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martes, 14 de enero de 2014

Visiones de la esperanza en Claudio de Lorena y en Meindert Hobbema

Claudio de Lorena. Puerto con embarque de la Reina de Saba. 1648
En la pintura de Claudio de Lorena (1605-1682) se unen los tiempos. Lo que une las edades del hombre es la luz y el horizonte. Siempre hay un camino que nos lleva al ocaso. Pero como suele ser en estos casos, el crepúsculo puede ser la intuición de los ciclos del renacer constante. En la pintura de Claudio de Lorena no hay una "historia del error", pues no importa que el verdadero mundo sea, finalmente, accesible al sabio, al cristiano, al filósofo nórdico o al científico. No importa el mundo real. Aquí todo es posible, la constante horizontal, la luz, el ocaso, la aurora, todos los tiempos de nuestro mundo. 

La avenida de Middelharnis, Meindert Hobbema, 1680. 


He caminado innumerables veces esa alameda. He visto al perro y al hombre. He olido el campo de alrededor y he conversado con el agricultor acerca del tiempo, de las nubes y de los relojes. Mis zapatos se han llenado de tierra y no me ha importado. He recuperado el sentido de la eternidad en un momento que recuesto sobre la hierba debajo de un árbol. Meindert Hobbema (1638-1709) estuvo aquí conduciendo mi camino hacia el infinito. Esta es la vida, me digo. Hacia el final todo es posible. 


Händel me ayuda ver estas visiones finales...

martes, 23 de octubre de 2012

Un Pensiero Voli In Ciel en el mediodía de hoy

Hándel joven


Un Pensiero Voli In Ciel

Un pensiero voli in ciel,
se in cielo è quella alma bella
che la pace m'involo,
Se in sverno è condannato,
per avermi disprezzato,
io dal regno delle pene il mio bene rapirò.

Tercera aria del Delirio Amoroso HWV 99 del gigante Händel. Estamos en Academia de la Arcadia, en 1707. Un culto cardenal y poeta, Benedetto Panfili, le da al "sajón" el texto. Es una obra  temprana, del periodo romano del "sajón". Nunca más Händel volverá a escribir a ese nivel. Insisto, Inglaterra no le hizo tanto bien al cíclope del barroco. Y esta tercera aria, junto a Per te lascai la luce, iluminan este cielo de primavera mucho más que el sol.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La miseria sin música

En la miseria, la vida se reduce a buscar qué comer, con qué vestirse y dónde dormir. La miseria es la reducción de la condición humana al estado básico. Todo esfuerzo vital se dirige a satisfacer lo más elemental. En la miseria no hay vuelo, no hay altura. Es imposible la humanización. La miseria es la derrota humana, es el mayor fracaso. 

Como no podría ser de otra forma, la miseria construye sus propios hábitos, sus propias costumbres. Existe un imaginario tenebroso alrededor de la miseria. En la falta de horizontes, el pobre extremo, asume que la única forma de vida se desarrolla a partir de sus carencias. No hay nada más. No hay ciencia, no hay filosofía, no hay arte. El pensar abstracto no se enuncia y la es belleza algo inasible. Tampoco no hay erotismo, sino genitalidad reproductiva. En la miseria somos solamente animales. 

Por eso, en la miseria, no hay música. Y si la hay, es la más violenta. Violencia que no es la crudeza del bello sonido metálico. Sino, violencia de lo declaradamente feo. Brutezza que demuestra la ausencia  de horizontes para hurgar en las formas y contenidos. Por eso no hay música en el grado cero de la civilización. Sólo necesidad exponencial sin posibilidad del reino de la libertad. 

Pero hay una situación peor. La miseria que se mantiene más allá de la superación de la miseria. Una vez satisfechas las necesidades ampliamente, se conservan las prácticas y hábitos de la miseria. Cultura de la miseria que se transforma en desprecio por toda amplitud de horizontes, tanto de la vida teorética, como de la vida creativa. En ese escenario,  no hay música amable. La miseria entró a la mente y germinó una cultura. Con mucho dinero y capacidad de gasto ilimitado, pero sin deslumbramiento por las formas. Movilidad social que no conllevó una movilidad del espíritu. Es el grado cero de lo humano. Hay responsables.

Por ello, también, la música es proclama de superación. Ampliación de horizontes, un alegato por la vida buena y bella. Cada vez que oímos una sinfonía de Brahms o una aria de Händel, nos enfrentamos a la cultura de la miseria que reduce toda la experiencia humana al grado cero de civilización. 

Un poco sostenuto – Allegro – meno Allegro de la Sinfonía n. º 1 en do menor Op 68 de Johannes Brahms. Alegato musical contra todo tipo de miseria. 






Per te lasciai la luce de la cantata secular Delirio Amoroso HV99 de G. F. Händel. Acaso una de la mayores proezas del lenguaje lírico. Intensidad y altura contra la barbarie de cualquier tipo.