miércoles, 15 de julio de 2015

Persistir en la música. Reflexiones a medio andar




I
Escrito lúcido de Cioran: "Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados". Me quedo pensando: ¿Por qué persisto en la música? La respuesta: me permite existir, me permite persistir. ¿De qué modo existir? Mi modo de existir es pensar. Eso me ofrece la música. 

II
Hoy miraba el mundo tras el telón sonoro de las sonatas para viola da amore y clavecín de Doménico Scarlatti. La realidad mundana tenía otra forma de presentarse. Estetizada por la distancia de la música de Scarlatti, adquirió el dominio de cierta tristeza.





III
Una gran riff - bluseado y cerebral- de Joe Bonamassa se eleva en este amanecer, mientras la ciudad se sumerge en la luz de la mañana. Sonidos así, también son necesarios para andar por la calles del mundo. Son formas abstractas que pueden ubicarse en el mar de los objetos singulares. Energía del mejor bluesman de hoy que me lleva redescubrir la segunda ley de la termodinámica.





IV
Meditación para una clase de estética, búsqueda de opuestos formales para evidenciar las construcciones del orden. Frente a frente, imagino, en diálogo, la sonata "Tormenta" de Liszt y "Para Alina" de Pärt. ¿Entenderán?, me pregunto. ¿No son estas obras dos extremos de mi condición?


lunes, 6 de julio de 2015

40 años de Wish You Are Here de Pink Floyd

Portada del disco, 1975

I
Tres discos suponen la cima de una vida creativa; The Dark Side Of The Moon (1973), Wish You Are Here (1975) y Animals (1977). Las tres joyas de la producción floydiana, pues The Wall (1979), es un disco que ahora -aun en su grandeza visual y conceptual- resulta un himno a la desmesura creativa. Sin embargo, el tríptico genial que va desde 1973 a 1977, no tiene comparación con la obra anterior y posterior. Pues lo anterior fue la subida y lo posterior fue el descenso. 

II
Las anécdotas son muchas, también los testimonios. Syd Barret iba a las grabaciones de  Wish You Are Here, con aspecto irreconocible. Y los demás, en agradecida forma, le dedican el disco y dos canciones al genio que les dio origen. Pero no es Barret el que palpita. Aquí son los cuatro grandes: Waters, Gilmour, Mason y Wrigth los que hacen el sonido de todas las formas de la desolación. Se nota que el odio corre, pero son artistas cultivados y saben -todavía- controlar a la hybris. El ego, no se demarca para algún lado. Están en forma contenida. 

III
Ha pasado el tiempo desde la primera vez que oí este inmenso álbum. ¿Sería 1988 o 1989? Ya no lo recuerdo bien. El mundo ha girado demasiado desde entonces y ya casi no hay rastros de la música de Pink Floyd en los sonidos masivos de esta parte del mundo. Es necesario aceptar eso. Todo lo humano envejece y poco es lo que llega a permanecer en el tiempo. A estar alturas de la vida humana, no estoy en condiciones de creer que discos com Wish You Are Here, lleguen a ser "clásicos". Pues incluso esa categoría es extraña e indescifrable hoy en día. Deseamos que estés aquí, tiempo...

IV
Para aquellos que nunca han escuchado Wish You Are Here, aquí el álbum completo:

01. Shine On You Crazy Diamond (Parts 1-5)
02. Welcome to the Machine
03. Have a Cigar
04. Wish You Were Here

05. Shine On You Crazy Diamond (Parts 6-9)

miércoles, 24 de junio de 2015

Volver a la casa del arte y de la materia

El Angelus, Millet

Nuevamente el orden subyacente del mundo material que es descubierto por la mente que contempla. Nuevamente la conciencia que se maravilla por esos órdenes inmanentes. Luego, nuevamente, los artefactos hechos siguiendo el patrón del orden implícito. Primero la piedra labrada, luego, la vara ornamentada por la mano humana. Y así, la palabra transfigurada en poema, en rima, en métrica. Y así, la imagen, el volumen, el espacio. Finalmente, la "misteriosa forma del tiempo": la música.

