percibiendo cambios cada vez más notables en mi vida, me cuesta mucho seguir alimentando a Melomanía. Y no porque considere que ya no tenga nada qué decir sobre la música. Sucede que el modo con el que me ido relacionando con el arte sonoro y con la vida, ha variado dramáticamente desde 2007. No soy otra persona. Pero otras cosas le han pasado a esa persona. 

La vida es muy hermosa. De eso estoy seguro. Me ha dado dos maravillosos hijos que han seguido creciendo (mi foto con ellos pequeños sigue ahí) y que son, sin duda, lo mejor que hice en mi vida. Además, he tenido, por fortuna, compañeros y compañeras de ruta; personas que más allá de sus características, me permitieron con, su vida, hacerme comprender la mía. Ciertamente, algunas personas (como nos puede pasar) me decepcionaron enormemente y, otras,  felizmente, se han constituido en bellas sorpresas que la existencia me tenía guardadas. Y gracias a Dios, a estas alturas de mi vida, he encontrado en ti, compañera de mi futuro, el derrotero hacia adelante. Tu sabes....

Pero más allá de otras consideraciones, la música ha seguido siendo mi gran compañera. Me ha dado un tipo de compañía que nunca me ha defraudado porque se alimenta, en términos términos narcisistas, de mi propia vocación intelectual y sensorial. Pues, mientras más han crecido mis gustos, más han crecido mis intereses. Y puedo darme cuenta que entiendo un poco más de música que hace diez años. Melomanía me ha permitido crecer. 

Pero todo tiene su final. Y Melomanía debe terminar. Debe terminar porque mi vida es otra y nuevos horizontes aparecen. Debe terminar porque necesito dejar de lado muchas cosas que fueron alimentando la actitud de este blog. Melomanía me dejo crecer, pero ahora necesito crecer sin Melomanía. 

Eso no quiere decir que deje de escribir en mi blog. Sólo que ya no lo haré siquiera de manera temporal, salvo que desee compartir con ustedes algo que piense que es imperioso. 

Ahora que escribo estas líneas, siento algo de pena. Es inevitable. En algunos años llegué a postear hasta tres o cuatro veces por semana. Y, más allá de mis demás actividades, escribir en Melomanía llegó a ser parte de mi propia vida y rutina. Pero ya está. Se acaba este periodo y hay que ir para adelante. 

Como ejercicio final quiero compartir las diez obras que están más presentes en mi educación sonora y que considero esenciales para mi. Mi lista final es esta, sin orden: 

1. Sinfonía Resurrección de Gustav Mahler



2. Quinteto para piano y cuerdas Op 34 de Johannes Brahms



3. Sinfonía 7 de op 92 de Ludwig Van Beethoven



4. El arte de la Fuga. Johann Sebastian Bach



5.  Sinfonía 8 "Inacabada" de Franz Schubert



6. Quinteto para piano y cuerdas de César Franck

 

7. Trio para piano, violín y violonchelo op 49 de Felix Mendelssohn



8. Concierto para piano y orquesta número 23 KV 488 de W. A. Mozart



9. Delirio Amoroso de G. F. Händel



10. Stabat Mater de Arvo Pärt

lunes, 30 de noviembre de 2015

La música por Blas de Otero

Blas de Otero


Blas de Otero (1916- 1979) es uno de aquellos poetas que muy pocos leen. Y,  sin embargo,  debería ser leído como Dios manda. Sobre todo por la honestidad de su escritura y al retórica exacta de verso cortado y directo, sin perder la dimensión simbólica. 

Este es poema en el que Blas de Otero le canta a la música. Siguiendo el tópico que estas últimas semanas ha estado siguiendo Melomanía en este periodo de cambios. 

Musica Tuya 

¿Es verdad que te gusta verte hundida
en el mar de la música; dejarte
llevar por esas alas, abismarte
en esa luz tan honda y escondida?

Si no es así, no ames más; dame tu vida,
que ella es la esencia y el clamor del arte;
herida estás de Dios de parte a parte,
y yo quiero escuchar solo esa herida.

