viernes, 20 de mayo de 2011

A la intemperie de la música



Bendita seas, materia mortal,  tu que, disociándote un día en nosotros, 
nos introducirás , por fuerza,  en el corazón mismo de lo que es.
Teilhard de Chardin.   Himno a la Materia

Música desnuda, a la intemperie. Sin más ornamento que ella misma. Música que se mueve sola, sin ropajes, sin pesos innecesarios. Suena la música y el cuerpo se libera de la carga culposa que la mente le impone. Porque la mente miente mientras el cuerpo es sincero y franco. El cuerpo se muestra sin nada, como en el nacimiento como en la muerte real. Venimos sin nada y nos vamos sin nada. Y el cuerpo lo sabe siempre, por eso es el receptáculo del sentir. Por eso sufre cuando la mente se dispara. ¿Por qué somos sólo cuerpo?

La mente es la ilusión de la eternidad, mientras el cuerpo es del tiempo. Por eso nace y envejece con la gloria de su temporalidad. Y por eso la música se prende de la materia corporal y lo primero que hace es hacernos sentir. La gloria de la música se expande en la mediación del cuerpo. El cuerpo se mueve y se conmueve. Gira en su potencia espiritual porque al ser materia, vibra con la energía de la música. Y reconoce la desnudez del acto musical en su esencia primigenia. 

La muerte del cuerpo no es la muerte del cuerpo. Es su transmigración a otra forma de cuerpo. En el fondo, lo que subyace siempre es el cuerpo. Eso lo aprendió el cuerpo por la música. Pues sabemos de nuestro cuerpo cuando la música se expande por la piel, se introduce en nuestra carne; vibran nuestras entrañas y se eleva hacia el alma que surge del cerebro, bella materia carnal. La música, así, a la intemperie del cuerpo desnudo, se desnuda como un cuerpo bello que nunca deja de ser, de existir, de fluir.

Gloria del cuerpo y del fluir en la recapitulación de la existencia. Prelude de la suite n.º 6 para Violonchelo BWV 1012. Música para el cuerpo en feliz intemperie.

viernes, 13 de mayo de 2011

Afrodita, Pan y Eros: escultura y música. Sensorialidad y Debussy


I
La escultura es evidente. Pan, el sátiro, intenta someter lujuriosamente a la diosa del amor. Ante la presencia de un Eros alegre y socarrón. La sandalia que lleva en su manos Afrodita puede ser una muestra de aceptación ante la petición carnal de Pan, semidios mitad humano  mitad animal. Una poderosa alegoría de la sexualidad masculina, por momentos muy humana, por momentos bestial. Afrodita no se resiste. No hay lucha ni conflicto. Sólo la sandalia que indica desnudez sin más. Ah, los griegos, cómo entendían la naturaleza humana sin culpa. Bendición de Zaratustra. 

II
Pienso en Pan. Pienso en el Fauno de Debussy. Tan encantador como voluptuoso. Pienso en Mallarmé y pienso en la intensidad de la experiencia moderna. La subjetividad ya ha alcanzado el espacio público. Ahora el erotismo se libera de la presión monacal y se expande libre por el espacio abierto. El Preludio a la siesta de un Fauno, también es el preludio a la sonoridad sensual. La exploración tímbrica  y cromática. Oler la música. Sentir la atmósfera de la indefinición sensorial. No masculinidad, no feminidad. Sólo poética del cuerpo que se abre y se diluye. No hay psique, sino soma. ¿Qué sentía Debussy? 




lunes, 9 de mayo de 2011

La sonata triste de Cilea y la compasión





Francesco Cilea (1866-1950), tantos años vivió. Cerca de 100. Ahí están La Arlesiana y Adriana Lecouvreur, como sus trabajos más insignes. El lamento de Federico, de La Arlesiana,  es casi su "poema 20". Al extremo que ha ocultado una parte considerable de su obra al gran público. Por fortuna, el sello Agora editó -hace unos años- Francesco Cilea. Chamber Music. Una grabación que contiene las composiciones de música de cámara del maestro italiano. De estas obras destaca nítidamente, la Sonata para piano y violonchelo en re menor Op 38,  obra juvenil que evidencia su cercanía con la fase final del romanticismo. Los movimientos de esta hermosa obra son: Allegro Moderato, Largo doloroso y Allegro animato. 

