jueves 24 de diciembre de 2009

Ave verum corpus

Se presume que fue escrito por el Papa Inocencio VI (pontificado desde1352 hasta 1362). Durante la Edad Media fue usado en la consagración de la Hostia. Sin duda, es el himno eucarístico más célebre de las antiguas y luminosas liturgias. Dada la injuria de los tiempos, donde la Navidad se ha tornado en fiesta pagana, es tan necesario regresar a las bases de la experiencia de fe. Curiosamente, creer en nuestros días se ha transformado en un acto de rebeldía. Y quien escribe esto es, para nada, conservador.


Ave verum corpus, natum
De Maria Virgine,
Vere passum, immolatum
In cruce pro homine,
Cujus latus perforatum
Unda fluxit et sanguine,
Esto nobis praegustatum
In mortis exanime.

Traducción del latín


Salve, Cuerpo verdadero, nacido
de la Virgen María,
verdaderamente atormentado, sacrificado
en la cruz por la humanidad,
en cuyo costado perforado
fluyó agua y sangre;
esto es un anticipo
de la prueba que será para nosotros la muerte.

Ave Verum Corpus KV 618. W. A. Mozart



Ave Verum Corpus. S44. F. Liszt



Ave Verum Corpus. F. Poulenc



Ave Verum Corpus. E. Elgar

miércoles 23 de diciembre de 2009

Dvorak en Iowa

1893. Dvorak vive su experiencia americana. En los Estados Unidos concibe su obra más reconocida: La sinfonía 9 en mi menor Op 95 "Del nuevo mundo", una de las piezas sinfónicas más interpretadas de la historia de la música. Pero también creó composiciones de cámara, de las cuales, el Cuarteto en fa mayor N. 12 Op 96. B. 179, "Americano", es una de las obras más emblemáticas del repertorio camerístico. 


Interesado en los sonidos populares, Dvorak quedó fuertemente impresionado por los cánticos espirituales de los coros afroamericanos, de los que resaltó su melancolía y sentimiento. Acerca de sus obras americanas, Dvorak escribió lo siguiente: "Yo nunca hubiera podido escribir estos trabajos si yo no hubiera estado en América". En efecto, esta composición y la célebre sinfonía 9, presentan motivos del folklore norteamericano. El cuarteto americano es uno de los cuartetos que más me gustan, pues lo conozco hace muchos años. Es otra de las composiciones que ahora, al final del año, en vacaciones, estoy escuchando con detenimiento, y gozo.


El cuarteto N. 12 Op 96 en fa mayor, presenta los siguintes movimientos en forma tradicional:


Allegro ma non tropo
Lento
Molto vivace
Finale: vivace ma non troppo









lunes 21 de diciembre de 2009

Ante la muerte y la música


Este fin de semana trajo La liturgia de San Juan Crisóstomo Op 31 de Sergei Rachmaninoff, obra coral sin acompañamiento compuesta en 1910 para servicio de adoración en la Iglesia Ortodoxa, tras su experiencia americana (recuérdese que tocó dirigido por Mahler). La estructura de esta obra es la siguiente:



  • Movimiento 1: El Velikaya Ekteniya 'Gran Letanía'
  • Movimiento 2: Blagoslovi, Moya dushe, Primera Gospoda 'Antífona. Bendice al Señor, alma mía '
  • Movimiento 3: Slava Otsu - Segundo Edinorodnyy Syne "Antífona. ¡Gloria a Dios Padre "
  • Movimiento 4: Tercer Vo tvoem tsarstvii 'Antífona. En tu reino '
  • Movimiento 5: Priidite, poklonimsya 'la pequeña entrada. Vengan, adoremos "
  • Movimiento 6: gospodi, spasi blagochestivya 'Trisagio. Señor, te pedimos que seas misericordioso '
  • Movimiento 7: Augmented Sugubaya Ekteniya 'Letanía'
  • Movimiento 8: PESN Kheruvimskaya 'Himno de los Querubines "
  • Movimiento 9: Letanía Prositelnaya Ekteniya 'de súplica'
  • Movimiento 10: simvol misma. El Veruyu Credo. Creo en un Dios "
  • Movimiento 11: Milost mira 'La Plegaria Eucarística - Sanctus - Benedictus'
  • Movimiento 12: Tebe poema "Te alabamos '
  • Movimiento 13: Himno Dostoyno  'a la Madre de Dios. Es realmente cumplir para que los bendiga "
  • Oración Movimiento 14: Nash Otche «El Señor. Padre nuestro que estás en el cielo '
  • Movimiento 15: Una svyat Edin "es santo"
  • Movimiento 16: Khvalite Gospoda s nebes 'Himno de la Comunión. Alabado sea el Señor de los cielos '
  • Movimiento 17: gradyy Blagosloven "¡Bendito el '
  • Movimiento 18: Da ispolnyatsya usta nasha "Himno de Alabanza. ¡Que se llena la boca "
  • Movimiento 19: Budi imya Gospodne "Bendito sea el nombre del Señor"
  • Movimiento 20: Desestimación Otpust ''
A primera vista, se presenta como una obra de fácil asimilación (si estamos familiarizados con el lenguaje vocal sin acompañamiento). Sin embargo, hay una evidente carga cultural que puede hacer difícil su completa comprensión. Ahora entiendo por qué  Tchaikovsky y Scriabin, son los músicos rusos que más puedo entender. (obviamente que a Stravinsky y a Shostakovich también, pero son otro cantar). Pero alguna razón, están más vinculados a los otros mundos. Y eso hace que pueda hacerlos míos con más facilidad. 

