Mostrando entradas con la etiqueta Schumann. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Schumann. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de enero de 2018

Schumann por Barthes



Roland Barthes (Cherburgo, 12 de noviembre de 1915 – París, 25 de marzo de 1980), escribió este texto en 1979. En él se puede observar el gran conocimiento que el célebre lingüista tenía sobre la obra de Robert Schumann (1810-1856). Además, del grado de penetración que Barthes llegó a tener sobre la música romántica y su sentido cultural.  Este texto evidencia la fortaleza de la visión huimanística, que logra unir diversos saberes en sólo y sólido discurso. No hay mejor manera que volver a escribir sobre música que inspirándose en intelectuales de primer nivel. 

AMAR A  SCHUMANN (fragmentos) 

Hay una especie de prejuicio francés, dice Marcel Beauñls, con respecto a Schumann: fácilmente se ve en él una suerte de"Fauré un poco espeso". No creo que esta tibieza deba atribuirse a alguna posición entre la "claridad francesa" y el "sentimentalismo alemán"; si juzgamos esto por la disco grafía y los programas de radio, hoy los franceses enloquecen con los músicos patéticos del romanticismo pesado, Mahler y Bruckner. No, la razón de este desinterés (o de este interés menor) es histórico (y no psicológico).

Schumann es con gran amplitud un músico de piano. Luego entonces el piano, como instrumento social (y todo instrumento musical, desde el laúd hasta el clavecín o el saxofón, implica una ideología), ha experimentado desde hace un siglo una evolución histórica de la que es víctima Schumann. El sujeto humano ha cambiado: la interioridad,la intimidad y la sociedad han perdido su valor, el individuo se ha vuelto cada vez más gregario,quiere músicas colectivas, masivas, a menudo paroxísticas ,expresión del nosotros, más que del yo;luego entonces Schumann es verdaderamente el músico de la intimidad solitaria, del alma enamorada y enclaustrada, que se habla a sí misma(de ahí la abundancia de los parlando en su obra,como aquel,admirable,de la Sexta Kreisleriana), en suma, del niño que no tiene otro nexo que con la Madre.

El oyente del piano también ha cambiado. No es sólo  que se haya pasado de una audición privada, cuando mucho familiar, a una audición pública -cada disco, incluso oído en el hogar, se presenta como un acontecimiento de concierto y el piano deviene un campo de grandes ejecuciones-, sino además que el propio virtuosismo, que ciertamente ya existía en tiempos de Schumann, puesto que él
mismo quería devenir un virtuoso al nivel de Paganini, ha sufrido una mutilación; ya no tiene que concordar con la histeria mundana delos conciertos y de los salones, ya es lisztiano; es ahora, a causa del disco, un virtuosismo un tanto helado, una ejecución perfecta (sin falla, sin azar),de la que nada queda por decir, pero que no exalta, que no transporta: lejos del cuerpo, en cierta manera. 

Hay también, para el pianista de hoy, una enorme estimación, pero ningún enloquecimiento, y añadiría, refiriéndome a la etimología de la palabra, ninguna simpatía. Luego, entonces, el piano de Schumann que es difícil, no suscita la imagen del virtuosismo (el virtuosismo es en efecto una imagen, no una técnica); no puede ser ejecutado ni según el antiguo delirio ni según el nuevo estilo (al que yo compararía de buena gana con la "nueva cocina", poco cocida).Es un piano íntimo (lo que no quiere decir suave), o inclusive: un piano privado, hasta individual, reacio a la aproximación profesional, por que interpretar a Schumann implica una inocencia de la técnica, a la cual muy pocos artistas saben llegar.

En fin, lo que ha cambiado, fundamentalmente, es el uso del piano.A todo lo largo del siglo XIX, el piano fue una actividad de clase,es cierto,pero lo bastante general para coincidir, en bloque,con el oyente de la música. Yo mismo sólo he comenzado a escuchar las sinfonías de Beethoven interpretándolas a cuatro manos, con un compañero amado,tan apasionado como yo. Pero ahora el oyente de la música se ha disociado de su práctica: virtuosos, hay muchos; oyentes, en masa; pero practicantes, aficionados, muy pocos. Luego entonces (también aquí) Schumann no hace escuchar plenamente su música más que a aquél que la interpreta, aunque sea mal. 

