lunes, 30 de abril de 2007

Coincidencia extraña


1903, nacen tres de los mayores pianistas del siglo XX. Arrau en Chile, Serkin en Austria y Horowitz en Rusia. En los tres espacios de occidente y sus variantes, América, Europa Occidental y Europa Oriental. Tanto Arrau como Serkin murieron en 1991. En cambio, Horowitz, en 1989.

!Qué extraña coincidencia se habría dado si Horowitz muriese un bienio después!


Otro elemento que los identifica es que fueron los últimos exponentes de la célebre escuela romántica, la que postulaba que el músico estaba llamado a ejercer una labor casi religiosa en ámbito artístico y cultural. A diferencia de los compositores de este siglo, concientes de las limitaciones integrales del artista. En ese sentido, los interpretes aun siendo notables, se encontraban bajo referentes estéticos algo atrasados respecto a los creadores. ¿Conservadurismo inevitable? Quizá. Por ello, en estas cumbres aun vibra cierta inocencia, una actitud de reverencia ante el legado de la tradición pianista. No hay sarcasmos, ni aproximaciones irreverentes. Una certera solemnidad, segura de lo que se recrea en cada pieza. Es evidente, nacieron en 1903, cerca, muy cerca, al gran siglo del piano.

domingo, 29 de abril de 2007

Sinfonía No. 14 de Shostakovich


Estrenada en 1969 y conocida por mi en el 2007. Pocas veces me he lamentado tanto como hoy de mi enorme ignorancia musical. Sabía quién era Shostakovich, podía reconocer la célebre sinfonía "Leningrado" y algunos de sus memorables cuartetos. Pero no era uno de mis héroes del siglo XX como Britten, Poulenc, Messiaen, Xenakis, Nono, etc. Se que los compositores que nombro se hallan en otros referentes estéticos y estilísticos, distintos a este imprescindible autor ruso. Sin embargo, después de oír y apreciar esta conmovedora obra, considero seriamente mirar con muchísima atención la vasta creación de Shostakovich.


Esta sinfonía se construye a partir de textos poéticos de Apollinaire, Garcia Lorca, Kuchelbecker y Rilke, cantados, a la "maniera" mahleriana, por una soprano y por un bajo. La atmósfera en general me resulta sombría y asfixiante. Desolación, burla mordaz, en suma, el ejercicio del dolor en su máxima expresión. Quizá las suites para violonchelo de Britten, amigo cercano de Shostakovich, poseen similar densidad y oscuridad. Sin embargo, y estas son las paradojas del arte, la sinfonía 14 es una obra, a pesar de su dolor, profundamente bella.


¿Cómo puede ser el dolor tan bello? El dolor no es bello. Pero bella es la forma con la que se le evidencia. El contrapunto entre la voz soprano y violonchelo en "El suicidio", con texto de Apollinaire, resulta terriblemente conmovedor. Me deja sin aliento, fascinado por las posibilidades de inspiración que pueden poseer los abismos. ¿Qué ideas manejaba Shostakovich al momento de emprender esta sinfonía? Su vida y su actitud política fue siempre muy contradictoria; dos veces se tuvo que retractar de sus convicciones libertarias en la Unión Soviética stalinista y postestalinista. El miedo al "Gulag", a la censura de los comisarios y al ostracismo cultural, pueden haber influido en sus arrepentimientos públicos. Probablemente, el dejar de componer le pareció más terrible que la falta de libertad. Hubiera sido muy difícil crear en las estepas siberianas o en un manicomio para enfermos de "individualismo burgués". Por ello optó por seguir siendo un músico del partido.