Volver a la casa del arte es volver a vivir. Es respirar tranquilo sabiendo que en este mundo material la potencia del espíritu se forma y se reforma de inmensas maneras.  Porque todo lo que quisimos y no quisimos nos fue dado, De esa manera, la materia de los sueños, de los ingenios, de las normas y hábitos abiertos a la infinitud, regresan a un corazón pensante que redescubre la potencia de lo que las manos y la mente humana hicieron con tanta certera inteligencia y amor. 

Quiero compartir uno de los textos más hermosos que alguna vez he leído. Se trata de la parte final del Himno al Universo de Telhaird de Chardin, sacerdote jesuita y científico del siglo XX. Pensador profundo que muchos podrían visitar nuevamente en estos tiempos de auroras...


Bajo el Arco, Gaston la Touche


HIMNO A LA MATERIA

Por Pierre Teilhard de Chardin

Bendita seas tú, áspera Materia, gleba estéril, dura roca, tú que no cedes más que a la violencia y nos obligas a trabajar si queremos comer.

Bendita seas, peligrosa Materia, mar violenta, indomable pasión, tú que nos devoras si no te encadenamos.

Benditas seas, poderosa Materia, evolución irresistible, realidad siempre naciente, tú que haces estallar en cada momento nuestros esquemas y nos obligas a buscar cada vez más lejos la verdad.

Bendita seas, universal Materia, duración sin límites, éter sin orillas, triple abismo de las estrellas, de los átomos y de las generaciones, tú que desbordas y disuelves nuestras estrechas medidas y nos revelas las dimensiones de Dios.

Bendita seas, Materia mortal, tú que, disociándote un día en nosotros, nos introducirás, por fuerza, en el corazón mismo de lo que es.

Sin ti, Materia, sin tus ataques, sin tus arranques, viviríamos inertes, estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismo y de Dios. Tú que castigas y que curas, tú que resistes y que cedes, tú que trastruecas y que construyes, tú que encadenas y que liberas, savia de nuestras almas, mano de Dios, carne de Cristo, Materia, yo te bendigo.

Yo te bendigo, Materia, y te saludo, no como te describen, reducida o desfigurada, los pontífices de la ciencia y los predicadores de la virtud, un amasijo, dicen de fuerzas brutales o de bajos apetitos, sino como te me apareces hoy, en tu totalidad y tu verdad.

Te saludo, inagotable capacidad de ser y de transformación en donde germina y crece la sustancia elegida.

Te saludo, potencia universal de acercamiento y de unión mediante la cual se entrelaza la muchedumbre de las mónadas y en la que todas convergen en el camino del Espíritu.

Te saludo, fuente armoniosa de las almas, cristal límpido de donde ha surgido la nueva Jerusalén.

Te saludo, medio divino, cargado de poder creador, océano agitado por el Espíritu, arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado.

Tú, Materia, reinas en las serenas alturas en las que los santos se imaginan haberte dejado a un lado; carne tan transparente y tan móvil que ya no te distinguimos de un espíritu.

¡Arrebátanos, oh, Materia, allá arriba, mediante el esfuerzo, la separación y la muerte; arrebátame allí en donde al fin sea posible abrazar castamente al Universo.

miércoles, 17 de junio de 2015

Palabras de Francisco por los 750 años de nuestro Dante

Dante por Giotto. 

Hace más de un mes, el intenso papa Francisco escribió una carta de homenaje y reflexión sobre uno de los mayores poetas de la historia: Dante Alighieri. Sirva este espacio para promover la reflexión teológica en clave dantesca y dantófila. 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO AL PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA CON MOTIVO DE LA SOLEMNE CELEBRACIÓN DEL 750 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DEL GRAN POETA DANTE ALIGHIERI