Siempre me ha impresionado esta paradoja: que tal fragmento de Schumann me entusiasmara cuando lo" ejecutaba (aproximativamente), y me decepcionara un poco cuando lo oía en el disco: parecía entonces misteriosamente empobrecido, incompleto. No era, creo,infatuacion de parte mía.Es que la música de Schumann va más lejos que el oído;va dentro del cuerpo, dentro de los músculos, por los golpes de su ritmo,y como dentro de las vísceras, por la voluptuosidad de su me los: diría se que" en cada ocasión, el fragmento no ha sido escrito más que para una persona, aquél la que lo interpreta:
el verdadero pianista schumanniano soy yo. ¿Se trata, pues,de una música egoísta? La intimidad siempre lo es un poco:es el precio se debe pagar si quiere renunciar  a las arrogancias de lo universal.

Pero la música de Schumann implica algo radical,que la vuelve una experiencia existencial más que social o moral. Esta radicalidad no deja de estar en relación con la locura,incluso si la música de Schumann es continuamente "sensata",en la medida en que se somete dócilmente al código de la tonalidad y a la regularidad formal de los melismas. La locura está a quién germen desde muy temprano, en la visión, la economía del mundo con el cual el sujeto Schumann mantiene una
relación que lo destruye poco a poco, no obstante que la música, por su parte, intente construirse. Mareel Beaufils expresa muy bien todo eso: desprende y nombra aquellos puntos donde la vida y la música se intercambian, una destruyéndose, la otra construyéndose.


viernes, 9 de mayo de 2014

Diez imprescindibles obras de Schumann. Modestísima opinión

Deguerrotipo de Schumann
Un amigo de labores me consulta sobre mis músicos favoritos. Y sin mediar mayor esfuerzo, le menciono, en desorden: Brahms, Bach, Beethoven, Mahler, Mozart, Mendelssohn, Listz, Händel, Schumann, etc. La lista se explaya: Monteverdi, Pärt, Shostakovich, Britten,  Vivaldi, Debussy, Schubert, etc. Caigo en la cuenta que mi lista abarca toda la historia de la música, en un alud irrefrenable de nombres que sorprende a mi colega académico.

¿Schumann? - me pregunta
Si, claro- le respondo
¿Por qué Schumann? ¿Qué obras?- me inquiere mi curioso interlocutor
A ver, pienso, en un silencio que se hace prolongado. Te lo diré desde Melomanía. 

Bueno, dada la pregunta. Aquí la lista de mis favoritas de Schumann. Modesta opinión, sin duda. 

1. Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor op 44
2. Trío para piano y cuerdas en n. 3 en sol menor op 110
3. Estudios sinfónicos para piano op 13
4. Piezas fantásticas para piano op 12
5. Concierto para piano en la mayor op 54
6. Concierto para violonchelo en la mayor op 129
7. Gran sonata para piano n. 3 en fa menor op 14
8. Sinfonía "Renana" en mi bemol mayor op 97
9. Cuarteto para cuerdas n. 3 en la mayor op 41
10. Kreisleriana, para piano op 16.  

lunes, 13 de diciembre de 2010

Nadie escucha el profundo canto de mi dolor



Liederkreis Op 83 es uno de los ciclos de canciones más importantes y conmovedores de Robert Schumann,  basados en poemas de Joseph Von Eichendorff (recordemos la bella definición de música: la música es el lenguaje de las cosas). Liederkreis fue compuesto en 1840, cuando el músico alemán iniciaba su relación con Clara Wiek. No me ocuparé de este impresionante ciclo, pues aún no completo las audiciones necesarias. Sólo me remitiré a estas canciones toda vez que uno de ellas Wehmut  sirvió de material temático a la sobrecogedora y terriblemente hermosa sonata para piano n. 7 en si bemol mayor Op 83 de Sergei Prokofiev. 

El contexto de composición de esta sonata es particularmente interesante. Hacia 1939, año de inicio de la segunda guerra mundial, varios amigos de Porkofiev fueron arrestados y posteriormente asesinados por la dictadura de Stalin. Un año después, el mismo compositor, fue asediado por los servicios de seguridad, pues en su música se evidenciaba rastros de la decadencia burguesa y un peligroso abandono de los cánones del realismo socialista que el estado soviético estableció como estética dominante. 