Mares, alas, intensas luces libres,
sonarán en mi alma cuando vibres,
ciega de amor, tañida entre mis brazos.

Y yo sabré la música ardorosa
de unas alas de Dios, de una luz rosa,
de un mar total con olas como abrazos.


jueves, 5 de noviembre de 2015

La música por Rilke



No son tantos los poemas, los buenos poemas, que se han escrito a la música. Rilke, felizmente, nos dejó uno de los mejores poemas que se han escrito sobre nuestro arte esencial y que nos une como melómanos. 

En este tiempo de cambios para Melomanía, quiero compartir este poema que hace poco pude leer y que considero que puede generar más ilusiones que muchos de los poemas que hemos consignado a lo largo de todos estos años.

La música
Rainer María Rilke

¿Qué, tocas tú, muchacho? Iba por los jardines
igual que muchos pasos, que órdenes susurradas.
¿Qué tocas tú, muchacho? Mira, tu alma
se ha enredado en los tubos de la flauta.

¿Por qué la atraes? Es el son como una cárcel,
en que se desperdicia y se equivoca;
fuerte es tu vida, pero tu canción es más fuerte.
reclinada en tu anhelo sollozando.

Dale un silencio, que, callada, el alma
regrese en tu fluyente y en lo mucho,
en que vivió, creciendo, sabia y lejos,
antes que le metieras en tu suave tocar.

Cómo mueve sus alas ya más lánguida;
así disiparás su vuelo, soñador,
hasta que su ala, por el cántico hechizada.
no la lleve más sobre mis paredes,
cuando la llame yo para gozar.

El libro de las imágenes (1902-1906)

Las Variaciones Enigma de Elgar a modo de conclusión del poema rilkeano. Ayuda a sentir mejor la hondura del texto. 

miércoles, 28 de octubre de 2015

ENCUENTRO CON LOS ARTISTAS DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Capilla Sixtina
Sábado 21 de noviembre de 2009


Señores cardenales;
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres artistas;
señoras y señores:

Con gran alegría os acojo en este lugar solemne y rico de arte y de recuerdos. A todos y cada uno dirijo mi cordial saludo, y os agradezco que hayáis aceptado mi invitación. Con este encuentro deseo expresar y renovar la amistad de la Iglesia con el mundo del arte, una amistad consolidada en el tiempo, puesto que el cristianismo, desde sus orígenes, ha comprendido bien el valor de las artes y ha utilizado sabiamente sus multiformes lenguajes para comunicar su mensaje inmutable de salvación. Es preciso promover y sostener continuamente esta amistad, para que sea auténtica y fecunda, adecuada a los tiempos y tenga en cuenta las situaciones y los cambios sociales y culturales. Este es el motivo de nuestra cita. Agradezco de corazón a monseñor Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo pontificio para la cultura y de la Comisión pontificia para los bienes culturales de la Iglesia, que lo haya promovido y preparado, junto con sus colaboradores, y le agradezco también las palabras que me acaba de dirigir. Saludo a los señores cardenales, a los obispos, a los sacerdotes y a las ilustres personalidades presentes. Doy las gracias también a la Capilla musical pontificia Sixtina que acompaña este significativo momento. Los protagonistas de este encuentro sois vosotros, queridos e ilustres artistas, pertenecientes a países, culturas y religiones distintas, quizá también alejados de las experiencias religiosas, pero deseosos de mantener viva una comunicación con la Iglesia católica y de no reducir los horizontes de la existencia a la mera materialidad, a una visión limitada y banal. Vosotros representáis al variado mundo de las artes y, precisamente por esto, a través de vosotros quiero hacer llegar a todos los artistas mi invitación a la amistad, al diálogo y a la colaboración.

