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martes, 5 de febrero de 2013

El lugar de la música en las Artes Liberales: testigos medievales



Escribe San Agustín, "el águila de Hipona", en De ordine alguna de las cosas más pensadas sobre la música: 


"…una vez sistematizada dio paso a la razón para el estudio de la capacidad pensante y creadora de las (restantes) artes…la reina de las disciplinas, que es la dialéctica. Ella nos proporciona el método para enseñar y aprender; en ella se nos declara lo que es la razón, su valor, sus aspiraciones y potencia. Nos da la seguridad y certeza del saber. Pero como muchas veces los hombres necios, para obrar conforme a la recta doctrina con provecho y honestidad, no siguen el dictamen de la verdad sincera que brilla en su espíritu, sino se van en pos del halago de los sentidos y de la propia costumbre, era necesario moverlos y enardecerlos para la práctica…. Mirad hasta donde se elevó por las artes liberales la parte racional aplicada al estudio de la significación de las palabras…"Por estas gradas (gramática, aritmética, dialéctica y retórica), la razón quiso elevarse a la contemplación beatísima de las cosas divinas. Tuvo entonces en cuenta los sentidos orgánicos, comenzando por el oído que capta el ritmo de las palabras conjugadas en versos: versos que tienen ritmo; ritmo que es tiempo y número: Nació así esa "disciplina” (ars), sensual e intelectual a la vez, (que) se llamó música”. 

Asimismo, en sus Etimologías, Isidoro de Sevilla nos dice lo siguiente: 

“…Siete son las disciplinas de las artes liberales. Primera la gramática, o sea, la pericia en el hablar. Segunda la retórica, que por el brillo y la abundancia de la elocuencia se considera necesaria en las cuestiones civiles. Tercera, la dialéctica, por otro nombre lógica, que con sus raciocinios sutiles separa lo verdadero de lo falso. Cuarta, la aritmética, que trata de los números y sus divisiones. Quinta, la música, que consiste en versos y cantos. Sexta, la geometría que comprende las medidas y dimensiones. Y séptima, la astronomía, que estudia las leyes de los astros…

Hugo de San Victor nos muestra cuestiones sumamente interesante en el Didascalicon e Institutionem Novitiarum: 

“…Veo la escuela de los que aprenden. Grande es la muchedumbre. Descubro las diversas edades de los alumnos ocupados en los varios estudios: unos ejercitan sus lenguas torpes en el aprendizaje del idioma que les es extraño; otros declinan las palabras, las descomponen y concluyen sus derivaciones; aquéllos escriben en tablas enceradas y otros dibujan figuras de diversas formas y colores, con docta mano sobre los pergaminos. Hay quienes en común y más duro e intenso estudio entablan discusiones. Veo allá al grupo que se ejercita en los números y a quienes ensayan melodías instrumentales. Mientras algunos explican formas geométricas y de medidas, otros figuran, con el auxilio de instrumentos, la posición de las estrellas, la naturaleza de las plantas y la constitución del hombre y también las cualidades y propiedades de las cosas…”


Finalmente, Roberto de Sorbon en De conscientia pondera lo siguiente: 

La lógica es buena porque nos dispone a discernir lo cierto de lo falso; la gramática, por enseñarnos a hablar y escribir correctamente y la retórica, por dictar las normas de la elegancia y la persuasión. Es buena la geometría por hacer posible la medición de la tierra y enseñarnos la proporción de las formas; la aritmética o arte de contar también lo es por facilitarnos la reflexión sobre cuán corto es el número de años de nuestra existencia, y la música por instruirnos en la armonía y los dulces cánticos de los santos. La bondad de la astronomía radica en la consideración de los cuerpos celestes y la virtud de las estrellas que brillan ante Dios. Pero mucho mejor es la teología que por sí sola merece llamarse arte liberal pues libera el alma humana de los males que la aquejan.

 Hildegard Von Bingen. Tantas veces he escrito de ella. Ordo Virtutum completo

 

lunes, 28 de diciembre de 2009

Musica est scientia bene modulanti

"La música es la ciencia de medir bien", define San Agustín es su célebre tratado De Musica. En esa dimensión la música es, sobre todo, una ciencia. Compromete más a nuestra razón que a nuestros sentidos y sentimientos. Pero eso no quiere decir que los sentidos y sentimientos desaparezcan en la experiencia de lo musical, sino que se hallan subordinados a las esfera de lo racional. Así, el placer, la melancolía, la algarabía, el dolor, etc, nunca deberán desplazar los principios armoniosos que, en última instancia, se encuentran en el centro de la música. Los sentimientos que produce la música están en relación a los principios medidos del tiempo y su correlación numérica (pitagorismo). Todo sentimiento desatado por la experiencia de lo musical ha tenido su origen en la organización de los tiempos que el músico obra desde su arte. Saber de música, será en la perspectiva agustina, saber medir los números y tiempos de las estructuras armónicas y cómo su uso condiciona los afectos del que los escucha. ¿Manipular el sentimiento desde la razón musical? No. Pues lo estético no se halla al margen de los ético. Como en toda la tradición estética premoderna, lo estético tiene una dimensión ética  incuestionable e incluso, en la visión cristiana, un alumbramiento teológico. Sentir, creer y saber en un diálogo fecundo que se alimenta recíprocamente.

Elaboro una transgresión en el espacio tiempo. Salto del siglo IV al último barroco, al músico más conservador del siglo XVIII, pero el más grande en su estilo y forma: Johan Sebastian Bach. Y de toda la obra de ese gigante que nos alumbra, escojo para esta noche de verano al Arte de la Fuga, "donde la altura es temeraria y aire escasea" (Henry Lang). Y ese testamento de sabiduría inigualable será la cura y la terapia contra el desorden de lo sensorial. En ese punto, "saber medir" es llamar a nuestra alma a la segura y perfecta ascensión a lo necesario: belleza, bondad, verdad. Los trascendentales que, unidos, le dan sentido a toda la realidad.

Contrapunto 1. El Arte de la Fuga. BWV 1080. J. S. Bach. Dirige: Jordi Savall



Contrapunto 3. El arte de la Fuga. BWV 1080. J. S. Bach. Dirige: Jordi Savall