A pesar de la depresión motivada por el continuo asedio y el miedo a morir en el GULAG, Prokofiev compuso una serie de obras para piano, conocidas hoy en día como "sonatas de guerra". Estas obras evidencian un lenguaje críptico, pues el músico ocultó mensajes que puedan escapar de los censores oficiales. La tristeza podría ser sospechosa en la medida que mostraba valores individualistas y cuestiones subjetivas. Por ello utilizó el poema de Eichendorff  y que Schumann musicalizó en su Liederkreis. Un poema que muestra a una conciencia que debe fingir alegría, pero que en el fondo esta sufriendo. Situacón que vivía Prokofiev durante la triste dictadura de Stalin.  El poema de Eichendorff es el siguiente:

Melancolía

A  veces puedo cantar,
como si estuviera feliz;
pero en secreto mis lágrimas salen,
 y  el corazón se libera de tristeza.

Lo hacen los ruiseñores.
Durante la primavera juegan al aire libre,
pero emiten un canto de añoranza
por la tumba de su prisión.

Entonces, muchos escuchan ese canto
en su corazón, alegrándose.
pero nadie escucha el profundo
canto de mi dolor. 

Wehmut. Liederkreis Op 39 de Robert Schumann



La sonata para piano n. º 7  en si bemol mayor Op 83 de Prokofiev está conformada por los movimientos: Allegro inquieto, Andante Caloroso y Precipitato.  Justamente en Andante caloroso es donde se percibe el uso del tema de Schumann del lieder Wehmut (melancolía). Por muchas razones, el dolor y la tristeza de respiran en este movimiento, realmente notable en todo sentido. 

Andante coloroso y Precipitatio. Sonata para piano n. º 7 en si bemol mayor Op 83 de Sergei Prokofiev. Atendamos al segundo movimiento, Lang Lang logra comprender la magnitud de esa tristeza. 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cuatro quintetos

La forma reina de la música de cámara es el cuarteto de cuerdas. También cercana  a esa cúspide se encuentran los tríos (habitualmente para violín, violonchelo y piano) y los quintetos (para piano y cuerdas). Ayer en la noche estuve escuchando después de mucho tiempo el Quinteto para piano y cuerdas en fa menor FVW 7 de César Franck. Siempre es estimulante oír una obra de dimensiones notables y de una sensibilidad exquisita. Una composición que no deja indiferente por su capacidad de hacernos sentir aquello que no nos está afectando. Una obra cumbre de la melancolía; melancolía en el sentido renacentista, no romántico. Una vez que terminaba el allegro non troppo ma con fuoco todas las sensaciones se habían evidenciado y quedaba exhausto ante la profusión de imágenes sonoras, algunas refinadas y apolíneas otras sumergidas en un torrente de oscuros deseos. El católico ferviente Franck nos entregaba una obra notable del repertorio para el quinteto de piano y cuerdas. 

¿Cuáles son los quintetos para piano y cuerdas que más me emocionan? La lista del repertorio no es tan extensa como la de los cuartetos, tríos o dúo sonatas. Por ello es difícil seleccionar un grupo selecto de esta formación camerística. Como últimamente he estado releyendo con avidez los Cuatro Cuartetos de Eliot, pienso que sería interesante reducir la lista a cuatro quintetos. Mis cuatro quintetos para piano y cuerdas favoritos son los siguientes. 

1. Quinteto para piano en fa menor Op 34 de Johannes Brahms. Me pregunto si existe otra composición de cámara a la altura de esta obra. Probablemente no haya otra en el siglo XIX que le haga sombra. Aquí se recapitulan y unen clasicismo y romanticismo, juventud y madurez, forma y sentimiento. Todos los movimientos son notables, todos están en su lugar. En general, el quinteto para piano me genera la misma actitud que el segundo concierto para piano: temor y temblor a la usanza del maestro Kierkergaard. 

Cuarto movimiento: Finale: Poco sostenuto - Allegro no troppo - Presto, no troppo. Músicos notables en esta interpretación brillante.



2. Quinteto para piano y cuerdas en fa menor FVW7 de César Franck. Líneas arriba ya he mencionado algunos alcances de esta obra imprescindible del repertorio camerístico. Sólo añadir que la primera vez que la oí fue como parte de la banda sonora del film Celeste una película acerca de la relación entre Marcel Proust y su sirviente Celeste. 

Segundo Movimiento: Lento, con molto sentimento.