Ahora que escucho nuevamente la 14 de Shostakovich, sigo pensado en las ideas previas a la concepción de esta obra. Vislumbro, más allá de lo lúgubre, una luz que "deja siempre a la sombra vencida" (Miguel Hernández). ¿Cuál es esa? El ejercicio mismo de la creación que, a pesar de lo siniestro que pueda recrear, se evidencia por si sólo como un triunfo del espíritu. Y me reafirmo en lo creo: gracias al arte, todo aquello que en otros contextos puede parecer devastador, resulta bello y por eso mismo, esperanzador.

viernes, 27 de abril de 2007

Murio Rostropovich


Escuchar la hermosa versión de la sonata número 2 para piano y violoncelo de Brahms. En el piano Rudolf Serkin, en el violoncello Mitislav Rostropovich. Suspirar por tanta belleza, guardar silencio y resignarse a que los genios mueren. Me queda el recuerdo de las únicas veces que oí esta versión, en casa de un amigo, hace tantos años. Hoy murió Rostropovich.

viernes, 20 de abril de 2007

Hoy es Keats, el resto es silencio


"Las músicas oídas son dulces, pero más dulces son las no oídas"
John Keats (1795-1821)

Seriación poética: desde la orilla de Keats

ODA A UNA URNA GRIEGA

Tú, aún inviolable novia de la quietud,
tú, hija adoptiva del silencio y del tiempo tardío,
narrador silvestre, que así expresa
una historia florida mejor que nuestras rimas:
¿Qué leyenda frondosa persigue tu forma
de dioses o mortales, o de ambos,
en Tempe o en los valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses son esos? ¿Qué doncellas remisas?
¿Qué persecución demente? ¿Qué lucha para escapar?
¿Qué flautas y timbales? ¿Qué salvaje éxtasis?

Dulces son las melodías escuchadas, pero aquellas no escuchadas
son más dulces: por lo tanto, ustedes suaves flautas, toquen;
no a los sensuales oídos, pero, más querido,
toquen al espíritu canciones sin sonido:
¡Bella juventud, tras de los árboles, no puedes abandonar
tu canto, ni nunca pueden esos árboles estar desnudos;
audaz Amante, nunca, nunca la besarás,
aunque casi lo hagas-mas no sufras;
ella no puede irse, aunque no tienes tu felicidad
por siempre amarás, y ella por siempre será hermosa!

Ah, ramas afortunadas, afortunadas que no pueden perder
tus hojas, ni nunca decir adiós a la primavera.
Y, feliz músico, infatigable,
tocando siempre canciones siempre nuevas.
Amor más feliz, más, más feliz,
siempre caluroso y aún sin disfrutar,
siempre anhelante y siempre joven;
lejos de toda la pasión humana que respira,
que deja un corazón muy doloroso y hastiado,
una ardiente frente, y una abrasante lengua.

¿Quiénes son esos que vienen al sacrificio?
¿A qué altar verde, oh misterioso sacerdote,
llevas esa novilla que le muge a los cielos
y toda su sedosa caderas con aureola vestidas?
¿Qué pequeño pueblo junto al río o la playa,
montañas construidas con ciudadela pacífica,
se ha quedado sin gente, esta pía mañana?
Y, pueblo pequeño, tus calles para siempre
estarán en silencio; y ni siquiera una alma para decir
por qué estás desolado, podrá volver.

¡Oh, pura forma ática, bella actitud, trenzada
de hombres de mármol y de doncellas excesivamente decorada,
con forestales ramas y la abrumada mala hierba!
Tú, silenciosa forma, nos inquietas
como hace la eternidad: ¡Pastoral fría!
Cuando la vejez esta generación derroche
tú permanecerás, en medio de otro infortunio,
siendo una amiga del hombre, a quien le dirás:
“La belleza es verdad; la verdad, belleza —esto es todo
lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber”.

Ode on a Grecian Urn ( Versión original)

THOU still unravish’d bride of quietness,
Thou foster-child of silence and slow time,
Sylvan historian, who canst thus express
A flowery tale more sweetly than our rhyme:
What leaf-fring’d legend haunts about thy shape
Of deities or mortals, or of both,
In Tempe or the dales of Arcady?
What men or gods are these? What maidens loth?
What mad pursuit? What struggle to escape?
What pipes and timbrels? What wild ecstasy?

