lunes, 16 de noviembre de 2009

Océano Pacífico

Día solar. Vivaldi. Deseo de estar en la playa, siempre en la visión, en mi visión, del Océano Pacífico. Respirar el olor marino, colmando mis pulmones y, de ahí., la sangre, el corazón, la corteza cerebral, los huesos. Nuevamente Vivaldi. Y, de ser posible, en el atardecer, una cerveza fría y un cigarrillo fumado pausadamente. 

Patria es pertenencia. No se si es mi caso.  No veo las cosas en clave gregaria (me repele la tribu). Sin embargo, algo me dice que tarde o temprano estaré de forma indefinida en este lugar. Una casa, lejos, muy lejos de todos y de todo. Libros, música, un piano. El cielo gigante, sin límites y el océano azul-verde, símbolo de todas mis esperanzas. 

Concierto para cuatro violines en si menor RV 580. L'estro Armonico, Op.3, Concerto No. 10. Antonio Vivaldi (obra que le cambió los límites a Bach) Movimientos: Allegro- Largo e spiccato-Allegro.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Tempestades y aguas mansas


El mismo hombre leyó The Tempest de Shakespeare, es el mismo hombre que escribió el Testamento de Heiligenstadt. Y en esa carta tremenda el maestro decía:  “Nacido con un temperamento ardiente y vivo, hasta inclusive susceptible a las distracciones de la sociedad, fui obligado temprano a aislarme, a vivir en soledad, cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente  realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mi, decirle a los hombre, habla mas fuerte!, grita!, porque estoy sordo. Ah! Como era posible que yo admitiera tal flaqueza en un sentido que en mi debiera ser mas perfecto que en otros, un sentido que una vez poseí en la mas alta perfección" 


Y más adelante escribe con fuerza: "Oh Dios, tú miras desde lo alto en el fondo de mi corazón, y lo conoces, sabes que en él moran el amor a los demás y el deseo de hacerles el bien! Vosotros, hombres, si leéis un día esto, pensad que habéis sido injustos conmigo, y que el desventurado se consuela al encontrar a otro desventurado como él que a pesar de todos los obstáculos de la naturaleza, hizo cuanto estaba a su alcance para ser admitido en el rango de los artistas y de los hombres de elección". 


Ese fue el tenor del Testamento de Heiligenstadt, escrito en 1802 y dado a conocer después de la muerte del maestro.  Y ese 1802 compone la sonata para piano en re menor número 17 N. 2 Op 31 "La Tempestad". Años en el que el volcán esta en plena erupción, con tal fuerza que partiría el universo y se lo propusiese. Pues entre 1801 y 1812, once años, el maestro realizó uno de los mayores esfuerzos de renovación de la historia de la música. En todo ese proceso, Beethoven avanza a pasos agigantados. Y resulta sorprendente cómo una corteza cerebral es capaz de producir todos esos sonidos poderosos, en la altura y en el abismo. En esa década, se define el paso del clasicismo al romanticismo. Todo retorno al pasado será en vano, por no decir ingenuo. Es cierto, en la sonata "Patética" de 1799, ya se vislumbraba el alud. 


Ayer y hoy el amanecer me regaló la "La tempestad", interpretada por la Helene Grimaud. He escuchado y he admirado versiones históricas como las de Richter, Gould, Kempff, entre otros. Sin embargo, hace tiempo buscaba otra versión. Quería un Beethoven con otra temperatura; menos místico y menos universal; más natural, terrestre y ligado a la existencia individual. Pienso que Helene Grimaud me ofrece ese Beethoven, una tempestad que termina, un Testamento de Heiligenstadt que logra superarse. Como realmente pasó. 


Tercer movimiento: Allegro. La Tempestad N. 17 N. 2 Op 31.Ludwig Van Beethoven. Piano: Helene Grimaud

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Sin otra precisión que esa

"Una leyenda", es el título. Y cuando se escucha, la imaginación vuela. "Había una vez.....". Y la imaginación sueña con la aventura, pero con cierta nostalgia. Pues en toda aventura hay cierta nostalgia. En Saga Op 9, de Jean Sibelius es todo eso. O implica mucho más que lo que los oídos perciben. Un discurso musical concentrado que conlleva al misterio y a la ensoñación. ¡Qué bella obra! El motivo épico se construye a partir de varios  bordes rítmicos. Las transiciones se encuentran hilvanadas sobreponiéndose. No hay rupturas. La continuidad se desenvuelve en tono narrativo. Las "palabras" surgen de las luces, de las sombras y de las  imágenes que se mueven en el mar, entre las nubes y montañas. La realidad adquiere una dimensión fantasmal en tensiones simultáneas. Irrealidad-realidad. Pero afortunadamente la realidad pierde. ¡Qué bueno!

En saga Op 9 -Jean Sibelius.



lunes, 9 de noviembre de 2009

De bueyes y tejados

Después de su paso por Brasil, Darius Milhaud (1882- 1974), regresó a Francia y recuperó contacto con el "grupo de los seis". Así, estrenó en 1920 su obra para ballet El buey en el tejado Op 58a  (Le boef sur le toit). Es sorprendente la diversidad de referencias populares que tiene esta obra, empezando por la presencia, omnipresente,  de la música brasilera, pasando por el tango, la rumba  e incluso el fado portugués. Todo ello unido por un rondó que aparece tras cada melodía. Asimismo, la diversas situaciones que se "danzan", cada cual más disparatada.Claro, estamos en 1920, en París, a poco tiempo del surrealismo.