3. Quinteto para piano y cuerdas en sol menor Op 57 de Dimitri Shostakovich. Siempre me pareció extraño que este quinteto haya obtenido el premio Stalin en 1941. Más aun cuando ahora sabemos de la tragedia personal que el Shostakovich padeció durante su vida, sobre todo durante el stalinismo. Nunca  llegaremos saber lo que su atormentada mente vivió, pues las evidencias se manifiestan contradictorias. Podemos reconocer el dolor, pero también la pasión y la sabiduría formal que llegó a poseer como pocos. Shostakovich sabía de música, sabía de historia de la música y amaba la tradición musical. El más grande músico del siglo XX, qué duda cabe. Este muy lejos de todos los demás, perdón por el atrevimiento. Compuesto al modo barroco durante la segunda guerra mundial, presenta innumerables  momentos notables. 

Primer movimiento: Preludio, lento. Otra versión de notables músicos.



4. Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor Op 44 de Robert Schumann. Una de las obras centrales del repertorio, dio luz a las composiciones posteriores del repertorio. Schumann logra con este quinteto traspasar el umbral de la música absoluta a la música evocativa. Todo se puede tocar, besar, oler. Podemos caminar a su lado y tropezarnos con sus propias pasiones. Eusebius, Raro, Florestán. La legión Schumann en su mejor momento. 

Segundo movimiento: In modo d'una marcia. Un poco largamente.

lunes, 10 de mayo de 2010

Señorío sin servidumbre

"Mein Herr Domini" (Mi señor Señor), así le llamaba Brahms a Schumann con afecto casi filial. Schumann había escrito proféticamente en su célebre Neue Zeitschrift für Musik : "Inclinaos, estáis ante un elegido". Nobleza entre gigantes sin mezquindad. Pues sólo alguien de la estatura de Schumann pudo ser capaz de reconocer la grandeza del joven Brahms. Brahms, cuya obra esta ahí, en lo alto, junto a la de Bach, Mozart y Beethoven. Y sólo alguien como Brahms podía aceptar la noble filiación con Schumann y, partir del él, con la tradición. Brahms bebió a Beethoven y a Schubert de la mano de Schumann. Me encanta imaginar esta escena. Robert y Clara Schumann acogiendo al agreste Johannes en su casa y, lejos de asumirse superiores, hacen todo lo posible para que el genio llegue a ser todo lo que podía ser. ¡Qué importante es en la vida que los Brahms se encuentren con los Schumann ! Es decir, que los talentosos se encuentren con algunos que, al mismo tiempo, tienen talento y bondad. "Para admirar hay que tener grandeza"-escribía Sabato en Abbadón, el Exterminador. Grandeza de corazón para admitir que el otro es mejor que uno, que el otro es particularmente talentoso. 

La riqueza de esta lección de vida no se quedó en la ayuda y el afecto admirado de los esposos compositores (Robert y Clara) al joven músico. Cuando Brahms había alcanzado el éxito y reconocimiento nunca se olvido de la mano que le tendieron ambos amigos. Lloró la enfermedad y muerte de Robert Schumann y acompañó fraternalmente y fielmente a la viuda, aun cuando en algún momento sintió un afecto mayor por la interesante  Clara Wieck (viuda de Schumann ). 

La gratitud que tuvo Brahms por Schumann se hizo patente de varios modos. El musical no podría ser la excepción. Por ejemplo, en el Concierto para piano N.º 1 en re menor Op 15, estrenado en 1859 tiene la impronta del homenaje al amigo. Esto se hace más evidente en el adagio que tenía como añadido al comienzo del tiempo: "Benedictus qui venit in nomine Domini", en alusión al "Mein Herr Domini" que habitualmente usaba Brahms con Schumann. La obra empezó a ser compuesta en 1854, cuando aun estaba vivo Schumann y es una muestra del momento más romántico de Brahms; romanticismo radical que irá dejando de lado en la medida que redescubra la tradición clásica y barroca. Con todo, la carga afectiva se evidencia a lo largo de toda esta obra, el primer gran paso hacia el monumental concierto para piano en si bemol mayor. El concierto para piano en re menor tiene los siguientes movimientos: Maestoso, Adagio y Allegro ma non troppo. 

De las versiones de este monumento concertante, me encanta junto a la Barenboim-Celibidache, la de Gilels -Jochum que ahora presento. Sin embargo, en varios momentos, uno llega a pensar que no hay versión más lograda en muchos sentidos que ésta. El Maestoso es soberbio. Y este Adagio debe ser una de las cimas de la historia humana. Todo canta, todo duele, todo se eleva. 

Maestoso. Concierto para piano N.º 1 Op 15 en re menor. Johannes Brahms. Piano: Emil Gilels. Dirige: Eugen Jochum.







