miércoles, 15 de julio de 2009

Planetas, más planetas

Es frecuente descubrir que a la melomanía se le suma un interés de mayor o menor grado por la astronomía. No es de extrañarnos. En su momento, Pitágoras y, siglos después, Kepler, trataron de evidenciar la relación entre la armonía celeste y la dinámica de los sonidos.

Cuando Gustav Holst (1874-1934) compuso su célebre suite orquestal Los Planetas Opus 32, ya se había establecido el número de planetas clásicos del sistema solar en la configuración que hoy se acepta. Es decir, desde Mercurio a Neptuno. Pues Plutón, descubierto en 193o, fue degradado de esta categoría en el 2006. De ahí que la célebre obra de Holst se conponga de movimientos que van desde Marte, el que trae la guerra hasta Neptuno, el místico.

En nuestros días, Gustav Holst es recordado fundamentalmente por esa obra. La inmensa producción de Ralph Vaughan Williams, ha ocultado en gran medida a las composiciones de su ilustre compatriota y amigo. Se halla bajo su sombra. Pero hay que reconocer que Vaughan Willims fue un músico de excepcional talento, sólo pensar en la Sinfonía 6 y la Sinfonía 7 " Ártica" es estremecedor. Sin embargo, con Los Planetas, Holst llega a construir una obra consistente, llena de personalidad e imaginación; acertada en su capacidad de seducir y evidenciar intereses mayores. Esta obra programática ha sido parte del abecedario de aprendizaje melomaniaco de muchos. Muy querida suite, sobre todo, para el adolescente que aun se conmueve por los astros.

Marte, el que trae la guerra- Los Planetas Opus 32- Gustav Holst. No es una gran versión pero vale la pena reconocerla.






Venus, la que trae la paz- Los Planetas- Gustav Holst.

lunes, 13 de julio de 2009

Una esbelta diosa griega entre dos diosas Norse

Así se refería Schumann a la Cuarta Sinfonía si bemol mayor Op 60 de Beethoven. Es decir, un instante de "inviolable quietud" (Keats), de serenidad clásica, entre los arrebatos pasionales de la Tercera, Op 55 y de Quinta, Op 67. Todos los estudios biográficos coinciden en señalar que el momento más feliz de la vida de Beethoven fue el bienio 1805-06. Tiempo en el que el amor entre Ludwig y la condesa Teresa Von Brunswick parecía tener un mejor futuro. Tal era la sensación de optimismo que vivía el maestro que abandonó la composición de la sinfonía en Do Menor (la que se llamó después Quinta) y se dedicó a concebir una sinfonía que evidencie el estado de alegría sosegada que esta viviendo. Pues en Beethoven la vida y la música tienden a unirse con frecuencia.

Los movimientos de la Cuarta Sinfonía en si bemol mayor Op 60 son los siguientes: Adagio-allegro vivace, Adagio, Allegro vivace, Finale: allegro ma non troppo. Este fin semana, me dediqué a la Cuarta con atención. Hace mucho tiempo una obra no había sido tan necesaria para entender ciertos tópicos de la vida.




Cuarta sinfonía en si bemol mayor op 60. Ludwig Van Beethoven. Dirige: El emperador Karajan. En tiempo vertiginoso.

viernes, 10 de julio de 2009

Tener a Bach bajo la mirada de Liszt

A nadie se le ocurriría decir: Bach romántico. Pues no hay músico más alejado al romanticismo que el gran Johan Sebastian. Su actitud ante la música así lo evidenciaba. Artesano de fugas y contrapuntos, conocedor de todas la sutilezas de su oficio. "Il miglior fabro" (hacedor mayor) , tal como Dante se refería al poeta Arnaut Daniel en el Purgatorio. Sin embargo, esa maestranza extrema no niega la enorme capacidad expresiva que se puede encontrar en gran parte de su obra.


La segunda generación romántica tuvo un enorme aprecio por la obra de Bach. Mendelssohn fue fundamental en ese redescubrimiento. Schumann le consideró el mayor compositor del barroco. Brahms se sirvió de él como canon de sus mejores piezas camerísticas. Recordemos las sonatas para violenchelo y piano y el último movimiento de la cuarta sinfonía.

Aparentemente se podría pensar que Liszt halla sido el compositor romántico de la segunda generación menos cercano a Bach. Por actitud ante la música evidentemente si. Al igual que Chopin, Liszt hizo de la música un vehículo autoexpresivo. Una subjetividad que convertía al arte en un medio de expresión personal. Sin embargo, fue Liszt en su deseo de popularizar todo cuando le fascinaba quien hizo muchísimo por la obra de innumerables compositores. Realizó nobles transcripciones de operas, sinfonías, conciertos, etc, para piano. Tantas, que casi imposible desligar su labor de creador con la de transcriptor.

