Música Principia

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos...”. E. M. Cioran, Silogismos de la amargura.

"Por la música, misteriosa forma del tiempo". Borges, El otro poema de los dones.

lunes, 2 de julio de 2012

BACH: tras la contemplación BWV 21






Ya lo dijo Mozart una vez que se quedó mirando las partituras del Creador/Maestro: "Por fin algo de quién aprender". Sólo Mozart podría haberlo dicho. Pues, ¿quién más sino Mozart?. Mozart fue el único que podía admirar como se debía al Creador/Maestro. El Hijo reconocía la sabiduría suprema del Padre. En cambio yo, como criatura menor,  no sólo debo reconocer la sabiduría superior del Creador/Maestro, sino sus alturas ante mis bajuras inmensas.

Ya el aire escasea. Me da vértigo la altura. El corazón palpita. La razón pura y práctica son superadas largamente. La conmoción va más allá de si misma. Estoy  en otra región. He sido llevado a otro mundo. El Creador/Maestro me ha dado forma nueva y nueva geografía. ¿Dónde estoy? ¿Dónde habito? Bach, Bach, Bach. Te invoco desde  mi interior, desde un espacio que nunca supe que existía.


Quiero que el aire escasee  y que las alturas sean temerarias. Quiero quedarme en silencio y ver la OBRA en su acepción mayor. Deslumbrarme sin palabras de respuesta. Quiero volver al Padre de las cosas, para observar la creación como algo integral. Quiero ver cómo la materia vuelve a reconstituirse una vez que es atravesada por aquel que le dió al cosmos sonoro su verdadera y perfecta justificación. Quiero pensar en la infinidad de veces que ha sido interpretada la OBRA y cómo la OBRA no podrá ser reemplazada por otra cosa, pues la OBRA existe por si misma y no necesita de nosotros.





TUVE MUCHA AFLICCIÓN BWV. 21

PRIMERA PARTE

1. Sinfonía

2. Coro
Tuve mucha aflicción en mi corazón;
pero tus consuelos recrean mi alma.

3. Aria (Soprano)
Lamentos, lágrimas, tristeza, miseria,
anhelo temeroso, temor y muerte
corroen mi corazón oprimido,
siento desolación, dolor.

4. Recitativo (Tenor)
¿Cómo me has abandonado, 
Dios mío,
en mi miseria, en mi temor y miedo?
¡Ah! ¿no conoces a tu hijo?
¡Ah! ¿no oyes la lamentación
de aquellos que
con alianza y lealtad
están a Ti unidos?
Tú eras mi alegría
y te has hecho cruel.
Te busco en todas partes,
llamo y gimo tras de Ti,
¡abandonado a mi pena y dolor!
Parece como si Te fuera desconocido.

5. Aria (Tenor)
Chorros de lágrimas saladas,
torrentes siempre corriendo.
Tempestades y olas me hieren,
y este mar lleno de tribulaciones
quiere debilitar mi espíritu y mi vida.
Mástil y ancla quieren romperse,
aquí me hundo en la tierra,
allí contemplo la profundidad del averno.

6. Coro
¿Qué te aflige alma mía
y qué te inquieta dentro de mí?
Confía en Dios; yo le daré gracias,
pues Él es mi Dios y mi ayuda.


SEGUNDA PARTE


7. Recitativo (Soprano, Bajo)

Soprano (Alma)
Oh  Jesús, mi sosiego,
mi luz, ¿dónde moras?

Bajo (Jesús)
¡Oh alma mira! aquí estoy junto a ti.

Soprano (Alma)
¿Junto a mí?
Aquí es noche cerrada.

Bajo (Jesús)
Soy tu amigo fiel,
que también vigila en la oscuridad,
donde habitan los ruines.

Soprano (Alma)
Irrumpe con tu resplandor y luz consoladora.

Bajo (Jesús)
Se aproxima la hora,
en que la corona de tu lucha
será para ti un dulce consuelo.

8. Aria (Dúo) (Soprano, Bajo)

Soprano (Alma)
Ven, Jesús mío,
alivia y alegra con tu mirada,
esta alma,
que debe morir
y no vivir
en el abismo de desgracia
y perecer completamente.
Debo siempre flotar en la aflicción.
¡Sí, oh sí, estoy perdido!
¡No, oh no, Tú me aborreces!
¡Oh, Jesús, dulcifica mi alma y corazón!
¡Ven, Jesús mío, y alíviame
con tu mirada protectora!

Bajo (Jesús)
Sí, ya llego y te alivio
con mi mirada protectora.
Tu alma que debe vivir
y no morir,
aquí, fuera de ese abismo de heridas.
Debes alcanzar la salvación
¡por medio del jugo
de las uvas!
¡No, oh no, tú eres elegido!
¡Sí, oh sí, Yo te quiero!
¡Arrojad vuestras preocupaciones,
que desaparedca el dolor!
Sí, vengo y te alivio
con mi mirada protectora.

9. Coro
Alégrate alma mía pues el Señor
te hace el bien.

Tenor
¿Qué nos consulean las preocupaciones,
qué nos consuelan la aflicción y lamentación?
¿Qué nos consuela que todas las mañanas
suspiremos por nuestras desgracias?
Únicamente hacemos mayor nuestra cruz y pena
por causa de la tristeza.

Soprano
No pienses en el ardor de tu tormento
porque fueras abandonado por Dios.
Que aquél que Dios sienta en su seno,
ése se alimenta de constante felicidad.
El tiempo que transcurre altera las cosas
y dispone a cada uno su fin.

10. Aria (Tenor)
¡Alégrate alma, alégrate corazón,
escapa ahora, aflicción, desaparece dolor!
Lamentación, ¡transfórmate en puro vino!
¡Mi lamentación será ahora un grito de júbilo!
Se quema y arde  la vela más pura del amor y consuelo
en el alma y en el pecho,
porque Jesús me conforta con gozo celestial.

11. Coro
El Cordero degollado, es digno de recibir
el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, el loor y la alabanza.
¡Alabanza, honor, loor y dominio
sean para nuestro Dios por los siglos de los siglos.
Amén. ¡Aleluya!

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