330 años cumple este lunes que viene el mayor músico de toda la historia. No se que podría decir. De pronto la voz de un poeta sea, quizás, la más adecuada en este caso.
Comparto un poema del escritor mexicano Jaime Sabines en honor al "artesano mayor".
Por alguna razón especial, la música de Arvo Pärt ( Estonia, 1935) se ha convertido en un suceso en la última décadas. ¿Qué nos ofrece la obra de Pärt? Quizás aquello que le falta al mundo desde hace muchas décadas: silencio y hondura. Además, fue capaz de reducir a proposiciones sencillas y simples todo el universo sonoro. Porque eso es el minimalismo, una abstracción monumental que sólo se puede entender cuando se llegó a decir todo lo que se podía decir.
La música de Arvo Pärt es como la filosofía de Wittgenstein, sobre todo del primer Wittgenstein; cuando el insigne filósofo austriaco estaba obsesionado con reducir todos los problemas del pensamiento a un conjunto de enunciados claramente vitrificables. Algo así ocurre con la música de Arvo Pärt. El gran músico concentra en los sonidos esenciales gran parte de universo sonoro. Y desde allí explora en el silencio y en sus asombrosas posibilidades.
Pienso que la obra de Arvo Pärt será considerada como fundamental en la historia de la música más adelante. Hoy gusta. Pero en el futuro será la muestra de lo que pudo hacer en la música al final del siglo XX e inicios del XXI.
Por otro lado, en la obra de Pärt se puede comprender las semillas de una nueva comprensión de la fe cristiana tras el siglo de la extrema secularización. No es que exista una reintegración fundamentalista entre fe y cultura. Por el contrario, hay una superación del dilema creer-no creer. La espiritualidad de la música de Arvo Pärt, está más allá del contenido ex profeso. Es el arribo de una nueva forma de afirmar el mundo como experiencia de fe mayor.
A lo largo de este año, vamos a escribir varias entregas sobre este gran músico. Como debe hacerse ante compositores de primer orden.
Alexander Scriabin (1872- 1915), junto a Mahler, a Rachmaninov, a Sibelius y al mismísimo Debussy, se encuentra entre los compositores situados al término del último romanticismo y a los albores de la estética musical del siglo XX. Como muchos han anotado en diversos momentos, pienso que la música de Scriabin es particularmente inclasificable. Sin embargo, a pesar de este rótulo, fue el mayor exponente de la música rusa en el cambio de siglo. Además, quien podría ser considerado el portavoz eslavo del modernismo musical. Scriabin fue moderno es un amplio sentido. No bajo la visión vanguardista. Más bien en la sensibilidad, consiente de la evidente decadencia del viejo orden.
No pretendo hacer una semblanza biográfica de Scriabin, pues muchas se encuentran en la web. Deseo llamar la atención de un hecho que siempre me ha parecido conmovedor en la vida de Scriabin: el no poder firmar a su hijo Julian con su apellido. Sucede que la primera esposa del compositor le negó el divorcio, siendo imposible legarle el apellido al talentosísimo Julián,
Otro hecho, que estuvo más allá de la vida de Alexander Scriabin, fue la muerte de Julian Scriabin en 1919, cuando éste contaba con tan sólo 11 años. Julian fue también compositor y nos dejó algunas breves obras. De casta le vino al galgo.
Muchas son las obras de Scriabin que merecen ser escuchadas. Pero es necesario enfatizar el valor de algunas que resultan necesarias en cualquier colección:
1. Concierto para piano en fa sostenido menor, op. 20.
2. Poema del Éxtasis
(Le Poème de l'extase), Op. 54
3. Prometheus: El poema
del Fuego, Op. 60.
4. Sonata para piano
No. 1 en Fa menor, Op. 6
5. 24 Preludes, Op. 11
6. Estudio en do sostenido
menor, Op. 2, n.º 1
7. Fantaisie en Si menor,
Op. 28
8. Sonata No. 9 "Black Mass", Op. 68
9. Rêverie, Op. 24
10. Vers la flamme, Op. 72 Concierto para piano y orquesta en fa sostenido, op 20.
¿Qué más se puede abundar sobre el mayor músico de la historia? Cualquier juicio sobre él es caer en la misma reiteración. En este caso, deseo compartir algunas palabras que sobre Bach han vertido otros grandes compositores y músicos. Se trata de ponderar la obra del "artesano mayor" a la luz de los músicos que asumieron y valoraron su legado.