Algunas circunstancias significativas enriquecen este momento. Recordamos el décimo aniversario de la Carta a los artistas de mi venerado predecesor, el siervo de Dios Juan Pablo II. Por primera vez, en la víspera del gran jubileo del año 2000, este Romano Pontífice, también él artista, escribió directamente a los artistas con la solemnidad de un documento papal y el tono amistoso de una conversación entre "los que —como reza el encabezamiento— con apasionada entrega buscan nuevas "epifanías" de la belleza". El mismo Papa, hace veinticinco años, había proclamado patrono de los artistas al beato Angélico, presentándolo como un modelo de perfecta sintonía entre fe y arte. Pienso también en el 7 de mayo de 1964, hace cuarenta y cinco años, cuando en este mismo lugar se realizaba un acontecimiento histórico, que el Papa Pablo VI deseó intensamente para reafirmar la amistad entre la Iglesia y las artes. Las palabras que pronunció en aquella circunstancia siguen resonando hoy bajo la bóveda de esta Capilla Sixtina, tocando el corazón y el intelecto. "Os necesitamos —dijo—. Nuestro ministerio necesita vuestra colaboración. Porque, como sabéis, nuestro ministerio es predicar y hacer accesible y comprensible, más aún, conmovedor, el mundo del espíritu, de lo invisible, de lo inefable, de Dios. Y en esta operación... vosotros sois maestros. Es vuestro oficio, vuestra misión; y vuestro arte consiste en descubrir los tesoros del cielo del espíritu y revestirlos de palabra, de colores, de formas, de accesibilidad" (Insegnamenti II, [1964], 313). La estima de Pablo VI por los artistas era tan grande que lo impulsó a formular expresiones realmente atrevidas: "Si nos faltara vuestra ayuda —proseguía—, el ministerio sería balbuciente e inseguro y necesitaría hacer un esfuerzo, diríamos, para ser él mismo artístico, es más, para ser profético. Para alcanzar la fuerza de expresión lírica de la belleza intuitiva, necesitaría hacer coincidir el sacerdocio con el arte" (ib., 314). En esa circunstancia, Pablo VI asumió el compromiso de "restablecer la amistad entre la Iglesia y los artistas", y les pidió que aceptaran y compartieran ese compromiso, analizando con seriedad y objetividad los motivos que habían turbado esa relación, y asumiendo cada uno, con valentía y pasión, la responsabilidad de un renovado itinerario de conocimiento y de diálogo, profundo, con vistas a un auténtico "renacimiento" del arte, en el contexto de un nuevo humanismo.

Ese histórico encuentro, como decía, tuvo lugar aquí, en este santuario de fe y de creatividad humana. Por lo tanto, no es una casualidad que nos encontremos precisamente en este lugar, precioso por su arquitectura y por sus dimensiones simbólicas, pero más aún por los frescos que lo hacen inconfundible, comenzando por las obras maestras de Perugino y Botticelli, Ghirlandaio y Cosimo Rosselli, Luca Signorelli y otros, hasta llegar a las Historias del Génesis y al Juicio universal, obras excelsas de Miguel Ángel Buonarroti, que dejó aquí una de las creaciones más extraordinarias de toda la historia del arte. También aquí ha resonado a menudo el lenguaje universal de la música, gracias al genio de grandes músicos, que pusieron su arte al servicio de la liturgia, ayudando al alma a elevarse a Dios. Al mismo tiempo, la Capilla Sixtina es un cofre singular de recuerdos, ya que constituye el escenario, solemne y austero, de acontecimientos que marcan la historia de la Iglesia y de la humanidad. Aquí como sabéis, el Colegio de los cardenales elige al Papa; aquí viví también yo, con trepidación y confianza absoluta en el Señor, el inolvidable momento de mi elección como Sucesor del Apóstol Pedro.

