Música Principia

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos...”. E. M. Cioran, Silogismos de la amargura.

"Por la música, misteriosa forma del tiempo". Borges, El otro poema de los dones.

viernes, 26 de febrero de 2010

El tema de la muerte

En el imaginario romántico, la experiencia de la muerte se constituyó- al igual que en el primer barroco- en tema recurrente. Sin embargo, en la visión romántica y decimonónica  la muerte ya había perdido esa relevancia sobrenatural que había tenido siglos atrás. Los románticos hicieron de la muerte un motivo estético o, en todo caso, redujeron el ámbito religioso del mismo secularizándolo. De ahí la familiaridad temática y la exploración morbosa. Escudriñar en la muerte sus límites visuales, literarios y psicológicos. 

El tema de la muerte en la música presenta características propias. En los géneros vocales es más evidente. Basta que el texto narre esa experiencia, envuelto en un ropaje instrumental sonoro. Se me viene a la mente perturbadora aria del  Il Farnace de Antonio Vivaldi: Gelido in ogni vena, cuyo texto dice: 

Helada, por todas las venas,
Me siento correr la sangre
La sombra de un hijo exangüe
Me llena de terror
Y para mayor pena mía
Creo haber sido cruel
Con un alma inocente:
El corazón de mi corazón.

Momento cumbre y terrible en que Tamiri ha matado a su hijo por petición del rey Farnace. Cecilia Bartoli nos entrega una conmovedora interpretación concertante de Tamiri.



Por ello el tema de la muerte, en la música vocal, puede ser fácilamente identificable. Pero en el caso de las composiciones musicales, la muerte es mucho más difícil de ubicar. A no ser que se traten de composiciones que han sido aceptadas por su título como "piezas mortuorias". Por ejemplo, la famosa marcia fúnebre (adagio assai) de la sinfonía Heroica de Beethoven. Este movimiento se trata de llevar al plano sonoro instrumental la experiencia de la muerte debida a la guerra, en este caso a los conflictos bélicos desatados por Napoleón Bonaparte. Aquí en versión de Karajan en una primera parte:



Como vemos, a pesar de su pesadumbre, aun late en el clasicismo prometeico beethoveniano, esa dimensión sobrenatural que posee la muerte. Sin embargo, como decíamos líneas arriba, el romanticismo exploró en la cuestión mortuoria como un motivo estético, desligado de la carga humana-divina. Un caso para mi emblemático es el Totentanz de Franz Lizst, compuesto entre 1838 y 1848. Esta danza macabra de enorme poder perturbador, aborda la cuestión de la muerte desde una perspectiva tremenda, tanto por la forma como por sus contenidos. Es una obra peligrosa que exige al pianista un virtuosismo que sólo Liszt podía plantear. También una visión de la muerte convertida en exuberancia seductora. Romántica. 

Totentanz. S126. Franz Liszt. Piano: Enrico Pace



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