Trato de generar espacios interiores para dejarme conducir por esta poderosa composición. Pues algo me dice que enormemente lograda. Además de bella en extremo.

Gran letanía. Liturgia de San Juan Crisóstomo. Sergei Rachmaninoff

viernes 18 de diciembre de 2009

Ven Espíritu Creador



Se cuenta que Juan Pablo II hizo de esta oración una de sus favoritas. Como también es sabido que el papa Wojtyła tenía como obra sinfónica favorita a la segunda sinfonía  "Resurrección" de Mahler.  Aunque no tengo las referencias exactas, intuyo por qué el venerado Juan Pablo tenía por músico fundamental al gran compositor austriaco. Es que en Mahler la música no es sólo música. Se evidencia un programa integral, quizás expuesto de una manera no muy conciente. Donde la idea de historia de la música se construye a la par de la historia de occidente, hasta el encuentro o descubrimiento de las otras historias (como un gran peregrinaje). Es sintomático el devenir desde la sinfonía "Titan" hasta el "Canto de la Tierra", la música gira alrededor de la tierra y se nutre del imaginario de oriente asumido como rasgo humanizador en término de la vida . Asimismo las conciliaciones entre lo académico (oficial) y lo popular (no oficial), entre las frases mínimas de vientos y la musculatura integral de la orquesta. Toda reconciliación, como la opción teológica del pontífice polaco. 


Las pretensiones absolutas de la obra de Mahler tienen su cima en la sinfonía 8 "La de los mil", por el millar de interpretes que precisa. No pienso detenerme en un análisis de la octava sinfonía. Pues hay innumerables estudios de la misma. Sólo quiero compartir el texto de la primera parte de este monumento sinfónico: Veni, creator spiritus, oración de la liturgia católica escrito por el teólogo alemán Rabano Mauro entre los siglos VIII y IX.


Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.


Ven, espíritu creador. Sinfonía 8 de Gustav Mahler. National Youth Orchestra of Great Britain , Dirige:  Sir Simon Rattle







miércoles 16 de diciembre de 2009

Canción de cuna para el Eterno Retoño

La ofrenda más célebre de Brahms fue dedicada al pequeño Hans, hijo recién nacido de su amiga Bertha Faber, un antiguo amor que nunca llegó a establecerse plenamente. Ambos se conocieron cuando ella, una mezzosoprano, dirigía el Coro de Mujeres de Hamburgo. Con los años, el amor juvenil se transformó en amistad profunda, al extremo que Arthur Faber - esposo de Bertha- fue quien asistió al maestro en la última noche, antes de su muerte. 


La canción de cuna o Wiegenlied, fue compuesta en 1868, sobre un texto de la tradición popular del género de "nanas" (canciones de cuna) llamado: Des Knaben Wunderhorn. El primer verso de este poema dice: Guten Abend, gute Nacht, mit Rosen bedacht, traducido a: Buenas noches, buena noche, adornada de rosas.  Tomando en cuenta todo el amor que se evidencia en la obra más conocida de Brahms,  por qué no pensar que el maestro hizo este Wiegenlied para el pequeñito que se encarnó en el devenir del universo. El poema con los errores del caso, es el siguiente:




Buenas noches, buena noche, adornada de rosas,
Envuelta en claveles…
un deslizamiento por el marco de la ventana.
Temprano mañana, si Dios quiere, que se despierte una vez más.
Temprano mañana, si Dios quiere, que se despierte una vez más.
Buenas noches, buena noche. Guardado por lo angélico,
¿Quién le muestra su sueño a ese niño del árbol?
Dormir en paz y dulcemente, ver el paraíso en sus sueños.
Dormir en paz y dulcemente, ver el paraíso en sus sueños.


Wiegenlied: Guten Abend, gute Nacht, Op. 49, No. 4. Johannes Brahms. Canta la enorme mezzosoprano alemana Christa Ludwig.


lunes 14 de diciembre de 2009

Interiores

En unos días el año acaba. Pero el amanecer estará presente. Y cada mañana, la hora más benigna, mostrará la cara imperiosa de una utopía. Que no será social, pues esta se diluyen gracias a la  dual naturaleza humana. Será personal y llevará impresa la cara de dos pequeños ángeles que moran entre mis brazos. 

