Música Principia

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos...”. E. M. Cioran, Silogismos de la amargura.

"Por la música, misteriosa forma del tiempo". Borges, El otro poema de los dones.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mozart y la vida

¿Quién eres Mozart?
¡Ay, ese ángel fieramente humano,
corre a  salvarnos y no sabe cómo!
Blas de Otero

Insondable, esa es la palabra. Me la enseño Karl Popper, quien tanto sabía de música. El gran filósofo austriaco, al referirse a la música de Mozart afirmaba acertadamente: "hay algo insondable tras su encanto". En efecto, el encantador y cosmopolita Mozart siempre guarda un as bajo la manga. Estamos a punto de volar en el esplendor del brillo clásico y, de pronto, sus tiempos lentos. Algunos sombríos, otros melancólicos y perturbadores, también calmos y diáfanos. Pero todos siempre bajo el signo del genio sin par. Pues de eso se trata ser genio, de tener siempre un as bajo la manga. De pronto el desconcierto, la sacada de vuelta a lo esperado. Hacer pensado lo impensable, como decía Delueze lucidamente. 

Insondable. La palabra me da vueltas. ¿Quién es ese Mozart que tanto me conmueve en este momento? No hay nada parecido, me digo. Pues Bach es perfección y alturas temerarias. Beethoven, desmesurado y absoluto. Brahms, complejo y contradictorio. Mahler, trascendente al límite. ¿Y Mozart? Mozart, insondable. No puedo con él. Trato de comprender la cosa en si mozartiana. ¿Hay palabra precisa? No existe. ¿Cómo traspasar el umbral que va del Allegro Maestoso de la Sinfonía Concertante KV 364, al Andante de la misma obra? ¿Es el mismo compositor? Si, es el mismo. Pero lo mismo. Porque navegamos de la luz al dolor en una misma composición. Mozart tiene 25 años. ¿25 años? Ni  en un proyecto de vida de 1000 años podría siquiera pulsar algunos compases dignos de la música mozartiana. 

El insondable me lleva a reconocerme básico, primario, bestia. La belleza desconcertante me hace pensar que acaso Mozart sí entendió lo que es la vida. Pues la vida es esa unión de desconciertos, de desencuentros. De verdades a medio camino. Donde de pronto la algarabía se torna en tristeza. Donde el mediodía en ocaso. Donde la vida deviene en muerte. Mozart es eso y más. 

¿Por qué vuelvo a escribir de Mozart otra vez? Pues hoy me vino la gana ubérrima de besar al cariño en sus dos rostros. Es decir, besar las contradicciones de la vida. Tan pronto se da la alegría, tan pronto la tristeza. Las cosas no son nunca de la misma forma. Sobre todo en la complejidad de la existencia individual. Más compleja que una elección política, más compleja que la conformación química de las estrellas. La vida es rara, no tiene lógica, no es de consecuencias fácilmente deducibles. La vida es como la música de Mozart, insondable.

Allegro Maestoso Sinfonía Concertante para violín y viola en mi bemol mayor KV 364. En dos partes. La luz.






Andante de la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor KV 364. Insondable.

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