Al venerado hermano

Cardenal Gianfranco Ravasi

Presidente del Consejo pontificio para la cultura

Con ocasión de la solemne celebración del 750° aniversario del nacimiento del gran Poeta Dante Alighieri, que tiene lugar en el Senado de la República italiana, deseo dirigir a usted y a quienes participarán en la conmemoración dantesca mi cordial y amistoso saludo. En especial lo hago llegar al presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, al presidente del Senado, Pietro Grasso, a quien dirijo mi sentida felicitación por esta significativa iniciativa, al ministro Dario Franceschini; y lo hago extensivo a todas las autoridades, a los parlamentarios, a la Sociedad Dante Alighieri, a los estudiosos de Dante, a los artistas y a quienes con su presencia quieren honrar a una de las figuras más ilustres no sólo del pueblo italiano sino de toda la humanidad.

Con este mensaje quiero unirme también yo al coro de quienes consideran a Dante Alighieri un artista de altísimo valor universal, que tiene aún mucho que decir y dar, a través de sus obras inmortales, a quienes están deseosos por recorrer la senda del conocimiento, del auténtico descubrimiento de sí, del mundo, del sentido profundo y trascendente de la existencia.
Muchos de mis Predecesores quisieron solemnizar las celebraciones dantescas con documentos de gran importancia, donde la figura de Dante Alighieri se proponía precisamente por su actualidad y por su grandeza no sólo artística sino también teológica y cultural.

Benedicto XV dedicó al gran poeta, con ocasión del VI centenario de la muerte, la encíclica In praeclara summorum, con fecha del 30 de abril de 1921. Con la misma el Papa quería afirmar y poner de relieve «la íntima unión de Dante con la Cátedra de Pedro». Al admirar «la prodigiosa vastedad y agudeza de su ingenio», el Pontífice invitaba a «reconocer que el poderoso impulso de inspiración él lo tomó de la fe divina» y a considerar la importancia de una correcta y no reductiva lectura de la obra de Dante sobre todo en la formación escolástica y universitaria.

El beato Pablo VI, además, se interesó de manera especial por la figura y la obra de Dante, a quien dedicó, como conclusión del Concilio ecuménico Vaticano II, hace exactamente cincuenta años, la bellísima carta apostólica Altissimi cantus, donde indicaba, con gran sensibilidad y profundidad, las líneas fundamentales y siempre vivas de la obra dantesca. Pablo VI con fuerza e intensidad afirmaba que «Dante es nuestro. Nuestro, queremos decir, de la religión católica» (n. 9). En cuanto al fin de la obra dantesca, Pablo VI afirmaba con claridad: «El fin de la Comedia es primariamente práctico y transformador. No se propone sólo por ser poéticamente bella y moralmente buena, sino en alto grado de cambiar radicalmente al hombre y llevarlo del desorden a la sabiduría, del pecado a la santidad, de la miseria a la felicidad, de la contemplación aterradora del infierno a la beatificante del paraíso» (n. 17). Citaba, además, el significativo pasaje de la carta del poeta a Can Grande de la Scala: «La finalidad de todo y de la parte es sacar del estado de miseria a los vivientes en esta vida y conducirlos al estado de felicidad» (n. 17).

También san Juan Pablo II y Benedicto XVI se refirieron a menudo a las obras del gran poeta y lo citaron numerosas veces. Y en mi primera encíclica, Lumen fidei, elegí también yo recurrir a ese inmenso patrimonio de imágenes, símbolos y valores constituido por la obra dantesca. Para describir la luz de la fe, luz que se debe redescubrir y recuperar a fin de que ilumine toda la existencia humana, partí precisamente de las sugestivas palabras del poeta, que la representa como «chispa, / que se convierte en una llama cada vez más ardiente / y centellea, cual estrella en el cielo» (n. 4; cfr. Par. XXIV, 145-147).