1. Beethoven
En una carta enviada a Hofmeister, el 15 de enero de 1801, Beethoven escribe lo siguiente: " Que quiera publicar las obras de Sebastián Bach es algo muy grato a mi espíritu, que admira sin reservas a este primer padre de la armonía, y deseo verlo pronto progresar; desde aquí yo también espero contribuir con algo, tan pronto como acepte una pre suscripción".
2. Mozart
Una publicación periódica, la Allgemeine Musikalische Zeitung del 21 de noviembre de 1798, se hace mención a una visita que hiciera Mozart a la iglesia de Santo Tomás en Leipzig en 1789. En aquella reseña se dice lo siguiente: "Por iniciativa del estonces Cantor de la iglesia a de Santo Tomás de Leipzig, el difunto Doles, el coro sorprendió a Mozart con la interpretación de un motete, del patriarca de música alemana Sebastián Bach. Mozart conocía a este Durero de la música alemana más de oídas que por sus propias obras...Apenas había entonado el coro unos compases, cuando Mozart se quedó asombrado. Tras unos compases más, grito "¿qué es esto?, y parecía escuchar con toda su alma. Cuando hubo terminado el canto, exclamó ¡Por fin algo de lo que se puede aprender¡"
3. Wagner
Varios juicios sueltos, dichos en diversas circunstancias:
"El más maravilloso enigma de todos los tiempos"
"Es como la voz de la cosa en si...Bach escribió mucho inconscientemente, como en sueños; la melodía infinita ya está ahí prefigurada".
Y escribiendo sobre la influencia de Bach sobre Beethoven, dijo: "La maravillosa obra de Bach fue para Beethoven la biblia se fe, en ella leía lo que sólo el ojo del espíritu alemán, sólo su oído podía percibir, lo que le impulsaba desde la más íntima revelación a la irresistible protesta contra todo ser externo dirigido contra él".
4. Debussy
En su ensayo "Sobre el gusto", el gran compositor francés, escribió: "Miremos hacia Bach, el buen dios de la música, a quien los compositores deberían dirigir una oración antes al trabajo, para que los proteja de la mediocridad".
5. Brahms
Johannes Brahms, acaso el mayor conocedor de la historicidad de la música y más consciente de la misma, fue abonado de la Antigua Sociedad Bach y poseía una copia de la obra completa conocida en ese entonces. Brahms dijo en una oportunidad: "Para mi, cada volumen de la obra de Bach es un mundo nuevo". Y cuando se le preguntó cuáles habían sido los mayores acontecimientos de su vida, dijo "la fundación del Imperio Alemán y la publicación de la obras completas de Bach".
6. Casals
El gran violonchelista y compositor catalán, escribió: "Amo toda la música, pero no podría empezar el día con otro compositor, Bach nos enseñó lo que es la música. Primero esta Bach, luego todos los demás".
7. Berg
En una carta a su esposa, Alban Berg escribe: "Ayer, el Arte de la Fuga de Bach. ¡Maravilloso¡ Una obra que hasta ahora se consideraba matemática...¡música de la mayor profundidad¡".
8. Schönberg
En ensayó que el músico escribió con el claro y conciso título "J. S. Bach", escribió: "Bach conocía más secretos de los que nunca posyeron los holandeses, amplió estas reglas para que abarcases los doces tonos de la escala cromática. En ocasiones. Bach trabajaba con los doces tonos de tal modo que uno podría sentirse inclinado a denominarlo el primer compositor dodecafónico".
Si estos compositores fueron capaces de valorar en su real dimensión la obra del gran Johan Sebastian Bach, ¡qué más decir¡ Sólo nos queda seguir admirando, por siempre, el legado de este formidable exponente de la raza humana.
Los seis concierto de Brandenburgo es una interpretación célebre. Karl Richter.
No hay día que no encuentre algo que me emocione y estimule mi pensamiento, mi imaginación, a pesar del inmenso y descomunal poder que tienen las costumbres pedestres en este insignificante país de variada gastronomía. Felizmente existen otras cosas, otro tipo de existencias que logran abrirnos a un mundo que posee su propia consistencia, lejos de las vivencias de la tribu.
Ayer escuche -por enésima vez- La Canción de la Tierra de Mahler. Y estuve leyendo algunas reseñas del último libro de Peter Watson, La Edad de la Nada. Asimismo, el amanecer dibujo en el cielo enormes resplandores amarillos y naranjas, similares a unas fotografías de Quasars que vi hace unos días.