Este divertimento, enfáticamente divertido, le debe su nombre a una conocida canción popular de Brasil. Hoy en día sigue siendo tan provocadora como entonces. Sólo imaginar esta escena concebida por la traviesa mente de Milhaud: un travestí baila con la cabeza de un policía decapitado.

Le Boef sur le toit Op 58a. Darius Milhaud





viernes, 6 de noviembre de 2009

Encuentros con Telemann

No lo puedo negar. Me encanta Telemann. Después de varias semanas prendido a los diversos horizontes románticos (la constelación romántica), un encuentro con Telemann es mirar conmovido la sabiduría tradicional. Los músicos maestros, los artesanos del sonido, aquellos que sólo hacían música; tan necesarios para comprender porque la música es "la misteriosa forma del tiempo".

Es cierto. La audición de los músicos artesanos se da desde una comprensión bastante distinta a la original. Lo que encuentro en la música de Telemann, probablemente no halla sido planteado por el maestro. Soy yo quien elabora esta obra desde mi pequeña ubicación espacio temporal. Así, lo que encuentro en Telemann es algo que sólo yo puedo encontrar. Pero hay tanto que encontrar en esa enormidad que es Telemann, el músico más prolífico de la historia. Artesano del sonido.

1) Presto 2) Allegro 3) Presto - Adagio - Allegro. Concierto a seis para flauta y violín TWV 52: e3. Escuchen el presto del tercer movimiento y díganme si estoy equivocado.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Hacia el final

La primavera trae sorpresas. Incluso en el clima. Hasta ayer, varios días soleados. Hoy la experiencia de cierto vacío (a la  limeña) del cielo gris. Es como si hubiésemos pasado de un allegro cantabile a un andante . No llega a ser un adagio ni largo, pues es posible que en unas horas el sol se asome con la calidez propia de un allegro (quizás ma non troppo). Así, el clima es música y la música, clima. 


Desde el domingo escucho a Chopin. Hace mucho tiempo que no me detenía en el gran compositor polaco. En lo personal, me gustan sus conciertos para piano; aunque no tengan el nivel de otros. Ciertamente, también disfruto y admiro su copiosa producción pianística. ¡Qué melómano no ha asistido a varias temporadas melancólicas con Chopin! Hay tantas composiciones de calidad que resulta abrumador y arriesgado preferir algunas. Esta vez Chopin ha venido en forma de sonata para piano y violonchelo. Cuatro movimientos:  allegro, allegro con brio, largo y finale, esta obra se ha convertido en el referente para comprender el paso de las sonatas para piano y violonchelo de Beethoven y Schubert,  pasando por las de Schumann y Mendelssohn, a las de Brahms. Pues, aun cuanto comparten espíritu con las de Schumann y Mendelssohn, se evidencian ciertos recursos que serán explorados por la segunda generación de músicos románticos (como el mismo Brahms, Dvorak, etc). 


Pero no sólo es lo formal lo que me seduce de esta obra. Sobre todo, el dimensión trágica que se evidencia en la sonata. En 1846, año de su composición.Chopin se halla en la cima de sus conflictos personales. Todo ello acrecentado por la publicación, en ese año, de Lucrezia Floriani de George Sand, obra en la que el personaje Karol, Chopin, quedaba en una posición nada favorable. En todo caso, la sonata presenta momentos notables, tomando en cuenta las reconocidas limitaciones que Chopin tenía en la composición con instrumentos de cuerda. Un ejemplo de esas limitaciones es el Trio para violín, violonchelo y piano Op 8. Sin embargo, en la sonata para piano y violonchelo, esas limitaciones son superadas largamente por el talento genuino del gran compositor polaco. 


Allegro. Sonata para piano y violonchelo Op 65. Federico Chopin. Violonchelo: Maria Kliegel. Piano: Bernd Glesmer




Allegro con brio



Largo



Finale

lunes, 2 de noviembre de 2009

20 años han pasado

Por estos días, hace veinte años, cuántas cosas empezaron a caer. No sólo el muro que partía a una ciudad mítica (por las dimensiones de la tragedia). También, varios de los regímenes que se edificaron sobre una transgresión  ideológica que no tenía nada del ideal originario. Qué rápido se vino abajo todo. Con qué facilidad, uno tras otro, se derribaban los poderes que se creían incólumes. Y qué ingenuidad era pensar que el mundo que estaba apareciendo, tras las caídas, iba ser el mundo de la reconciliación entre los dilemas ideológicos.


En realidad, la Segunda Guerra Mundial terminó en 1989. La "guerra fría" no fue más que la coda de la tragedia de los extremos. Una larga coda que movió los sentidos, las prácticas y los conceptos de gran parte de la tierra, concretizada en personas de carne y hueso. Revolución-reacción, pasado-futuro. Hombre nuevo- hombre viejo. Escatología secularizada de un lugar y otro. El siglo XX fue la preparación para la gran guerra y, al mismo tiempo, la estrategia para salir de ella. Pero no salió tan fácilmente. Aun quedan vestigios poderosos de esa era.


20 años han pasado. Cuánto tiempo de aquellas semanas vertiginosas. Pero fue a inicios de la década de los noventa cuando vimos en su exacta dimensión la magnitud de lo que había acontecido.


Kyrie, Dies Irae y Tuba Mirum. Requiem Polaco. Krzysztof Penderecki.