Queridos amigos, dejemos que estos frescos nos hablen hoy, atrayéndonos hacia la meta última de la historia humana. El Juicio universal, que podéis ver majestuoso a mis espaldas, recuerda que la historia de la humanidad es movimiento y ascensión, es tensión inexhausta hacia la plenitud, hacia la felicidad última, hacia un horizonte que siempre supera el presente mientras lo cruza. Pero con su dramatismo, este fresco también nos pone a la vista el peligro de la caída definitiva del hombre, una amenaza que se cierne sobre la humanidad cuando se deja seducir por las fuerzas del mal. El fresco lanza un fuerte grito profético contra el mal, contra toda forma de injusticia. Sin embargo, para los creyentes Cristo resucitado es el camino, la verdad y la vida; para quien lo sigue fielmente es la puerta que introduce en el "cara a cara", en la visión de Dios de la que brota ya sin limitaciones la felicidad plena y definitiva. Miguel Ángel ofrece así a nuestra vista el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin de la historia, y nos invita a recorrer con alegría, valentía y esperanza el itinerario de la vida. Así pues, la dramática belleza de la pintura de Miguel Ángel, con sus colores y sus formas, se hace anuncio de esperanza, invitación apremiante a elevar la mirada hacia el horizonte último. El vínculo profundo entre belleza y esperanza constituía también el núcleo fundamental del sugestivo Mensaje que Pablo VI dirigió a los artistas al clausurar el concilio ecuménico Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965: "A todos vosotros —proclamó solemnemente— la Iglesia del Concilio dice por nuestra voz: si sois los amigos del arte verdadero, vosotros sois nuestros amigos" (Concilio Vaticano II. Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC 1968, p. 841). Y añadió: "Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es lo que pone la alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración. Y todo ello por vuestras manos... Recordad que sois los guardianes de la belleza en el mundo" (ib.).

Lamentablemente, el momento actual no sólo está marcado por fenómenos negativos a nivel social y económico, sino también por una esperanza cada vez más débil, por cierta desconfianza en las relaciones humanas, de manera que aumentan los signos de resignación, de agresividad y de desesperación. Además, el mundo en que vivimos corre el riesgo de cambiar su rostro a causa de la acción no siempre sensata del hombre, que, en lugar de cultivar su belleza, explota sin conciencia los recursos del planeta en beneficio de pocos y a menudo daña sus maravillas naturales. ¿Qué puede volver a dar entusiasmo y confianza, qué puede alentar al espíritu humano a encontrar de nuevo el camino, a levantar la mirada hacia el horizonte, a soñar con una vida digna de su vocación, sino la belleza? Vosotros, queridos artistas, sabéis bien que la experiencia de la belleza, de la belleza auténtica, no efímera ni superficial, no es algo accesorio o secundario en la búsqueda del sentido y de la felicidad, porque esa experiencia no aleja de la realidad, sino, al contrario, lleva a una confrontación abierta con la vida diaria, para liberarla de la oscuridad y trasfigurarla, a fin de hacerla luminosa y bella.

Una función esencial de la verdadera belleza, que ya puso de relieve Platón, consiste en dar al hombre una saludable "sacudida", que lo hace salir de sí mismo, lo arranca de la resignación, del acomodamiento del día a día e incluso lo hace sufrir, como un dardo que lo hiere, pero precisamente de este modo lo "despierta" y le vuelve a abrir los ojos del corazón y de la mente, dándole alas e impulsándolo hacia lo alto. La expresión de Dostoievski que voy a citar es sin duda atrevida y paradójica, pero invita a reflexionar: "La humanidad puede vivir —dice— sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero nunca podría vivir sin la belleza, porque ya no habría motivo para estar en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí". En la misma línea dice el pintor Georges Braque: "El arte está hecho para turbar, mientras que la ciencia tranquiliza". La belleza impresiona, pero precisamente así recuerda al hombre su destino último, lo pone de nuevo en marcha, lo llena de nueva esperanza, le da la valentía para vivir a fondo el don único de la existencia. La búsqueda de la belleza de la que hablo, evidentemente no consiste en una fuga hacia lo irracional o en el mero estetismo.