Adagio.Concierto para piano N.º 1 Op 15 en re menor. Johannes Brahms. Piano: Emil Gilels. Dirige: Eugen Jochum. Una de la cimas humanas, más allá de la misma música.





Allegro ma non troppo. Hermosa metáfora del amor y la amistad y su deseo de trascendencia.



viernes, 7 de mayo de 2010

Entre Florestán y Eusebius

Fantasiestücke Op 12, compuesto entre 1836 y 37. ¿Habrá alguien más cercano al evangelio romántico? No. Schumann fue el más romántico, romántico hasta la locura. Incluso más que el enorme Chopin, pues  éste sólo fue romántico hasta enfermedad incurable.Y la locura es un paso más allá, superior al de la muerte. En este soberbio Op 12 todavía no hay intento de suicidio que se  vislumbre, la bella y talentosa Clara Wieck aun no se transforma en la dignísima "señora Schumann". Las Fantasiestücke estuvieron dedicadas a Anna Robena Laidlaw, pianista y amor de juventud del compositor. Esta colección de piezas están basadas en el libro del conocido escritor romántico E. T. A Hoffmann "Fantasías a la manera de Callot", obra favorita de Schumann por aquellos años. De la lectura de esta obra, Schumann elaboró varios cuadros pianísticos de motivación incidental que se titulan: Des Abends, Aufschwung, Warum?, Grillen, In der Nacht, Fabel, "Traumes Wirren y Ende vom Lied. Como ocurría con Schumann esta obra fue compuestas por dos de sus alter ego: Florestán y Eusebius. Rarus no aparece en esta obra. 

De las Fantasiestücke Op 12 tengo predilección por Des Abends y por la intensa In der nacht, dos extremos de gran músico de los extremos. En el primero, Eusebius se acerca a la experiencia del anochecer en clave mística y contemplativa. En el segundo, Eusebius y Florestán dialogan entre la calma y la pasión nocturna. La ambigüedad y todas sus indefiniciones. ¡Qué legos del mediodía mozartiano!

Des abends (en el anochecer) Fantasiestücke Op 12. Piano: Arthur Rubinstein



In der Nacht (en la noche). Fantasiestücke Op 12. Piano: Arthur Rubinstein. Impresionante y profundo el gran maestro del piano.

viernes, 26 de marzo de 2010

Antes de la locura

Antes de la locura final, Eusebius hace su última aparición, pues Florestán acecha triunfante. El instante previo a la locura terminal es de última iluminación. La tensión entre el dominio y el desenfreno se hace más evidente."Más que un hombre he sido un campo de batalla"- escribía Nietzsche a Gasti en una célebre carta. Algo así se evidencia en el último tramo de Schumann. Batalla, conflicto; el ethos de la última iluminación antes de la pérdida del juicio, del sentido, de la ubicación. 

Estamos delante del concierto para violonchelo en La menor Op 129, la última muestra de lucidez sufriente  del gran compositor. Los tres movimientos se siguen sin pausa. El resultado, libertad en la continuidad de los cuadros. Cada uno en su propio vértigo y exigencia. Para entenderlo hay que  habitar poéticamente, aprender a estar más tiempo que lo habitual luchando contra lo efímero. Tanto que descubrir en esta obra genial y agónica. ¿Podemos escribir algo más? No lo creo. Cuando la locura es grande, es de temer.

Concierto para violonchelo y orquesta en La menor Op 129 de Robert Schumann. Movimientos: Allegro ( Nicht zu schnell), Adagio (Langsam) y Finale (Sehr lebhaft. Violonchelo: Mstislav Rostropovich. Dirige: "Lenny" Berstein. Versión histórica.





lunes, 15 de marzo de 2010

Dimensiones de un trío

La música, como las demás artes, es tradición encadenada, sucesión de innovaciones sobre lo escrito. La música de cámara tiene una cima: la obra de Johannes Brahms. Pero para llegar a ella fue necesario que Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert y Schumann, hicieran lo suyo y lo hicieran de una forma ascendente hasta llegar a la magnitud brahmsiana. Por ello es emblemático que Brahms fuese consciente de la deuda que tenía con la tradición precedente y actuase ante ella con un sereno y meditado respeto. Y fue ese respeto el que animó toda su relación amical y artística con Robert Schumann.