En vísperas del Jubileo extraordinario de la misericordia, que iniciará el 8 de diciembre próximo, a los cincuenta años de la conclusión del Concilio Vaticano II, deseo vivamente que las celebraciones del 750° aniversario del nacimiento de Dante, como las de la preparación del VII centenario de su muerte en 2021, hagan que la figura de Alighieri y su obra sean nuevamente comprendidas y valoradas, también para acompañarnos en nuestro camino personal y comunitario. La Comedia se puede leer, en efecto, como un gran itinerario, es más, como una auténtica peregrinación, tanto personal e interior como comunitaria, eclesial, social e histórica. Ella representa el paradigma de todo auténtico viaje en el que la humanidad está llamada a abandonar lo que Dante define «la era que nos hace tan feroces» (Par. XXII, 151) para alcanzar una nueva condición, marcada por la armonía, la paz, la felicidad. Es este el horizonte de todo auténtico humanismo.

Dante es, por lo tanto, profeta de esperanza, anunciador de la posibilidad del rescate, de la liberación, del cambio profundo de cada hombre y mujer, de toda la humanidad. Él nos invita una vez más a volver a encontrar el sentido perdido y confuso de nuestro itinerario humano y saber mirar de nuevo el horizonte luminoso en el que brilla en plenitud la dignidad de la persona humana. Al honrar a Dante Alighieri, como ya nos invitaba Pablo VI, podemos enriquecernos con su experiencia para atravesar las numerosas selvas oscuras aún dispersas en nuestra tierra y realizar felizmente nuestra peregrinación en la historia, para alcanzar la meta soñada y deseada por todo hombre: «el amor que mueve el sol y las demás estrellas» (Par. XXXIII, 145).

Vaticano, 4 de mayo de 2015

Francisco

1. Después de una lectura de Dante por Liszt.




 Francesca da Rimini de Tchaikovsky. Impresionante forma de acercarse a Paolo y Francesca.


 

viernes, 29 de mayo de 2015

Cuando Descartes, sin querer, escribió un poema



Alguna vez imaginé o concebí el epílogo de la Crítica a la Razón Práctica de Kant como si fuera un poema. Pues la dimensión poética de ese hermoso final, me parecía evidente. Esta vez, vuelvo a leer las Meditaciones Metafísicas de Descartes y encuentro nuevamente esa dimensión poética que logra capturar el logos en sus múltiples dimensiones. En este caso, la aventura de la interioridad, la búsqueda más profunda del yo y sus certezas, se hacen luminosas en la Segunda Meditación. 

Segunda Meditación (Fragmentos) 

René Descartes (1596-1650)
Mi meditación de ayer ha llenado mi espíritu de tantas dudas,
que ya no está en mi mano olvidarlas.
 Y, sin embargo, no veo en qué manera podré resolverlas;
y, como si de repente hubiera caído en aguas muy profundas,
tan turbado me hallo que ni puedo apoyar mis pies
en el fondo ni nadar para sostenerme en la superficie.
Haré un esfuerzo, pese a todo, y tomaré de nuevo la misma vía que ayer,
alejándome de todo aquello en que pueda imaginar la más mínima duda,
del mismo modo que si supiera que es completamente falso;
 y seguiré siempre por ese camino,
 hasta haber encontrado algo cierto,
o al menos, si otra cosa no puedo,
hasta saber de cierto que nada cierto hay en el mundo.
Arquímedes, para trasladar la tierra de lugar,
sólo pedía un punto de apoyo firme e inmóvil;
así yo también tendré derecho a concebir grandes esperanzas,
si por ventura hallo tan sólo una cosa que sea cierta e indubitable.
Así pues, supongo que todo lo que veo es falso;
estoy persuadido de que nada de cuanto mi mendaz memoria me representa ha existido jamás;
pienso que carezco de sentidos;
creo que cuerpo, figura, extensión, movimiento, lugar, no son sino quimeras de mi espíritu.
¿Qué podré, entonces, tener por verdadero?
Acaso esto solo: que nada cierto hay en el mundo.
Pero ¿qué sé yo si no habrá otra cosa,
distinta de las que acabo de reputar inciertas,
y que sea absolutamente indudable?
No habrá un Dios, o algún otro poder, que me ponga en el espíritu estos pensamientos?
Ello no es necesario: tal vez soy capaz de producirlos por mí mismo.
Y yo mismo, al menos, ¿no soy algo?
Ya he negado que yo tenga sentidos ni cuerpo.
Con todo, titubeo, pues ¿qué se sigue de eso?
¿Soy tan dependiente del cuerpo y de los sentidos que, sin ellos, no puedo ser?
Ya estoy persuadido de que nada hay en el mundo;
ni cielo, ni tierra, ni espíritus, ni cuerpos,
¿y no estoy asimismo persuadido de que yo tampoco existo?
Pues no: si yo estoy persuadido de algo,
 o meramente si pienso algo, es porque yo soy.
Cierto que hay no sé qué engañador todopoderoso y astutísimo,
que emplea toda su industria en burlarme.
Pero entonces no cabe duda de que, si me engaña,
es que yo soy; y, engáñeme cuanto quiera,
nunca podrá hacer que yo no sea nada,
mientras yo esté pensando que soy algo.
De manera que,
 tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente,
resulta que es preciso concluir
y dar como cosa cierta que esta proposición:
yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera,
cuantas veces la pronuncio o la concibo en mi espíritu.
Ahora bien,
ya sé con certeza que soy,
pero aún no sé con claridad qué soy;
de suerte que, en adelante,
preciso del mayor cuidado para no confundir imprudentemente otra cosa conmigo,
 y así no enturbiar ese conocimiento,
 que sostengo ser más cierto y evidente que todos los que he tenido antes.
Por ello, examinaré de nuevo lo que yo creía ser,
 antes de incidir en estos pensamientos,
 y quitaré de mis antiguas opiniones todo lo que puede combatirse mediante las razones que acabo de alegar,
de suerte que no quede más que lo enteramente indudable. Así pues, ¿qué es lo que antes yo creía ser?
Un hombre, sin duda.