Con demasiada frecuencia, sin embargo, la belleza que se promociona es ilusoria y falaz, superficial y deslumbrante hasta el aturdimiento y, en lugar de hacer que los hombres salgan de sí mismos y se abran a horizontes de verdadera libertad atrayéndolos hacia lo alto, los encierra en sí mismos y los hace todavía más esclavos, privados de esperanza y de alegría. Se trata de una belleza seductora pero hipócrita, que vuelve a despertar el afán, la voluntad de poder, de poseer, de dominar al otro, y que se trasforma, muy pronto, en lo contrario, asumiendo los rostros de la obscenidad, de la trasgresión o de la provocación fin en sí misma. La belleza auténtica, en cambio, abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el Otro, hacia el más allá. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de captar el sentido profundo de nuestra existencia, el Misterio del que formamos parte y que nos puede dar la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso diario. Juan Pablo II, en la Carta a los artistas, cita al respecto este verso de un poeta polaco, Cyprian Norwid: "La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo; el trabajo, para resurgir" (n. 3). Y más adelante añade: "En cuanto búsqueda de la belleza, fruto de una imaginación que va más allá de lo cotidiano, es por su naturaleza una especie de llamada al Misterio. Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace, de algún modo, voz de la expectativa universal de redención" (n. 10). Y en la conclusión afirma: "La belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente" (n. 16).

Estas últimas expresiones nos impulsan a dar un paso adelante en nuestra reflexión. La belleza, desde la que se manifiesta en el cosmos y en la naturaleza hasta la que se expresa mediante las creaciones artísticas, precisamente por su característica de abrir y ensanchar los horizontes de la conciencia humana, de remitirla más allá de sí misma, de hacer que se asome a la inmensidad del Infinito, puede convertirse en un camino hacia lo trascendente, hacia el Misterio último, hacia Dios. El arte, en todas sus expresiones, cuando se confronta con los grandes interrogantes de la existencia, con los temas fundamentales de los que deriva el sentido de la vida, puede asumir un valor religioso y transformarse en un camino de profunda reflexión interior y de espiritualidad. Una prueba de esta afinidad, de esta sintonía entre el camino de fe y el itinerario artístico, es el número incalculable de obras de arte que tienen como protagonistas a los personajes, las historias, los símbolos de esa inmensa reserva de "figuras" —en sentido lato— que es la Biblia, la Sagrada Escritura. Las grandes narraciones bíblicas, los temas, las imágenes, las parábolas han inspirado innumerables obras maestras en todos los sectores de las artes, y han hablado al corazón de todas las generaciones de creyentes mediante las obras de la artesanía y del arte local, no menos elocuentes y cautivadoras.

A este propósito se habla de una via pulchritudinis, un camino de la belleza que constituye al mismo tiempo un recorrido artístico, estético, y un itinerario de fe, de búsqueda teológica. El teólogo Hans Urs von Balthasar abre su gran obra titulada "Gloria. Una estética teológica" con estas sugestivas expresiones: "Nuestra palabra inicial se llama belleza. La belleza es la última palabra a la que puede llegar el intelecto reflexivo, ya que es la aureola de resplandor imborrable que rodea a la estrella de la verdad y del bien, y su indisociable unión" (Gloria. Una estética teológica, Ediciones Encuentro, Madrid 1985, p. 22) . Observa también: "Es la belleza desinteresada sin la cual no sabía entenderse a sí mismo el mundo antiguo, pero que se ha despedido sigilosamente y de puntillas del mundo moderno de los intereses, abandonándolo a su avidez y a su tristeza. Es la belleza que tampoco es ya apreciada ni protegida por la religión" (ib.). Y concluye: "De aquel cuyo semblante se crispa ante la sola mención de su nombre —pues para él la belleza sólo es chuchería exótica del pasado burgués— podemos asegurar que, abierta o tácitamente, ya no es capaz de rezar y, pronto, ni siquiera será capaz de amar" (ib.). Por lo tanto, el camino de la belleza nos lleva a reconocer el Todo en el fragmento, el Infinito en lo finito, a Dios en la historia de la humanidad.

