miércoles, 1 de julio de 2009

Debussy y el preerrafaelismo


Claude Debussy - La Damoiselle élue, baasdo en un poema de D.G. Rosseti para soprano, mezzo-soprano, coro y orquesta.






martes, 30 de junio de 2009

Modos de la indeterminación

Se puede ser de la periferia de las cosas, pero, aun así, se llega a ser parte de algo mayor. El largo fin de semana me trajo más música, a pesar de los infinitos sucesos (locales y globales). Más música, eso es bueno. Siempre es bueno. Porque la vida es siempre algo más. Si no lo fuera, sería tristísima. Y el arte lo toma en cuenta. Una "música", cualquiera, nos lleva a otro lado, a otra parte. "Algo más". El salto que va de lo material a lo inmaterial. Y allí todo es posible. La subdivisiones, infinitas.


Este fin de semana me trajo a Jean Sibelius (1865-1957). Concretamente el concierto para violín op 47. Nunca le había prestado atención. Lo conocía, pero no me inclinaba en realizar una audición concentrada. Felizmente tomé la decisión de hacerla. Allegro moderato, qué complejidad de movimiento. Sin duda Sibelius conocía los secretos del violín como ninguno. A pesar de la nomenclatura clásica, nada hace presagiar su desarrollo. La forma vuela, pero no llega a la ruptura. Pues hay algo que permanece en la unidad. ¿Unidad en la indeterminación? Si, en la música ello es posible. Más aun si es David Oistrakh quien toca el violín.




Allegro Moderato- Concierto para violín op 47- Jan Sibelius. Violín: David Oistrakh y su Guarneri da Gesú. Para llorar, créanlo. Impresionante versión.



viernes, 26 de junio de 2009

El mediodía de la música (1809-2009)

No sufrió, aunque, quién sabe. Tuvo una formación envidiable en todo lo posible. Es decir, todo lo posible a inicios del siglo XIX. Me lo imagino junto a su cultísima madre aprendiendo el ABC de la música. O con su bella y querida hermana, jugando a los personajes mitológicos de su infancia infinita. Pintaba, le gustaba el esgrima y la equitación. Pasaba horas leyendo literatura e historia clásica. Disfrutaba del campo, de la ciudad, de su hogar. Tenía un amigo grande, que por suerte se llamaba Wolfgang Goethe. La vida, su vida, era una experiencia gozosa. Feliz Félix. Feliz música sin nubes oscuras. Perfección que se distancia del dolor. Que no se construye desde él, sino que se hace desde la certeza de que la vida es algo infinitamente bueno.

Y la felicidad que de niño me dada este Felix, se ha mantenido, no se ha movió durante la noche. ¿Cuál felicidad? La de fluir en orden. Donde cada sensación tiene su lugar en el espacio. Donde la pasión se encierra en forma de reconocimiento. Sin tormento, es la música del futuro, de la reconstrucción de la esperanza. El espiritu del relato que surge de la contemplación. Iintroducción y allegro poco agitato de la emblemática "Escocesa" (sinfonía 3), donde la vida adquiere pleno sentido. Andante de esa fiesta que es la "Italiana" (sinfonía 4), para sentir el ir y venir del sueño mayor: la patria cosmopolita. Coro y final de la "Reforma"(sinfonía 5), el homenaje instrumental al artesano mayor (Bach) en el sentido tricentenario de la Reforma.


A esos grandes relatos (hay que volver a ellos), se suma la serie de oberturas que se vinculan a las fuerzas vivas y buenas de la creación. Las Hebridas y Mar en Calma y Viaje Feliz (mi anabasis, mi segunda navegación en términos platónicos). La poesía no deja de fluir. Y vienen las Romanzas sin palabras. Simpleza y esencialidad que cualquiera puede tocar o imaginar tocar. Pero hay más. Hay más luz. El sol sigue dirigiéndose hacia el centro para brillar en todo su esplendor: Concierto para violín en mi mayor Opus 64. Donde la creencia romántica se une la teología clásica. He ahí una de las cumbres del género. Y todavía hay más, más de ese manantial cortes, inteligente y diáfano. El mediodía de la música: Felix Mendelssohn-Bartholdy.



Allegro molto apassionato- Concierto para violín en mi mayor op 64- Felix Mendelssohn. Violín: Anne Sophie Mutter, dirige: Kurt Massur



miércoles, 24 de junio de 2009

Schönberg ha muerto

Así se tituló el célebre artículo que Pierre Boulez publicó en 1952, un año después de la muerte de Schönberg. El joven Boulez quería demostrar que el procedimiento serial mantenía en esencia aquello que había intentado abolir: la música tonal (temas, motivos, formas, ritmos y la distinción entre melodía y acompañamiento). Schönberg no era tan revolucionario como se creía. Más bien era el último intento de la vieja música por subsistir.


