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sábado, 7 de abril de 2012

Oración para la humanidad: Sinfonía de las Lamentaciones de Gorecki


Oración final de un niño ante la rapiña, a los ojos de un fotógrafo que lo dejó morir por un premio.
Ruanda, 1994

Lo absolutamente sagrado no esta en el rito. No esta en la trascendencia más allá del orbe. No es la otredad infinita fuera de nuestro mundo. Lo sagrado esta en la palabra que exige la presencia del OTRO. Por ello no hay más sagrado que una oración salida desde el desconsuelo, salida desde la profundidades del sufrimiento humano; desde el abismo mismo del dolor en todas sus manifestaciones. Poderoso dolor que nos estremece con sólo concebirlo desde la noche oscura del cuerpo y del alma. 

Hoy tuve el honor de ver un muy bien logrado documental musicalizado sobre la Tercera Sinfonía de Górecki, conocida también como la "sinfonía de las lamentaciones", realizado por Tony Palmer, que incluye -entre los movimientos -comentarios del mismo Górecki. El gran compositor polaco, sobreviviente al terror de la segunda guerra mundial, siguió considerando que este esta época actual, no ha eliminado para nada las condiciones de horror de la infausta guerra. En general, este creyente cristiano, Górecki, tenía una percepción bastante pesimista de la condición humana. 

Cuando leía los textos cantados de la sinfonía, pude comprender aquello que líneas arriba mencionaba. La sacralidad no proviene de los cielos, sino de la tierra. No está en el dios de papel de los "panteones de lo divino", sino en la palabra humana, en la sencilla y transparente palabra humana que, en su desesperación absoluta, clama al absoluto sea cual fuere su contenido y forma. 

Si pienso en una oración de sincera convicción, proveniente desde el corazón más sufrido, se me viene a la mente los hermosos y diáfanos textos de esta gran obra de Górecki. Sinfonía mayor que algún crítico francés dijera, tras su interpretación parisina, "obra aburrida". Me imagino que no la entendió. Para él, para este crítico ahora anónimo, la hondura de la palabra es de por si aburrida y grandilocuente. 

Ahora pienso en Górecki y le agradezco la osadía de haber sido él mismo, más allá de las modas; más allá de las cosas que muchos artistas han buscado desde hace un siglo. Gracias a Górecki mi fe empieza tornarse más austera y por eso, quizás, más completa para mi. 

Primer movimiento: Lento - Sostenuto tranquillo ma cantabile (fragmento final)

Mi querido hijo, mi predilecto,
comparte las heridas con tu madre.
Ya que he sido yo, querido hijo,
quien te ha llevado en el corazón,
y quien tan fielmente te ha servido.
Háblale a tu madre para hacerla feliz,
pues ya me abandonas, dulce esperanza mía.





Segundo movimiento: Lento e largo – Tranquillissimo

Mamá, no llores, no.
Inmaculada Reina de los Cielos,
apóyame siempre.
Ave María, llena eres de gracia



Tercer movimiento: Lento - Cantabile semplice

Oh, cantad para él,
pajarillos cantores de Dios,
porque su madre
no puede hallarlo.

Y vosotros, florecillas de Dios,
floreced a su alrededor,
para que al menos mi hijo
pueda disfrutar soñando.

viernes, 11 de marzo de 2011

Sinfonía para un astrónomo



Astrónomo, oficio mayor. De él depende la dimensión de nuestro asombro, el reconocimiento de nuestra pequeñez cósmica y la grandeza de nuestras búsquedas superiores. ¡Qué no hubiese dado por ser astrónomo! ¡ Y cuán lejano he estado del talento necesario para la ciencia astronómica! Los logros gigantes de este bello saber: Copérnico, Galileo, Kepler, Brahe, Huygens, Newton, etc, dejan ridículamente pequeño cualquier pretensión de poder humano. La clase política y empresarial se evidencian en su real bajeza. Así, el  hombre de gobierno y el millonario se sitúan en la escala más baja de humanización. En cambio, astronomía y música se muestran como los puntos altos de nuestra condición. ¿Habrá algo más maravilloso que los astros y la armonía celeste? ¿No es acaso la música, la gran música, el modo como el ser humano celebra la belleza de la noche estrellada? 

El gran compositor polaco Henryk Górecki (1933-2010), compuso en 1972, para conmemorar los 500 años del nacimiento de Nicolás Copérnico, la Sinfonía n. 2 Op 31 "Copernicana". Górecki utilizó textos de los salmos 135 y 145 y partes del libro de Copérnico: De revolutionibus orbium coelestium. El compositor quiso poner de relieve lo que significó el descubrimiento de Copérnico, a saber, el cambio de visión integral que se logra después se pasar del geocentrismo al heliocentrismo. Un cambio cultural  importante en términos cualitativos y de percepción de la humanidad sobre si misma. 

La obra está dividida en dos movimientos sin nominación tradicional y esta concebida para soprano, barítono y coro.