¿Qué música podríamos escuchar después de tan profunda introspección? Me parece que composiciones de Monsieur de Sainte-Colombe. La dimensión íntima de la meditación se encuentra de igual modo. 

viernes, 22 de mayo de 2015

Movimiento lento de a dos



Los dobles concierto o los conciertos para dos instrumentos, suelen constituirse en una forma emblemática de hacer gran música. Se debe saber mucho de música; reconocer equilibrios, armonizar como se debe. En suma, manifestar alturas temerarias en el arte de componer. Música de diálogo, de conversación fértil a dos voces. 

Desde hace buen tiempo quería mostrar o elaborar una lista de los dobles conciertos más célebres o que, por lo menos, que más me conmueven. Ciertamente la lista no será tan extensa, pero se caracterizará por una cosa en particular. Me remitiré a los movimientos lentos (tempo lento): adagio, largo, larghetto, etc. Acaso para graficar desde el sonido, las bondades del diálogo de a dos. 

1. Andante del doble concierto para violín y violonchelo en la menor op 102 de Brahms



2. Andante de la sinfonía concertante de Mozart en mi bemol mayor K 364.




3. Largo ma non tanto del concierto para dos violines de J. S. Bach en re menor BWV 1043.


 

4. Larghetto e spiritoso del concierto para violín y violonchelo en la menor RV 522 de Vivaldi.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Bellas arias, arias bellas



La ofrenda es mucho más que acto sacramental. Sacramento también es el arte. El arte es un altar donde el fiel humano (o divino) reconoce- bien- lo que se hace desde el amor. Valor amor, unido a la belleza. Bien y belleza. Dos de los trascendentales, aquí reunidos. Celebremos la belleza que los maestros nos dan con amor. Como decíamos, de amor y belleza juntas. 

Quiero compartir arias bellas, las más bellas que pueden escuchar este día de mayo de 2015. Déjense llevar por este camino de belleza hacia el bien, hacia la verdad: EL AMOR. 

1. O quam suavis de Francesco Cavalli




2. L'amante segreto de Barbara Strozzi






3. Il dolce suono de Lucia di Lammermoor de Donizetti




4. Lascia la spina de Il trionfo del Tempo e del Disinganno de Händel





5. Laudate dominum de Vesperae solennes de confessore de Mozart