De los tres tríos para piano, violín y violonchelo que compuso Schumann, el primero es el que más influencia generó en la obra de Brahms. Además con ese primer trío, Schumann logró sumarse a la gran tradición camerística. El trío Op 63 fue compuesto en 1847 en Leipzig. Posee cuatro movimientos: I. Mit Energie und Leidenschaft II. Lebhaft, doch nicht zu rasch III. Langsam, mit inniger Empfindung y IV. Mit Feuer. Que pueden ser traducidos como: Con energía y pasión, Vivaz pero no muy rápido (un scherzo memorable), Lento, con íntimo movimiento y Con fuego. Todos los movimientos son entrañables. Sin embargo, siempre ma ha llamado la atención el paso del Lento al Con fuego. La serena meditación que se logra en el tercer movimiento se deshace en el último. Se pasa de una melancólica reflexión a un júbilo incontinente. Rasgo esencial en los humores schumanianos.

Trió para piano, violín y violonchelo en Do mayor Op 63. Robert Schumann. Versión clásica de tres titanes.









miércoles, 3 de marzo de 2010

Schumann

1810-2010. Docientos años de su nacimiento. Tiempo propicio para comentar, a lo largo del año, sobre algunas de las composiciones de esa alma divida entre Florestán, Eusebius y Raro. Aquella legión que habitada en su sensible mente. Quiero empezar esta serie sobre Schumann con su obra concertante más conocida. Se trata del Concierto para piano número 1 en la menor Op 54. Esta composición rica en melodía, originalmente estuvo pensada al modo de una fantasía para piano y orquesta. Sus características nos recuerdan a los conciertos para piano de Chopin. A pesar de su lirismo, es una obra sencilla, más no trivial y evidencia el poder sugestivo de la estética schumanniana. Los movimiento de este célebre primer concierto son los siguientes: Allegro affettusso, intermezzo y allegro vivace. Es en el segundo movimiento, donde el scherzando nos lleva a una transición que se vincula, a lo lejos, con el Emperador de Beethoven. Sin embargo, el primer movimiento de temas claros, siempre será el más reconocible. 

Allegro affettuosso.Concierto para piano en la mayor Op 54.Piano: Martha Angerich





Intermezzo. Concierto para piano en la mayor Op 54.Piano: Martha Angerich



Allegro vivace. Concierto para piano en la mayor Op 54.Piano: Martha Angerich.

lunes, 11 de mayo de 2009

Phantasiestücke Op.73

Schumann después de varias semanas con Bach. Otro registro, otra frecuencia. Siempre me ha gustado el Op 73 y lo asocio al otoño en Lima, ese otoño de la cercanía marina: humedad, niebla, pequeñas gotas de rocío. Cierta intimidad de la experiencia sensorial y sus potencias infinitas. Aun no llega ese invierno "peligroso" e íntimo que es el invierno limeño.  Ah, el Zart und mit Ausdruck, qué maravilla, qué necesariamente romántico a pesar de sus pliegues clásicos. Schumann siempre imprescindible cuando el mediodía parece un atardecer.

Phantasiestücke Op.73: Zart und mit Ausdruck; Lebhaft, leicht; Rasch und mit Feuer.Violonchelo:M. Maisky. Piano: M. Argerich

martes, 17 de marzo de 2009

Florestán, Eusebius y Raro

En Schumann convivían tres, como en el Legión neotestamentario. Florestán, fogoso, épico, apasionado. Eusebius, enamorado, soñador, infantil. Y Raro, sereno, intelectual, el conocedor de los arcanos musicales. En la cabeza de Schumann los tres conformaban "La Liga de David", secreta sociedad artística, amantísima de Beethoven y difusora del talento de sus contemporáneos: Mendelssohn, Chopin, Liszt, Brahms. Algunas veces escribía Florestán. Otras, Eusebius. También componía Raro. Cada uno tenía su espacio, su lugar en la corteza cerebral. Lo que empezó como un juego, terminó en serio. Schumann fue dirigiéndose a un abismo o una alltura que él sólo comprendía. La demencia fue el final, pero en el recorrido nos dejó algunos de los momentos más sublimes de la historia de música romántica.

¿Cuál de los tres compuso el Concierto para piano y orquesta Opus 54? ¿De quién es este Intermezzo ? Intimo, tierno, casi en forma de cámara. Poesía y color en uno de los mejores ejemplos del concierto para piano romántico. A Schumann le bastó sólo uno.


Intermezzo - Concierto para piano opus 54- Robert Schumann- Piano: Sviatoslav Richter.



Finale: Allegro Vivace- Concierto para piano opus 54- Robert Schumann- Piano: Sviatoslav Richter.