De los tres movimientos, el Largo doloroso es particularmente atractivo. La atmósfera sonora nos logra transportar a un ambiente lánguido y en extremo triste. Es como si todas las certezas se hubieran esfumado de golpe. Como si de pronto, el silencio de Dios llegase a convertirse en una metáfora visible. No de una tristeza psicológica. Es una tristeza de humana, de proyecciones claramente existenciales. Desde que oí este movimiento hace unos años, siempre regresa a mi como una constatación terrible de aquello que Albert Camus, describiera en su Mito de Sisifo:  No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía. Pues bien, escucho el largo doloroso de Cilea y me viene a la mente la poderosa y célebre reflexión de Camus. ¿Merece la vida ser vivida? Cuando el silencio de Dios adquiere alturas sobrecogedoras es muy probable que nos inclinemos a la desesperanza. Pero esta la música que, incluso en su dolor, logra hacernos intuir la existencia de la compasión. Pues de eso se trata el misterio del sufrimiento: en que otro se apiade de nuestro dolor y, en compañía, nos abrace y cobije cuando el sol se ha ido. 

Largo doloroso de la sonata para piano y violonchelo en re menor Op 38 de Francesco Cilea.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mozart y la vida

¿Quién eres Mozart?
¡Ay, ese ángel fieramente humano,
corre a  salvarnos y no sabe cómo!
Blas de Otero

Insondable, esa es la palabra. Me la enseño Karl Popper, quien tanto sabía de música. El gran filósofo austriaco, al referirse a la música de Mozart afirmaba acertadamente: "hay algo insondable tras su encanto". En efecto, el encantador y cosmopolita Mozart siempre guarda un as bajo la manga. Estamos a punto de volar en el esplendor del brillo clásico y, de pronto, sus tiempos lentos. Algunos sombríos, otros melancólicos y perturbadores, también calmos y diáfanos. Pero todos siempre bajo el signo del genio sin par. Pues de eso se trata ser genio, de tener siempre un as bajo la manga. De pronto el desconcierto, la sacada de vuelta a lo esperado. Hacer pensado lo impensable, como decía Delueze lucidamente. 

Insondable. La palabra me da vueltas. ¿Quién es ese Mozart que tanto me conmueve en este momento? No hay nada parecido, me digo. Pues Bach es perfección y alturas temerarias. Beethoven, desmesurado y absoluto. Brahms, complejo y contradictorio. Mahler, trascendente al límite. ¿Y Mozart? Mozart, insondable. No puedo con él. Trato de comprender la cosa en si mozartiana. ¿Hay palabra precisa? No existe. ¿Cómo traspasar el umbral que va del Allegro Maestoso de la Sinfonía Concertante KV 364, al Andante de la misma obra? ¿Es el mismo compositor? Si, es el mismo. Pero lo mismo. Porque navegamos de la luz al dolor en una misma composición. Mozart tiene 25 años. ¿25 años? Ni  en un proyecto de vida de 1000 años podría siquiera pulsar algunos compases dignos de la música mozartiana. 

El insondable me lleva a reconocerme básico, primario, bestia. La belleza desconcertante me hace pensar que acaso Mozart sí entendió lo que es la vida. Pues la vida es esa unión de desconciertos, de desencuentros. De verdades a medio camino. Donde de pronto la algarabía se torna en tristeza. Donde el mediodía en ocaso. Donde la vida deviene en muerte. Mozart es eso y más. 

¿Por qué vuelvo a escribir de Mozart otra vez? Pues hoy me vino la gana ubérrima de besar al cariño en sus dos rostros. Es decir, besar las contradicciones de la vida. Tan pronto se da la alegría, tan pronto la tristeza. Las cosas no son nunca de la misma forma. Sobre todo en la complejidad de la existencia individual. Más compleja que una elección política, más compleja que la conformación química de las estrellas. La vida es rara, no tiene lógica, no es de consecuencias fácilmente deducibles. La vida es como la música de Mozart, insondable.

Allegro Maestoso Sinfonía Concertante para violín y viola en mi bemol mayor KV 364. En dos partes. La luz.






Andante de la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor KV 364. Insondable.

viernes, 29 de abril de 2011

Poesía en Música



Inspiración poética, Nicolás Poussin, siglo XVII

La poesía, arte mayor. Mi experiencia vital está atravesada de ella desde mi propio origen como hombre. Por ello, desde siempre, he comprendido que  la palabra ejerce su dominio absoluto sobre el hacer. La praxis evidencia su esplendor en la palabra. Pero adquiere su dimensión alada por medio del oficio poético. Artesanía del verbo que edifica mundos y profecías. ¡Cuán pobres seríamos sin la poesía! 