Primer Movimiento





Segundo Movimiento. Aquí interviene el coro, la soprano y el barítono. Impresionante.



lunes, 6 de diciembre de 2010

La dimensión compasiva de la música: el valor de la contemplación

Abrazo Azulado de Josefina Chiappe, pintora argentina
Desde que empecé con este blog hace más de tres años, siempre fui consciente que pocas personas iban a leerlo. La música académica no es popular, aun cuando la exposición cada vez más abundante del classical crosower haga creer lo contrario. Además, porque el devenir de la música se dirige a puntos de referencia cada vez más lejanos a la música académica. El ecosistema cultural, al experimentar cambios cada vez más grandes, obliga a la tradición musical clásica a adaptarse a lógicas de consumo y disfrute inconcebibles en el momento originario de composición. La música de los maestros se transforma en un producto más dentro del abanico infinito de composiciones que se ofrecen por indefinidos canales de difusión. Pero a pesar de su fácil adquisición, no es popular como el hip hop, la cumbia sudamericana, el pop o el rock. ¿Por qué? Hay muchas razones. Pero pienso que se debe más  a una cuestión estética que sólo educativa. La música selecta precisa  tiempo, necesita un espacio de concentración para alcanzar un disfrute más pleno y reconocer sus valores múltiples. Hoy en día cada vez más las personas están menos interesadas en utilizar un espacio largo de tiempo para  disfrutar de la obra de arte y acceder al conocimiento de lo real a partir de ella. En el imperio de la inmediatez, en el imperio de lo efímero (como decía Lipovetsky), la obra de arte debe ser concebida tomado en cuenta tres elementos: sorprender de golpe, ser fácilmente digerida y aceptar su rápido deshecho. El consumidor cultural fagocita ansiosamente el producto/obra;  una vez satisfecha la ansiedad la expulsa con la misma facilidad con la que lo consiguió. Esa ansiedad indica un enorme barullo interior, una legión de ruidos internos, una vorágine que arrastra al yo a una incapacidad de poder procesar la experiencia sensorial.  

De ahí que sea dificultoso para el oyente popular pretender escuchar obras que precisan de silencio interior, de concentración y de información previa. Pues sólo aquel que disfruta del silencio (interior y exterior) está en condición de posibilidad de acceder a la gran música. Por eso, el final de la música académica se dará el día que ya no existan oídos atentos y  corazones y cerebros serenos. ¡Sólo Dios sabe a dónde irá todo esto! Pero por una cuestión formativa, no estoy entre los pesimistas acerca del futuro de la música académica. Pienso que tarde o temprano al cultura humana vivirá un sacudón de dimensiones inesperadas que la obliguen, en última instancia, recuperar el mayor don dado por Dios al ser humano: la capacidad de contemplar. Pues es la contemplación la que nos permite el gozo, la admiración, la reflexión y la creación. Y que en ese estado de silencio fecundo se vuelva producir un sonido, no cualquier sonido, sino aquel sonido forjado desde la unión de los sentimientos y las razones, desde la armonía y la invención. 

Pero más allá de estos deseos sobre el futuro de la música académica, ¿cuál es la mayor consecuencia de la ausencia contemplativa en la percepción de las artes y en la música? Nuevamente pienso que hay varias consecuencias. Tanto sociales, culturales como estéticas. Sin embargo, la mayor consecuencia de la incapacidad de contemplar es moral. Quien no puede contemplar, quien vive en el ruido interior absoluto, es incapaz de sentir y percibir  la presencia de otro. Y, por lo tanto, carece de compasión. Somos compasivos porque hemos aprendido a serlo. Un aprendizaje que tiene que ver con nuestra capacidad de percibir el mundo, seleccionando y distinguiendo aquello que es bueno o malo para el ser humano. El saber de lo bueno y de lo malo, está en relación con la capacidad de despejar las sombras de la bulla interior, aquellas que no permiten que entremos en contacto con nosotros mismos. Al hablar de saber, le confiero la dimensión de aprendizaje al contemplar. Pues se trata de ver, oír, oler y sentir, no con los órganos sensoriales, sino con el corazón y cerebro. Y ese es un aprender que viene de una experiencia rica en posibilidades de contemplar.

Pero la finalidad de la contemplación no se reduce al hecho sólo estético. Hay un salto a una dimensión trascendente que nos conduce al descubrimiento del otro y a ser parte de la vida del otro. Y por lo mismo, a acompañar al otro en su sufrimiento, aun cuando no podamos hacer nada fácticamente contra el padecer. La música nos puede enseñar compadecer en la medida que nos sitúa en nivel de encuentro con el sufrimiento del otro. Música no sólo para las esferas, sino también para reconocer que todos, de algún modo, podemos sufrir y que necesitamos que otro perciba y acompañe nuestro sufrimiento.

El 12 de noviembre murió Henryk Górecki, gran compositor polaco, célebre sobre todo por la tercera sinfonía Op 36, compuesta en 1976. La obra, como sabemos, ha tenido un éxito descomunal y merecido; es una composición que a pesar de su sencillez temática, es rica en atmósfera convincentes. En el segundo movimiento Lento e largo - Tranquillissimo, se escucha un texto debido a una joven polaca detenida por la Gestapo, durante la ocupación Nazi de Polonia. Helena Wanda Blazusiakówna de 18 años, fue encarcelada en Zokapane , ciudad al sur de Polonia  y murió a fines de 1944. En su oscura prisión, en la celda n. º 3, la joven Helena escribió:

Mamá, no llores, no.
Inmaculada Reina de los Cielos,
apóyame siempre.
Ave María, llena eres de gracia.

No encuentro mayor ejemplo de la relación entre música y compasión.