Heard melodies are sweet, but those unheard
Are sweeter; therefore, ye soft pipes, play on;
Not to the sensual ear, but, more endear’d,
Pipe to the spirit ditties of no tone:
Fair youth, beneath the trees, thou canst not leave
Thy song, nor ever can those trees be bare;
Bold Lover, never, never canst thou kiss,
Though winning near the goal - yet, do not grieve;
She cannot fade, though thou hast not thy bliss,
For ever wilt thou love, and she be fair!

Ah, happy, happy boughs! that cannot shed
Your leaves, nor ever bid the Spring adieu;
And, happy melodist, unwearied,
For ever piping songs for ever new;
More happy love! more happy, happy love!
For ever warm and still to be enjoy’d,
For ever panting, and for ever young;
All breathing human passion far above,
That leaves a heart high-sorrowful and cloy’d,
A burning forehead, and a parching tongue.

Who are these coming to the sacrifice?
To what green altar, O mysterious priest,
Lead’st thou that heifer lowing at the skies,
And all her silken flanks with garlands drest?
What little town by river or sea shore,
Or mountain-built with peaceful citadel,
Is emptied of this folk, this pious morn?
And, little town, thy streets for evermore
Will silent be; and not a soul to tell
Why thou art desolate, can e’er return.

O Attic shape! Fair attitude! with brede
Of marble men and maidens overwrought,
With forest branches and the trodden weed;
Thou, silent form, dost tease us out of thought
As doth eternity: Cold Pastoral!
When old age shall this generation waste,
Thou shalt remain, in midst of other woe
Than ours, a friend to man, to whom thou say’st,
«Beauty is truth, truth beauty,»- that is all
Ye know on earth, and all ye need to know.

jueves, 19 de abril de 2007

La Sinfonía para adolescentes, imprescindible


Una obra fundamental, dirigida por un conductor fundamental de la segunda mitad del siglo XX. Herbert Von Karajan (1908-1989) nos hiptotiza desde la parafernalia y pirotecnia más eficaz, desde la seducción barnizada de profundidad. Discutible como todo lo grande, pero jamás indiferente.

Recuerdos de Karajan: Sinfonía para adolescentes

Se que fue el último director de una generación de conductores célebres, inspirados en el totalismo mahleriano como Furtwangler, Walter, Klemperer,etc. De esos directores que transformaban la sala de ensayo en un campo de batalla, donde "la profundidad" y solemnidad postromántica eran el principio estético dominante.
Mis recuerdos con Karajan se remontan a más de dos décadas atrás. Cuando la televisión publicitaba colecciones populares de música clásica y se podía ir cualquier tienda de discos a conversar con los vendedores sobre obras, grabaciones, interpretes. Por aquellos años, la editorial Salvat editó la serie "Grandes Compositores" en fascículos, que incluían una grabación producida por las discográficas más importantes de música selecta. La primera entrega fonográfica fue la Quinta de Beethoven, con la Sinfónica de Berlín y dirigida por Karajan. En casa teníamos una versión bastante menos conocida, pero muy intensa y bien ejecutada. Pero cuando oí la interpretación de Karajan toda mi percepción sobre Beethoven cambió. Es más, considero que gran parte de mi idea de lo que debía ser una ejecución sinfónica fue trastocada por el vértigo atronador de Karajan y "su" Beethoven.
Ahora pienso que debió a la edad o quizá al hecho de no acceso a otras grabaciones. Hoy me siento más inclinado a preferir una dirección más íntima y esencial como las de Giulini o meditadas como las de Gardiner. La pirotecnia de Karajan no me atrae como antaño. Sin embargo, le debo a este mounstro tiránico y contradictorio (fue Nazi) el haber tenido momentos de absoluta felicidad en mi solitaria adolescencia melómana.
En estos momentos estoy escuchando esta versión y me pregunto quién era aquel muchacho que se emocionaba con esta grabación y quién es este hombre que ahora, a la distancia, analiza, compara y disuelve en teorías sus propias pasiones juveniles. Pero más allá de estas disgregaciones, reconozco que la melomanía actual le debe tanto a esta "sinfonía para adolescentes".