Por fortuna, la poesía está entre nosotros, habita entre nosotros. Y logra dimensiones totales cuando se une a su hermana más querida y afín: la música. De hecho, toda poesía es gran música, como toda gran música es necesariamente poesía. Poesía y Música en lo alto de la creación humana. 

Muchos de los compositores más importantes fueron grandes lectores de poesía. Reconocieron en el arte de la palabra alas y raíces que fueron musicalizadas sabiamente. Pues el dominio del sonido es similar al de la palabra. Ambas son formas en el tiempo. El transcurrir del verso sigue las coordenadas del sonido. Nacen de la nada y perecen en la nada. Así, el músico pueden tornar la palabra y hacerla parte del dominio de la música. Y lo más grande aún, la palabra no se oculta temerosa tras el sonido. Pues el compositor, artista, sabe como unirlas en feliz matrimonio. 

Pienso ahora en poemas hechos música. Y mi deseo es compartir dos composiciones que han musicalizado poesía, gran poesía. No seguiré un orden cronológico ni estilístico. Propongo algunos casos que de algún modo u otro, tienen relevancia para mi esta noche de otoño. 

Un  primer caso es la musicalización de poemas del escritor Amin Maalouf por la compositora finesa Kaija Saariaho. Es particularmente hermoso el caso de Parfum de l´instant. El texto en castellano, originalmente en francés, es el siguiente: 

Estas cerca de mí
pero cierro los ojos
para imaginarte.
Nuestros labios se rozan,
nuestros dedos se enmarañan,
nuestros cuerpos se descubren.
Pero cierro los ojos
para soñar contigo.
Eres el perfume del instante
eres la piel del sueño
y ya la materia del recuerdo.


Lou Reed es un trovador. Uno de los últimos grandes trovadores. En 1991, publica su disco "Magic and Loss". Álbum maduro y de una descarnada y tremenda lucidez. Para mi gusto lo mejor de ese disco es "Magiciam". Una reflexión profunda sobre el transcurrir de la vida y su decadencia en tiempo de blues. 

Mago, Mago elévame en tus alas
y  llévame  suavemente por las nubes.
Lo siento, lo siento, no tengo conjuros,  
Sino palabras  para liberarme.
Quiero un poco de magia para liberarme.
Quiero un poco de magia para liberarme.
Quiero contar hasta cinco
girar  y desaparecer.
Volar a través de la tormenta
y despertar en la calma.
Libérame del cuerpo,
de este peso que se mueve a mi costado.
Permítanme abandonar este cuerpo lejos.
Estoy harto de mirarme.
Odio este doloroso cuerpo
que la enfermedad ha ido pudriendo a la distancia.
Mago quiero continuar en espíritu
pues por dentro estoy joven y vivo.
Por dentro estoy vivo.
Por favor, llévame lejos.
Tantas cosas por hacer
que es demasiado pronto
para que mi vida termine.
Para que este organismo simplemente se pudra.
Quiero un poco de magia para mantenerme vivo
Quiero un milagro ... No quiero a morir.
Temo que si duermo nunca voy a despertar.
Ya no existiré,
cerraré los ojos y ya no existiré,
estaré flotando en la niebla..
 Alguien ... por favor, escúchenme.
Mi mano no puede sostener una taza de café,
mis dedos son débiles, todo eso desaparece.
Pues por dentro soy joven y hermoso
Y hay demasiadas cosas sin terminar.
Mi aliento se esfuma.
Doctor, tu no eres mago  y yo no creo en nada.
Necesito de  fe,
Quiero creer en los milagros  y no sólo en los números.
Necesito de magia para que me libere.
Quiero un poco de magia para liberarme.
Visitar en esta noche estrellada lo alto.
Volar  a las estrellas, a  la luna a la luz  cuando el sol se ha ido.
Volar a  través de la tormenta
y despertarme en la calma.
Volar en la tormenta y despertar en la calma.

viernes, 22 de abril de 2011

Seriación pop: Reflexiones a partir de tres canciones de Rush

Rush en el 2009. De izquierda a derecha. Alex Lifeson (Guitarra), Geddy Lee
(voz, bajo y sintetizadores) y Niel Peart (letrista y beterista)
Mi experiencia musical, gracias a Dios, no se reduce a la música académica. Disfruto otros géneros, como el rock en sus diversas manifestaciones. Pues nací en una época en que el rock era todavía una experiencia cultural importante y porque crecí en décadas en que el rock aun se permitía evolucionar y dar a conocer nuevos derroteros. Como todo género musical, el rock esta expuesto a la lógica de las situaciones artísticas y culturales. Y las invenciones logradas, se edifican sobre la tradición precedente. Los sonidos se construyen desde el ensayo y error, siempre bajo ecosistemas que favorecen la invención sónica. Por eso la música, toda gran música, de cualquier género, es tanto una construcción sentimental y al mismo tiempo una edificación intelectual. Razón y sentimientos se unen en la música. Inteligencia y corazón. Y ciertamente un grado de audacia que convierte a la música en prodigio y algo particularmente interesante. 