Esta es mi vida, lejos de la derecha, lejos de la izquierda; lejos del neoliberalismo y también lejos del interculturalismo étnico; igualmente, lejos de la teología de la liberación y lejos de las teologías dogmáticas conservadoras. Vida sin utopías sociales ni ideales (porque son terribles), pero tampoco de pesimismo lacerante (porque es horroroso y paralizante).
Me emociona el saber en todas sus manifestaciones; la ciencia, lo que pueden hacer y seguir haciendo las diversas ingenierías. Me apasiona la lectura histórica del mundo social y sus construcciones. Vivo en un estado de fascinación constante por la complejidad y la apertura infinita de lo real. Como decía Nietzsche en Zaratustra y nos trae Mahler en su tercera sinfonía: "El mundo es profundo. Y más profundo de lo que el día recuerda".
Lástima que la vida dure unos años menos que una centuria. ¡Hay tanto que me gustaría ver¡ ¡ Tanto que quisiera conocer¡ ¡Tanto qué vivir¡ Una vida no basta. No veré la colonización humana de Marte. Tampoco el fin de la muerte transhumano. No veré la terratransformación de otros planetas, Ni tampoco lo viajes por el espacio-tiempo en los agujeros de gusano creados por la ingeniería humana. Ni la música, ni los edificios, ni la danza del siglo XXII ó XXIII. Curiosidad omnivora la que me consume.
Me queda fascinarme con las cosas interesantes que me rodean, emocionarme cuando encuentro un argumento bellamente estructurado o una hermosa teoría. Consumir un libro como si la vida se me fuera. Y oír música para viajar por el universo que me asombra. Siempre he sido así. Esa es mi identidad: pensar libremente hasta el último día de la vida.
Dios Padre en los primeros días. Willian Blake, 1794.
1791. Haydn se encontraba en Inglaterra, en uno de sus tantos viajes a la Europa Insular. Ese mismo año, su joven amigo - Mozart- moría en la más asombrosa miseria. Cuando Haydn concebía el oratorio La Creación, el gran músico austriaco había tenido la oportunidad de conocer y admirar las obras de Händel y de Bach. Pero fue sobre todo la obra de Händel la que le llenó de asombro. Haydn pudo conocer los lugares en donde el "sajón" había compuesto los más grandes oratorios barrocos: El Mesías, Judas Macabeo, entre otros logros del eminente Händel. Además fue consciente de la admiración que le profesaba Inglaterra.
De regreso a Austría-Hungria, Haydn le comentó a su amigo y mecenas aristócrata Gottfried
Van Swieten, su deseo de componer una obra de dimensiones similares al Mesías de Händel. Pero cuyo tema debería ser el fideísta e ilustrado tema de la Creación. Gottfried
Van Swieten, era masón, admirador de la mecánica celeste newtoniana, ilustrado en sus gustos y sus ambiciones. Educado en la corte imperial de José II, Gottfried
Van Swieten, mantuvo una relación cercana con todos los gigantes de la música vienesa: Haydn, Mozart, Beethoven. Imagen esa ambición estética.
Así, Haydn le pidió a Gottfried
Van Swieten la elaboración del libreto para este oratorio. Para tal efecto, Van Swieten se basó tanto en el Génesis como el Paraíso Perdido de Milton, uno de los libros más apreciados en la ilustración dieciochesca. Finalmente, el oratorio La Creación de Haynd se estrenó en abril de 1798, bajo el auspicio de Gottfried
Van Swieten y parte importante de la nobleza ilustrada autrohúngara. Como era de esperarse, La Creación fue un éxito desde su estreno vienés y en sus sucesivas interpretaciones europeas, siendo una de las más celebradas, el estreno en Londres con Haydn en la dirección aquel mismo año. La Creación de Haydn completa con subtítulos en castellano
Imaginemos que entramos a una muestra fotográfica. El tema: Retratos
de Grandes Compositores. Y ahí, de pronto, los rostros visibles que hizo
posible la música invisible se hace presente.
Por un momento, al mirar esos rostros y al hurgar en sus ojos, la
presencia de estos muertos se hace patente. Sin embargo, sabemos que están
muertos. Impresiona verlos. Los admiramos más.
Robert Schumann (1810-1856) Daguerrotipo sin autor.
F. Chopin (1810-1849) Daguerrotipo de 1849, por L. A. Bisson.
Richard Wagner (1813-1883) Fotografía sin referencia
Franz Liszt (1811-1886) Daguerrotipo de H. Biow.
Johannes Brahms (1833-1897) Fotografía de Shape
P. I. Tchaikovsky (1844-1893) Fotografía de A. Fedecki