Esa serenidad momentánea y matutina será cerrada, por algunas horas, por la cultura y lo "importante". Luego, mi rebeldía hará recuperar el sentido del amanecer y su ilusión de un nuevo comienzo. La rebeldía que implica mirar las cosas desde el interior, desde el lugar propio; la conciencia construida a lo largo de algunas décadas.

Pasar varios días con Brahms es afortunado. Hay tanto que entender, qué valorar, qué rescatar. Por ejemplo, el amanecer con sus obras finales. Pienso en la Sonata para piano y clarinete en mi bemol mayor, Op 120/2 , composición de una serenidad afortunada. Simple, sin duda. Pero construida con una enorme sabiduría. A este nivel, siendo 1894, al gran Brahms no le importa, en lo más mínimo, avanzar hacia nuevos territorios. Sabe que lo suyo es profundizar en las formas matrices. La exploración es para los jóvenes. Los mayores,  tratan de comprender la naturaleza de la materia con la que se obra. Y eso se logra ahondando en lo que se sabe. Un interior que se mira sabiamente, estoy seguro que en el amanecer.

Los movimientos de esta composición son los siguientes: Allegro amabile, Appasionato, ma non troppo allegro y Andante con moto.  El mismo Brahms, elaboró una versión para viola y piano. Personalmente me quedo con la original, es decir, para piano y clarinete. Pero reconozco que es más conocida la segunda versión.

Allegro amabile. Sonata para piano y clarinete Op 120 número 2 de Johannes Brahms



Appassionato, ma non troppo allegro



Andante con moto



Allegro amabile. Versión para viola y piano, transcripción por Brahms

viernes 11 de diciembre de 2009

Temor y temblor

Por mucho tiempo me he rehusado a escribir sobre esta obra. Vergüenza, temor, respeto. Todo al mismo tiempo. Aun cuando este es un diario personal de mi amor por la música, al hacerlo público, la responsabilidad por lo que se dice, es importante. Hecha esta salvedad, el monumento que tengo delante de mi es el Concierto para piano y orquesta número 2 en si bemol mayor Op 83 de Johannes Brahms, estrenado en 1881 en Hungría con el maestro en el piano. En una carta a su amigo Herzogenberg, poco antes del estreno,  le escribe lo siguiente: "Debo decirle que he escrito  un pequeño concierto para piano con un bonito y pequeño scherzo". ¿Humildad, sarcasmo? Más parece lo último. Pues Brahms habitualmente tenía esos comentarios sobre su propia obra.

"Pequeño concierto". Sólo esbozo una sonrisa. Pensar que esta obra es una de las cumbres del género. Brilla sobre muchas. Perturba y asombra como pocas. Allegro non troppo, trompas, maderas, cuerdas y el piano. La frase de la trompa acompañada del piano, luego, maderas y cuerdas, el piano que se erige sólo y el tutti integrador del tema originario. Las armaduras rápidamente se erigen, vigorosos acordes se elevan en consagración clásica. Mozart, Beethoven y Schumann caminan por las venas de Brahms. No hay tregua, pero la belleza persiste en toda la antagonía. Maravilloso en todo sentido.

Pero no es suficiente. Aun falta la mayor construcción de este concierto. Así Allegro Appassionato, sombrío y fantástico. Modo de scherzo en forma de sonata concisa. El piano abre la cumbre, revoloteando con fuerza. Las cuerdas le siguen en una tormenta perfecta. Y con todo, el titán nos sorprende. Nos devuelve al barroco en un abrir y cerrar los ojos. ¡Qué música del futuro de los clérigos y monaguillos de Bayreuth! Con Brahms, las variaciones serán el punto de partida de lo realmente nuevo. Desde la tradición que alumbra el ingenio realmente innovador. Y por eso fue el mayor músico de la segundad mitad del siglo XIX. Vuelve la sombra inicial. Espeluznante, Mefistófeles ha negociado con Fausto.

Luego de nuestra sesión infernal, el Andante con el otro solista oculto hasta ese momento, el violonchelo que es seguido por las cuerdas. Tras la aparente calma, el piano crispa en formaciones repentinas y genera su opuesto. Asi, el diálogo entre el piano y el violonchelo, nos inducen a un doble concierto. El efecto ha sido logrado. Notable. Al final, Allegro grazioso, donde adquiere sentido toda la propuesta de esta obra inigualable. Melodía zingara, tan cara a Brahms. Fluye el connjunto hacia un momento de optimimso desbordante, sin pesadez ni difuerzo. Hemos sido alcanzados por la OBRA.

Pero todo esto adquiere mayor dimensión si Barenboim ejecuta el piano y Celibidache dirige. Esta versión es, sin lugar a dudas, hasta ahora la versión mejor lograda. Afiatados al máximo, solista, director y orquesta, se preocupan por glorificar el segundo concierto. Se observa un verdadero respeto ante lo que se ejecuta. Y eso hace del arte un camino hacia lo verdadero. Con temor y temblor.

Concierto para piano y orquesta número 2 en si bemol mayor Op 83 de Johannes Brahms. Dirige: Sergiu Celibidache. Piano: Daniel Barenboim.