Con ello, Boulez planteó superar el serialismo dodecafónico y radicalizar esta experiencia, transformándola en serialismo integral. Sujetar todos los sonidos a los parámetros de la serie, racionalizando al máximo la labor compositora. El resultado significó serializar la melodía, la altura, los valores rítmicos, las intensidades, los timbres, las formas de ataque de las notas, etc. Nueva música tras la nueva música. Medio siglo después, aun es muy pronto para poder evuluar todo esto.


"L'Artisanat furieux"-Le Marteau sans Maître- sobre poemas de René Char. Pierre Boulez (1954. Los artesanos furioso del Martillo sin dueño.

La roulette rouge au bord du clou
Et cadavre dans le panier
Et cheveaux de labours dans le fer à chèval
Je reve la tete sur la pointe de mon
couteau le Pèrou.
( Sueño, la cabeza en la punta de mi cuchillo peruano)





lunes, 22 de junio de 2009

La sedición trágica de un sonido

El título que acompaña al Concierto para Violín de Alban Berg (1885-1935) es sugerente: "A la memoria de un ángel". Fue su obra más célebre y es parte del repertorio más ejecutado de la música del siglo XX. Se presenta como un compendio del dodecafonismo y sus posibilidades para un instrumento. El origen del nombre es conocido. Se trata de un homenaje que Berg hizo a Manon Grupius, la hija que el célebre fundador de la Bauhaus ,Walter Gropius, tuvo junto a Alma Mahler, viuda de nuestro admirado Gustav Mahler. La joven murió a los 18 años y afectó enormemente a Berg. Poco antes del estreno murió el importante músico austriaco. De modo que este requiem en honor a Manon Gropius se transformó en el requiem para el mismo Berg.

La obra esta dividida en dos movimientos: Andante-allegro y Allegro (ma sempre rubato)- Adagio. Y en la parte final cita musicalmente la melodía de la cantata de Bach BWV 60: "Oh, Eternidad, tu palabra del trueno", adecuándola a la estructura serial propia del dodecafonismo. Este concierto, trágico en su origen, forma y disposición, será siempre una de la cumbres de la música de la primera parte del siglo XX. Además un acelerado tratado de la sedición estética convertida en dolor.


Concierto para violín "a la memoria de un ángel". Violín: Frederieke Saeijs. Vale la pena completo.





viernes, 19 de junio de 2009

Adrian Leverkühn ataca de nuevo

Fue hace unos años en que la lectura del Doctor Fautus de Thoman Mann me hizo tomar conciencia de la extraña importancia de Arnold Schoenberg (1874-1951). Importancia que hay que saber valorarla desde una perspectiva crítica y, al mismo tiempo, entusiasmada por el ejercicio vanguardista. Pocos músicos como Schoenberg han despertado posiciones apasionadas de un lado y otro. Creador de una nueva filosofía de la música o el sepulturero de lo que se asume como "lo musical". Con Schoenberg se entiende la entropía de la música hasta su metástasis final. Después todo será posible.


Y fue hace cerca de veinte años en que mi juventud impresionada se dejó arrastrar por La Noche Transfigurada (Verklärte Nacht), Pierrot Lunaire y Espectación (Erwartung) que, por cierto, cumple un siglo (¡un siglo!) de ser compuesta. Qué mente pensante y sintiente había sido capaz de concebir todo esto, me decía en aquel entonces. La escritura serial se fue haciendo un evangelio que prefiguró hasta una forma de pensar y de darme cuenta de las cosas. Ahora siento que Adrian Leverühn ataca de nuevo y no se cómo defenderme de su mefistofélico encanto.



Erwartung, texto dramatizado para soprano y orquesta- Op 17- Arnold Schoenberg. Libreto de Marie Pappenheim.

miércoles, 17 de junio de 2009

Meditaciones de Gadamer

Escribe Gadamer: "La música absoluta, en un puesto destacado, forma parte de la maduración de la cultura musical occidental. Con ella entramos de lleno en una nueva dimensión, en un más allá de la multiplicidad de las lenguas humanas y, no obstante, enlazando con ellas. Aquí se va abriendo paso a una comunicación planetaria, que no es una especie de soplo inmaterial del espíritu, sino que se debe a una acción corporal, a un hacer música, siempre la misma y siempre nueva". La Música y el Tiempo. H. G. Gadamer.



Así la música "absoluta"- la música en sí y para sí- se evidencia como el proyecto de un lenguaje que, por ser tiempo en prolongación sin fin, es condición de lo universal a pesar de lo particular. Sin contenido específico, es tiempo hacia la infinitud y, por lo tanto, a la totalidad. Y qué mayor manifestación de lo absoluto musical que Brahms.


Allegro- Sonata para clarinete y cuerdas op 115- Johannes Brahms