Liszt transcribió al piano seis preludios y fugas de Bach compuestas originalmente para organo, siendo uno de los mayores esfuerzos de transcripción de la obra de Bach. Salta a la vista la enorme habilidad que tenía Liszt para concebir el sobrecogedor formalismo de esta obra de Bach en términos expresivos. El barroco transfigurado en romántico. ¿No habrá logrado Liszt ingresar a una dimensión particularmente trágica de estos preludios y fugas? Nunca lo sabré. Sin embargo, estas trascripciones desde que las escuché se convirtieron en uno de los acercamientos mas intensos y profundos a la cumbre de la música: Bach.




Preludio y Fuga en la menor Liszt-Bach BWV 543. Piano: Alexis Weissenberg

miércoles, 8 de julio de 2009

Hacia otra parte

El opus 59 de Beethoven se acerca tanto a los cuartetos de Haydn y de Mozart que queda clara la pertenencia a la llamada "Primera Escuela de Viena". Sin embargo, en el cuarteto número 3, esta inclusión, aun cuando es evidente, ya presenta visos de ser rebasada por el ímpetu autoexpresivo beethoveniano.


Los cuatro movimientos del cuarteto número 3 del op 59, evidencia el esfuerzo innovador de Beethoven y la autoconciencia de su proyecto estético. El gran músico sabía muy bien hacia dónde estaba dirigiendo su mirada. Dedicados a su amigo el conde Rasumovsky, embajador de Rusia en Viena, estos cuartetos están entre lo mejor del llamado "segundo Beethoven". Se vislumbran las cumbres del opus 127 al 135, cuando Beethoven ya orbitaba lejos de todos los mundos.




Andante con moto quasi allegretto- Cuarteto N. 3 "Rasumovsky". Beethoven



Allegro Molto- Cuarteto N. 3 "Rasumovsky". Beethoven

lunes, 6 de julio de 2009

Poema del éxtasis

La idea del célebre opus 54 de Alexander Scriabin (1872. 1915) es definida según el propio autor en los siguientes términos poéticos:

"Os llamo a la vida, fuerzas misteriosas,
ahogadas en las oscuras profundidades del espíritu creador,
tímidos esbozos de la vida, yo os traigo la audacia"


Escatología mesiánica de un compositor obsesionado en hacer de la música, su música, una mediación hacia lo sagrado. Pero como sacralidad más allá de lo religioso institucional. El Poema del Extasis evidencia los alcances programáticos del mismo: "tema de la voluntad", "tema del Vuelo", "tema de la afirmación". Scriabin estaba convencido que en su obra habitaba un destino superior. De ahí la compleja estrategia teórica y su pretención de unir lo sobrenatural con el arte y el pensamiento.


Obra de grandes dimensiones, el Poema de Extasis, a pesar de su grandilocuencia simbolista es una composición muy bien concebida e ilustra de manera evidente porqué las vanguardias (neoclásicas, atonales o dodecafónicas) se hicieron en su momento tan imperiosas y necesarias.




Poema del Éxtasis opus 54- Alexander Scriabin





viernes, 3 de julio de 2009

Lo que permanece

Permanece. ¿Qué permanece? El oír de tantas cosas. El disfrute, el asombro, la perplejidad. ¿Cómo una red de neuronas pudieron ser capaces de procesar tanta información sonora y dar al mundo eso que nos emociona y deslumbra? Del cerebro humano emerge y se materializa en ese misterio que es la interpretación. Permanece y esta ahi mientas existan esos, algunos, que le confieren sentido y continuidad.


Pasa el tiempo y permanecen. ¿Qué permanece en mi? Mucha música. Por ejemplo se me vienen a la mente algunas de las obras que más me han ofrecido. Sólo por mencionar las composiciones sinfónicas queridas. La 40 y 41 de Mozart. La Quinta y Séptima de Beethoven. La Cuarta de Brahms. La Escocesa de Mendelssohn. La Inacabada de Schubert. La Novena de Dvorak. La Segunda y la Quinta de Mahler. La Octava de Bruckner. La de los Salmos de Stravinsky. La 14 y 15 de Shostakovich. Todas éstas y, algunas otras, tienen un lugar entrañable. Se que siempre estarán conmigo, certeza que me hace inmensamente feliz.


Allegro maestoso. Ritos funebres- Sinfonía 2 "Resurrección" en Do Mayor- Gustav Mahler. Conduce: Claudio Abbado



miércoles, 1 de julio de 2009

Debussy y el preerrafaelismo


Claude Debussy - La Damoiselle élue, baasdo en un poema de D.G. Rosseti para soprano, mezzo-soprano, coro y orquesta.