De las bandas de rock, una de las que más disfruto es la banda canadiense "Rush". Surgida en los suburbios de Toronto, Canadá, en 1968, es una de los pocos grupos de rock - de la gran era del rock- que ha mantenido su formación básica por casi cuatro décadas. Niel Peart, el baterista, está en Rush desde 1974. Siendo el integrante "nuevo", frente a los fundadores Alex Lifeson y Geddy Lee, guitarrista y bajista respectivamente. Como ha sido notado, dos discos de Rush son vedareros clásicos del rock de todos los tiempos, 2112 editado en 1976 y Moving Pictures dado a conocer en 1981. Sendos álbumes que forman parte de cualquier colección fundamental de hitos del rock. Del primer disco nombrado, 2112, historia inspirada en la novela El Manantial de Ayn Rand, se extrae una de las muestras más acabadas de suite conceptual del rock progresivo: 2112, odisea estético-política donde los ideales libertarios se evidencian en la historia de individuo contra un sistema totalitario. El arte se convierte en lucha contra la opresión de un estado absoluto que ha abolido la creación pues la considera algo contrario a los fines colectivos asumidos acríticamente. Del mismo modo,  Moving Pictures de 1981, se convierte en la graduación estilística de Rush. Todas las canciones llegan a evidenciar una sonoridad compacta, letras de una calidad sobrecogedora y la siempre apología ideológica a favor de la causa libetaria. Tom Swayer es el ejemplo acabado de la canción completa. Todo en esta composición brilla de modo soberbio. La riqueza temática y armónica de esta canción es sólo la anunciación integral de la base rítmica y el dominio individual de cada instrumento. Los tres miembros de Rush elaboran un lección de música, donde le virtuosismo esta a favor de la idea central de la canción: el héroe individual que se afirma ante la multitud. Y al mismo tiempo es un alegato a comprender la vida como una lucha contra las circunstancias. And what you say about his company/ Is what you say about society./ Catch the mist, catch the myth/ Catch the mystery, catch the drift. Los valores que rigen al individuo hacen patente los valores de una sociedad. Finalmente, estos principios normativos, son los que pueden, a la larga, lograr lo imposible. Captura la niebla, captura el mito / Captura el misterio, captura la deriva. El guerrero moderno, el que entiende la vida como lo "sólido que se desvanece en el aire", debe aprender a saber que: The world is, the world is, / Love and life are deep, /Maybe as his eyes are wide. Es decir, que el mundo y la vida son complejos en su profundidad. 

Y el alegato final, después de la entrega instrumental (ejercicio de dominio de la la forma): No, his mind is not for rent /To any god or government./ Always hopeful, yet discontent,/ He knows changes aren't permanent, / But change is. (No, su mente no esta a la venta / Para cualquier dios o gobierno / Siempre con esperanza, aún descontento /El sabe que los cambios no son permanentes /Pero el cambio es). El cambio es lo que debe aceptar el hombre surgido en la modernidad, donde la autonomía del sujeto, la emancipación soñada desde la ilustración, es condición de posibilidad de aceptar el vértigo de los cambios. La soberanía secular se entiende en la medida del principio de adaptación a los cambios incesantes. Permanent waves. Olas permanentes. 


Pero junto a experimentar la necesidad de los cambios y de qué modo el individuo los acepta y termina por imponerse sobre ellos, se encuentra la conciencia de la pérdida y de forma somos también fracaso y derrota. Pero el fracaso es también glorioso. Pues también en la derrota somos de algún modo ganadores. Bravado del álbum Roll The Bones de 1991, es el ejemplo de letra lograda en su límite de perfección. La poesía sirve a la sabiduría. Y qué más hermoso que la estrofa final: 

And if the music stops
There's only the sound of the rain
All the hope and glory
All the sacrifice in vain
(And) if love remains
Though everything is lost
We will pay the price,
But we will not count the cost.