Simone Weil escribía al respecto: "En todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de la belleza está realmente la presencia de Dios. Existe casi una especie de encarnación de Dios en el mundo, cuyo signo es la belleza. Lo bello es la prueba experimental de que la encarnación es posible. Por esto todo arte de primer orden es, por su esencia, religioso". La afirmación de Hermann Hesse es todavía más icástica: "Arte significa: dentro de cada cosa mostrar a Dios". Haciéndose eco de las palabras del Papa Pablo VI, el siervo de Dios Juan Pablo II reafirmó el deseo de la Iglesia de renovar el diálogo y la colaboración con los artistas: "Para transmitir el mensaje que Cristo le ha encomendado, la Iglesia necesita del arte" (Carta a los artistas, 12); pero preguntaba a continuación: "¿El arte tiene necesidad de la Iglesia?", invitando de este modo a los artistas a volver a encontrar en la experiencia religiosa, en la revelación cristiana y en el "gran código" que es la Biblia una fuente renovada y motivada de inspiración.

Queridos artistas, ya para concluir, también yo quiero dirigiros, como mi predecesor, un llamamiento cordial, amistoso y apasionado. Vosotros sois los guardianes de la belleza; gracias a vuestro talento, tenéis la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ensanchar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. Por eso, sed agradecidos por los dones recibidos y plenamente conscientes de la gran responsabilidad de comunicar la belleza, de hacer comunicar en la belleza y mediante la belleza. Sed también vosotros, mediante vuestro arte, anunciadores y testigos de esperanza para la humanidad. Y no tengáis miedo de confrontaros con la fuente primera y última de la belleza, de dialogar con los creyentes, con quienes como vosotros se sienten peregrinos en el mundo y en la historia hacia la Belleza infinita. La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestro arte, más aún, los exalta y los alimenta, los alienta a cruzar el umbral y a contemplar con mirada fascinada y conmovida la meta última y definitiva, el sol sin ocaso que ilumina y embellece el presente.


San Agustín, cantor enamorado de la belleza, reflexionando sobre el destino último del hombre y casi comentando ante litteram la escena del Juicio que hoy tenéis delante de vuestros ojos, escribía: "Gozaremos, por tanto, hermanos, de una visión que los ojos nunca contemplaron, que los oídos nunca oyeron, que la fantasía nunca imaginó: una visión que supera todas las bellezas terrenas, la del oro, la de la plata, la de los bosques y los campos, la del mar y el cielo, la del sol y la luna, la de las estrellas y los ángeles; la razón es la siguiente: que esta es la fuente de todas las demás bellezas" (In Ep. Jo. Tr. 4, 5: PL 35, 2008). Queridos artistas, os deseo a todos que llevéis en vuestros ojos, en vuestras manos, en vuestro corazón esta visión, para que os dé alegría e inspire siempre vuestras obras bellas. A la vez que os bendigo de corazón, os saludo, como ya hizo Pablo VI, con una sola palabra: ¡Hasta la vista!

jueves, 22 de octubre de 2015

A la memoria de un hombre: impresiones sobre la Heroica

Napoleón por David
Es tan sabida la historia de la "Heroica" de Beethoven que resulta ofensivo volver a describirla. Sólo nos queda pensar en el proyecto de Napoleón: tratar de generalizar las ideas políticas de la Ilustración a un nivel continental. Modernizar un mundo que necesitaba ser transformado. El viejo orden estamental debería ser derribado a toda costa. 

Más allá de la intensiones de Beethoven, la Sinfonía "Heroica" es -probablemente- su primera obra de gran magnitud. Desde ahí, casi todo lo que hiciera el genio de Bonn sería impresionante y único. Y pienso que tiene que ver con la magnitud de lo que se estaba viviendo vertiginosamente desde 1789. Desde la Toma de la Bastilla, hasta la coronación de Napoleón han pasado sólo 14 años. Incluido el Gobierno del Terror y los golpes de Termidor y del Brumario. Sucesos de revolución incesante. 

Beethoven asistió a todo el proceso, fue contemporáneo de una de las mayores transformaciones del mundo moderno: el nacimiento de ciudad secular.

La "Heroica" es una obra de dramatismo político. Una composición de dimensiones estremecedoras. Sólo basta volver escuchar el segundo movimiento: marcia fúnebre (adagio assai). Si hoy pueden escuchar toda la Heroica, presten atención al movimiento propuesto. No hay mejor manera de comprender los inicios sonoros del siglo XIX. ¿Qué reacciones generaría en su época? Sin  duda las más extremas.