Si queda el amor, a pesar, de todas las pérdidas, de las ausencias, siempre estaremos dispuestos a pagar el costo de existir. Vivir no es fácil, es una aventura de complejidades mayores. La vida y la muerte, el triunfo o el fracaso, implican valor (bravado). 


Junto al reconocimiento de la derrota y del triunfo asumiendo la tragedia y la épica de la existencia, esta el saber mantener en reguardo el espacio interior. La intimidad, ese lugar en que salvuargardamos de los demás un depóstito de integridad  propio. El territorio del soberano individual que a menudo en la jungla posturbana se encuentra en extraña y complaciente soledad. Sólos, libres, pero exigiendo el derecho a ser reconocido, reconociendo. Así en Entre Nous, del Permanent Waves de 1980, Niel Peart escribe: 

Just between us,
I think it's time for us to recognize
The differences we sometimes fear to show.
Just between us,
I think it's time for us to realize
The spaces in between
Leave room for you and I to grow.

Creo que es el momento en que nos demos cuenta que, en los espacios entre tu y yo, hay un lugar para crecer, dice la asertiva frase final. La vida moderna nos obliga a la asfixia, sin embargo esta se contrae e la medida que defendemos el espacio de libertad que se reconoce en otra libertad. Espejo democrático desde el espejo.


viernes, 15 de abril de 2011

La música y el surgimiento de la subjetividad


La música nos permite entender, entre otras cosas, los procesos de la cultura. Percibimos con nitidez cómo han ido apareciendo los diversos paradigmas culturales en la historia de occidente, más allá de la idea de occidente, la gran idea, la belleza. Incluso podemos descubrir cómo la idea se ha ido reproduciendo en la medida que la música ha seguido su propia lógica evolutiva. Lejos de opacarla, la fuerza de la belleza resplandece aun cuando el alma atormentada, maniata su esplendor. Por fortuna, la subjetividad moderna no significó la decadencia de la gran idea de occidente, sino que potenció su poder en la voz de los pliegues del alma. La complejidad de las pasiones hizo que la belleza de la música adquiera una dimensión inusitada.

Durante y tras el renacimiento, el ejercicio intelectual de occidente fue enriquecido por la exploración de las pasiones humanas, desde la indagación humanista. La preocupación por el hombre concreto, significó el descubrimiento ámbitos nuevos de poetización. Compositores como Dowland, Strozzi, Monteverdi, Purcell, fueron emblemáticos en escudriñar el dolor humano, desde la experiencia del éxtasis. Dolor sublimado que se convierte en poesía del dolor. La conciencia trágica barroca en plenitud en su poder conmovedor. Hacer para persuadir a la subjetividad. Subjetividad que se muestra tal como es, en su descarnada desolación. La grandeza de los primeros maestros del barroco sólo será emulada por la generación de músicos románticos. 

Como siempre haré una muestra de composiciones en las  se que urde la trama trágica con la belleza de la forma.   Obras que ya he posteado anteriormente pero que forman parte de mi imaginario frecuente. 

Unidite Amanti, Barbara Strozzi




In darkness let me dwell. John Dowland

In darkness let me dwell;
the ground shall sorrow be,
The roof despair, to bar all cheerful light from me;
The walls of marble black,
that moist'ned still shall weep;
My music, hellish jarring sounds,
to banish friendly sleep.
Thus, wedded to my woes, and bedded
to my tomb,
O let me living, living die till death doth come, till death do come.
In darkness let me dwell

(Traducción libre que propongo)

En la habitación oscura quiero permanecer,
el lugar deberá estar pleno de dolor,
desesperado bajo techo, enclaustrado y lejos de la alegre luz.
En las paredes de mármol negro en las que se llorar,
mi música las ha colmado de caóticos ruidos infernales
y han desterrado el sueño de la amistad.
Así, aferrado a mis males y a mi lecho de muerte,
Oh vida, quiero morir, quiero morir
hasta que la muerte llegue.
En la oscuridad quiero permanecer.



El mayor canto de dolor escrito por un ser humano es el Lamento de Dido de la gran masque de Purcell Dido y Eneas. Brilla en el cielo con su belleza infinita. Nada se compara a esta aria, nada en el universo.

Lamento de Dido, antes de su suicidio por amor, ante la partida de Eneas.

Dame tu mano, Belinda; la oscuridad me envuelve.
En tu seno déjame descansar.
Más quisiera, pero la muerte me invade;
La muerte es ahora una bienvenida visita.

Cuando yazga, yazga en la tierra, que mis errores
no causen cuitas a tu pecho;
Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino;
Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino.