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martes, 27 de abril de 2021

Beethoven versiona a Mozart: Variaciones sobre 'Là ci darem la mano', WoO 28


Los dos maestros se conocieron brevemente, pero nunca entablaron amistad. Y, como era común en esa época, Beethoven realizó una serie de variaciones sobre la célebre aria de Don Giovanni. El resultado es una encantadora serenata sobre una melodía preciosa y única del genio de Salzburgo. Composición de 1795, cuando Beethoven se hacía de un lugar en la mítica Viena. 

Variaciones sobre  'Là ci darem la mano', WoO 28, para dos oboes y corno. Y a continuación, la hermosa aria del Don Giovanni, de Mozart.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

BEETHOVEN. 250 AÑOS


El más humano de los músicos, nació un día como hoy, 16 de diciembre de 1770, en Bonn, Alemania. Sin embargo, se hizo parte de todos nosotros, de todas las culturas y países. Porque no hay compositor más universal que Beethoven. 

¿Qué hace a Beethoven particularmente grande? Varias cuestiones. La primera de ellas, es que ya en 1799, había logrado emular a otro gigante como Mozart. Es decir, los asombrosos logros formales de Mozart y la extraordinaria riqueza melódica  mozartiana, era igualada por la producción  beethoveniana anterior a 1800. Y ello, ya es bastante. La segunda, es que Beethoven logró salir del infierno, aquel que narra en el "Testamento de Heiligenstadt"  y transformó esa experiencia en el mayor esfuerzo creador en la historia de la humanidad. Beethoven desde 1802 a 1812, hizo todo lo posible. Durante una década ,este hombre se transformó en una energía capaz de regenerar el "big bang". En serio, lo que salía de esa mente es sencillamente sobrenatural.  Ya 1812, podríamos decir que el maestro era el mayor músico de todos los tiempos. Sin embargo, en su última década de vida, nos iba a regalar logros inimaginados. Y, la tercera de estas cuestiones, es que Beethoven hizo lo que ningún otro compositor había logrado hacer: transformar a la música en una forma de pensamiento, de ideas y de afectos profundos. Beethoven elevó a la música al nivel que le corresponde: "logos sonoro", como diría el gran Eugenio Trías. Por eso, a Beethoven, hay que escucharlo como si estuviéramos leyendo la realidad en toda su diversidad y complejidad

UNA LISTA PERSONAL 

Hay varias obras de Beethoven que deben ser escuchadas y valoradas. Expongo mi lista favorita, la que se me viene a la memoria esta mañana, en que pienso en lo afortunados que somos al haber tenido en nuestra tierra este  humano inmenso. 

1. Novena Sinfonía, en re menor opus 125 "Una oda a la alegría". Estreno, 1824

2. Séptima Sinfonía en la mayor opus 97. Estreno, 1812

3. Sonata para piano en si bemol mayor n. 29 opus opus 106 "Hammerklavier". 1820

4. Sonata para piano en fa menor n. 23 opus 57 "Appassionata" . Estreno, 1804

5. Trio para piano n. 1 en re menor opus 70 "De los espectros". Estreno, 1808

6. Concierto para piano n. 4 en sol mayor opus 58. Estreno 1805

7. Sonata para violín n. 9 en la mayor opus 47 "Kreutzer". Estreno, 1803

8. Tercera sinfonía en mi bemol mayor opus 55 "Heroica". Estreno, 1805

9. Cuarteto para cuerdas n.13 opus 130 "Gran fuga". Estreno, 1826

10. Quinta sinfonía en sol mayor opus 67. Estreno, 1805

11. Cantata a la muerte del Emperador Joseph II WoO 87. Estreno póstumo, 1884. 

12. Concierto para piano n. 5 en mi bemol mayor opus 73. Estrenado, 1811

13. Sonata para piano en do sostenido menor n. 2 opus 27 "Claro de Luna". Estreno, 1802

14. Cuarteto para cuerdas en mi bemol mayor n. 12 opus 127. Estreno póstumo

15. Sonata para piano n.17 en re menor n. 17 opus 31 "La tempestad". Estreno, 1803

16.  Sexta sinfonía en fa mayor opus 68 "Pastoral". Estreno, 1806

17. Misa Solemne en re menor opus 123. Estreno, 1823

18. Sonata para piano en do menor n. 8 opus 13 "Patética". Estreno, 1799

19. Cuarteto para cuerdas  en mi bemol mayor n.10 opus 74  "Rasumowsky". Estreno, 1809

20. Variaciones Diabelli en do mayor opus 120. Estreno, 1823

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

Piano, violonchelo y violín. Los grandes trios (una selección personal)

Los tríos para piano, violonchelo y violín han sido abordados con frecuencia por los grandes compositores. Y es difícil elaborar una lista que haga justicia a un repertorio que posee cumbres con derechos propios y adquiridos. Sin embargo, de tiempo en tiempo me vienen ganas de confeccionar una selección de los tríos para piano y cuerdas que más me han llamado la atención a lo largo de los años.  Y esta es la oportunidad. Como en otras oportunidades, me disculpo por las omisiones que podría cometer. Pero me arriesgo, pidiendo disculpas a mis pacientes lectores si faltara algún trío de sus preferencias. 

Empecemos....

1. Trío para piano y cuerdas en re menor, op 70 N. 1 " De los espectros", de Ludwig Van Beethoven. Compuesto en 1807 y estrenado en 1808. De todos los tríos de maestro de Bonn, probablemente sea el más conocido y el más admirado. Tiene uno de los movimientos más logrados y sombríos de todo su repertorio: largo assai ed espressivo, del que proviene su nombre. A fin de mantener la unidad de la obra, comparto toda la composición, esperando que prestemos atención al segundo, descomunal, movimiento, 



2. Trío para piano y cuerdas n. 1 en re menor op 49 de Felix Mendelssohn, completado en 1839 y estrenado en 1840. No cabe dudas, que este trío posee uno de los primeros movimientos más románticos del repertorio. Y de debe a la fina inclinación de Mendelssohn por la melodía. Si teníamos por Mendelssohn una actitud contraria a su época, el inicio nos los devuelve a su propia era. Gran trío, necesario en toda colección de música de cámara. 



3. Trio para piano y cuerdas en fa sostenido n. 1 op 1 de Cesar Franck. Compuesto en 1840, con solo 18 años, es una de las muestras más logradas del talento del gran compositor belga. El primer movimiento nos lleva a dimensiones insospechadas de pasión romántica, pero en un nivel de innovación sobrecogedor. En esta obra se anuncian cumbres del repertorio de Franck como la sonata para piano y violín y el quinteto para piano y cuerdas.



4. Trio para piano y cuerdas en mi menor N.2 op 90 de Camille Saint-Seans. Compuesto en 1892 es una de la obras mejor logradas del repertorio de cámara del ilustre compositor francés. Ya hemos escrito sobre esta joya en una entrada anterior. Y creo que es necesario seguir haciéndole justicia. El primer movimiento: allegro non troppo, es posee una melodía que atraviesa como cuchillo. 


5. Trío para piano y cuerdas en mi menor N. 4 op 90 "Dunky" de Antonin Dvorak. Una de los tríos que hacen del compositor checo un consumado creador de música de cámara. Este trio se estrenó en 1891 y se inspira en los sonidos populares que tanto fascinaban al gran Dvorak. Todas las seis "dunkas" son de un virtuosismo notable. Vale oro por donde se le mire. 



6. Trio para piano y cuerdas en mi menor n. 2  op 67 de Dimitri Shostakovich. No hay duda que la figura del gran Shostakovich sigue creciendo con el tiempo. Y este trío es uno de los mejores ejemplos de lo que era capaz de componer para el repertorio de cámara. Estrenado en 1941, en plena guerra, está dedicado a la memoria de Ivan Sollertinsky, uno de sus mejores amigos. El trío en mi menor, exige a los interpretes una virtuosismo extremo que, por momentos, raya en la dinámica energética absoluta. Un gran trio, para poner punto final a esta modesta selección.


jueves, 22 de octubre de 2015

A la memoria de un hombre: impresiones sobre la Heroica

Napoleón por David
Es tan sabida la historia de la "Heroica" de Beethoven que resulta ofensivo volver a describirla. Sólo nos queda pensar en el proyecto de Napoleón: tratar de generalizar las ideas políticas de la Ilustración a un nivel continental. Modernizar un mundo que necesitaba ser transformado. El viejo orden estamental debería ser derribado a toda costa. 

Más allá de la intensiones de Beethoven, la Sinfonía "Heroica" es -probablemente- su primera obra de gran magnitud. Desde ahí, casi todo lo que hiciera el genio de Bonn sería impresionante y único. Y pienso que tiene que ver con la magnitud de lo que se estaba viviendo vertiginosamente desde 1789. Desde la Toma de la Bastilla, hasta la coronación de Napoleón han pasado sólo 14 años. Incluido el Gobierno del Terror y los golpes de Termidor y del Brumario. Sucesos de revolución incesante. 

Beethoven asistió a todo el proceso, fue contemporáneo de una de las mayores transformaciones del mundo moderno: el nacimiento de ciudad secular.

La "Heroica" es una obra de dramatismo político. Una composición de dimensiones estremecedoras. Sólo basta volver escuchar el segundo movimiento: marcia fúnebre (adagio assai). Si hoy pueden escuchar toda la Heroica, presten atención al movimiento propuesto. No hay mejor manera de comprender los inicios sonoros del siglo XIX. ¿Qué reacciones generaría en su época? Sin  duda las más extremas.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Música pensada, pensar en música




I

El mayor es Bach. Bach pensó desde la música todo lo que puede ser pensado. De ahí que gran parte de su obra pueda ser tomada como un grado de abstracción superior, capaz de comprender  lo real en su multiplicidad. La Ofrenda Músical y El Arte de la Fuga, son la cima de la música como pensamiento. Sólo algunos escritos filosóficos están a su altura. Sobrecogen el espíritu de la  misma manera que una serie de argumentos encadenados, como los que vemos en Descartes, en Hobbes, en Leibniz, en Kant. 

El mayor es Bach. Su obra emociona como la liturgia cristiana bellamente concebida, como un paisaje cósmico visto desde el Hubble. Se toma en cuenta lo individual y, desde ahí, hacia lo universal. Contemplación en el amor. 

II

Mozart es un cuerpo pensado. No es un cuerpo natural. De ahí que su música siempre se eleva desde algún punto, sobre todo en los movimientos lentos. Como cuerpo pensado, su música puede transcurrir entre la tierra y el cielo con gran facilidad. Mozart es asequible, pero hay algo siempre que se nos escapa. Es el misterio de un cuerpo que nunca ha sido hallado.  

III

Beethoven es secular. Se distancia del Dios, se distancia de las costumbres y de los hábitos; crea su propio universo, sus propias deidades, sus propios humanos. Beethoven ensambla la historia humana a su manera. Beethoven inventa nuestros sentimientos. Beethoven seculariza nuestro mundo desde su inmenso mundo personal. 

IV

Brahms es la conciencia del tiempo y de la historicidad. De ahí que amó a la tradición y quiso mantener su legado. De ahí que puso las semillas, incipientes, de la revolución serial. Brahms se sabe parte de la historia y ese regalo, gran Johannes, se agradece.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cuando Kant, sin querer, escribió un poema

Inmanuel Kant (1724-1804)


Vuelvo a leer la Conclusión a La Crítica a la Razón Práctica de I. Kant. La leo inspirado, como muchos deben haber leído este célebre pasaje kantiano. Hoy no se lee mucho a Kant. Sin embargo, si nuestra estética es proclive a cierta ética profunda (como la de Kant), entonces veremos el vuelo poético que esconde la filosofía; sobre el asombro sigue siendo el mismo. 

Transcribo, traicionando a Kant, la conclusión a la Crítica a la Razón Práctica a modo de poema, en verso libre. Disculpe maestro Kant, disculpen poetas, disculpen filósofos...


Conclusión a La Crítica de la Razón Práctica

Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,

Jorge Luis Borges, El otro poema de los dones


Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y 
respeto a medida que 
pienso y profundizo en ellas:
el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro 
de mí. 
Son cosas ambas que no debo buscar fuera de mi círculo visual
y 
limitarme a conjeturarlas como si estuvieran envueltas en tinieblas o se 
hallaran en lo trascendente;
las veo ante mí y las enlazo directamente con la 
conciencia de mi existencia.
La primera arranca del sitio que yo ocupo en el 
mundo sensible externo,
y ensancha el enlace en que yo estoy hacia lo 
inmensamente grande con mundos 
y más mundos y sistemas de sistemas,
y 
además su principio y duración hacia los tiempos ilimitados de su movimiento 
periódico.
La segunda arranca de mi yo invisible,
de mi personalidad y me 
expone en un mundo que tiene verdadera infinidad, 
pero sólo es captable por 
el entendimiento,
y con el cual (y, en consecuencia, al mismo tiempo también 
con todos los demás mundos visibles)
me reconozco enlazado no de modo 
puramente contingente como aquél, sino universal y necesario. 
La primera 
visión de una innumerable multitud de mundo aniquila,
por así decir,
mi 
importancia como siendo criatura animal que debe devolver al planeta
(sólo un punto en el universo)
la materia de donde salió después de haber estado 
provisto por breve tiempo de energía vital (no se sabe cómo).
La segunda, en 
cambio, eleva mi valor como inteligencia infinitamente, 
en virtud de mi 
personalidad,
en la cual la ley moral me revela una vida independiente de la 
animalidad  
y aun de todo el mundo sensible, 
por lo menos en la medida en 
que pueda inferirse de la destinación finalista de mi existencia en virtud de 
esta ley, 
destinación que no está limitada a las condiciones y límites de esta 
vida. 

¿Qué música se podría escuchar tras esta lectura? ¿Qué visión? ¿Esta? 


Aquí una música probable:


jueves, 13 de marzo de 2014

Alturas temerarias: cinco complejidades para piano



Componer música es, también,  probar y probarse. Exigir y exigirse. Pues también los grandes compositores, muchos de ellos, fueron grandes interpretes. Sabían tanto cómo componer y , al mismo tiempo, cómo ejecutar. El resultado de ambas dotaciones, es que el compositor podía y sabía los modos de conmoción más eficaces. Sabía la manera de conducir nuestra experiencia sensorial, transformándola en experiencia estética, elevándonos a alturas y bajuras insospechadas. Pero también sabía, sí sabía, cómo dejarnos mudos con su talento. Las composiciones virtuosas, de alguna manera, nos dicen: soy capaz de concebir esto. 

Hace tiempo quería escribir sobre las piezas para piano que, a mi juicio, son las más complejas; entendiendo complejidad como la relación entre virtuosismo y coherencia formal. No sólo de simple pirotecnia. Es más bien, la excelencia, el areté de las grandes obras para piano. Hermoso e insuperable repertorio.  

1. Sonata para piano n.º 29 en Si bemol mayor Op. 106, subtitulada Hammerklavier, fue compuesta en el otoño de 1818 en cuatro movimientos al modo de la sonata clásica. El último movimiento, Largo - Allegro risoluto, posee uno de los momentos más grandes de la literatura musical no sólo por la complejidad de la obra, sino porque el sentido de lo inefable brota en cada momento de la fuga enigmática que se pronuncia en dos eternos minutos. 



2. Scarbo de Gaspard de la  Nuit de Ravel. Gaspard de la Nuit debe ser una de las obras más complejas de todo el repertorio. Estrenada en 1909, esta obra posee tres movimientos. Siendo el último, Scarbo, el más célebre.



3. Mazzepa. Estudio Trascendental. N. 4 en re menor de Liszt. De los doce estudios, todos ellos de extrema dificultad, Mazzepa es, sin duda, el que exige más al pianista. Inspirado en un poema de Victor Hugo y estrenado en 1840, Mazzepa es sin duda una de las cimas del arte de sorprender. 



4. Variaciones a un tema de Paganini op 35 de Johannes Brahms. Alguna vez Clara Schumann dijo de las variaciones de Brahms: variaciones para ser tocadas por una bruja, observando lo difícil que le había resultado tocar esta obra. La varaciones fueron compuesta hacia 1863 y se basa en Capricho 24 en La menor para violín del gran Paganini.



5. Allegro Bárbaro de Charles Valentin Alkan. No se si es la pieza más compleja de Alkan pero si es, sin duda, una de las más complejas obras que compuso el gran pianista francés. Parte de los 12 Estudios para piano el Allegro Bárbaro fue compuesto hacia 1847.

)

lunes, 4 de marzo de 2013

La misma tempestad en tres tiempos: Vivaldi, Beethoven y Liszt

La tempestad de Giorgione
¿Cómo suena una tempestad en la música? ¿Es posible reproducir el movimiento del cielo? ¿Es posible la mímesis sonora? ¿O es tan sólo un extraño deseo? El deseo de que la música imite los sonidos que la engendran. 

Pienso en tres casos. El primero, el célebre concierto "La tempestad del mar" de Antonio Vivaldi, que se encuentra en el Il cimento dell'armonia e dell'inventione. El Concerto n.º 5 en Mi bemol mayor, "La tempesta di mare" (La Tormenta en el Mar), RV 253, fue escrito entre 1723 y 1725.



Otra obra, de fundamentos neoclásicos,  en la Sonata para piano n. 17 en re menor Op 31 n. 2 "La tempestad". Ya hemos escrito sobre esta obra de gran alcance y de altura insospechada. Esta sonata fue publicada en 1802 y según se sabe fue concebida después de una lectura de la obra de Shakespeare, del mismo nombre. Vamos con el tercer movimiento. Una joya de allegretto. 



Finalmente: Orage de Liszt. Aquí el demonio del piano dio rienda suelta a su desenfreno. Una de las maravillas del primer año del peregrinación.

jueves, 11 de octubre de 2012

Sonata para piano N. 7 Op 30-2 de Beethoven



Fue compuesta en 1803 y dedicada al zar de Rusia Alejandro I. Cuando desapareció el riesgo napoleónico en Europa y en contexto del Congreso de Viena, el zar le pagó 100 ducados por la obra escrita 12 años atrás. No se si el pago haga justicia a la labor de esta sonata. Pero estoy seguro que es una de joyas de la música de cámara de la segunda época de Beethoven, pues logra el equilibrio exacto entre la corrección clásica y la elevación romántica en ciernes. 

La sonata N. 7 en do menor Op 30 N. 2 presenta cuatro movimientos: Allegro con brio, Adagio cantabile, Scherzo: Allegro y Finale: Allegro. Ciertamente el primer movimiento es el que tiene los mayores logros, de temas dominantes y subdominantes; con ascendentes y descendentes cromáticos. La imaginación beethoveniana en planitud. También el adagio, con su claridad en cantabile , posee un interés mayúsculo. Los otros movimientos son de una corrección muy evidente. Pero es el  allegro con brio donde la cuota de grandeza se manifiesta en su magnitud. 

Sonata N. 7 en do menor Op 30 N. 2 en integridad con Anne-Sophie.Mutter en el violín  y Lambert Orkis en el piano. 


jueves, 23 de agosto de 2012

El violín de Einstein y otros recuerdos con la música


Leo la amplia biografía comentada de Einstein escrita con pasión y erudición por Walter Isaacson. Y en ella trato de ubicar los instantes en los que el gran científico y sabio daba rienda suelta a su apasionada melomanía. Así transcribo los siguientes párrafos de modo aleatorio: 

"Einstein estaba pasando el verano de 1939 en una casita alquilada situada en la punta norte del extremo oriental de Long Island. Allí salía a navegar con su pequeño barco Tinef, compraba sandalias en unos grandes almacenes locales e interpretaba a Bach con el dueño de la tienda" ( página 512) 

"(Hacia 1895) La música seguía siendo una pasión para él. En su clase había nueve violinistas, y su profesor señalaba que en general sufrían de "algunas dificultades dispares en el dominio de la técnica del arco". Pero a la vez se elogiaban concretamente a Einstein: "Un estudiante, apellidado Einstein, incluso destacó por su interpretación de una adagio de una sonata de Beethoven con una profunda comprensión". En un concierto celebrado en la iglesia local, se eligió a Einstein como primer violín para interpretar una obra de Bach. Su "tono encantador e incomparable ritmo impresionaron al segundo violinista, que le pregunto: "¿ Que cuentas los compases?" "¡De ninguna manera!- repuso Einstein- Lo llevo en la sangre" (página 56)

"Su compañero de clase Byland recordaría a Einstein tocando una sonata de Mozart con tal - "!Qué ardor había en su interpretación¡"- que le parecía estar escuchando al propio compositor interpretándola por primera vez. Al escucharle, Byland se dio cuenta de que la apariencia bromista y sarcástica de Einstein era una coraza para proteger un alma interior más blanda: "Era una de esas personalidades divididas que saben cómo proteger, con un exterior erizado de espinas, el delicado ámbito de su intensa vida personal" (página 56) 

"Lo que apreciaba Einstein en Mozart y en Bach era la estructura arquitectónica que hacía que su música pareciera "determinista" y, como sus propias teorías científicas favoritas, arrancadas al universo antes de ser compuestas. "Beethoven creaba su música", diría Einstein en cierta ocasión, pero "la música de Mozart es tan pura que pereciera haber estado siempre en el universo". También comparaba a Beethoven con Bach: " Yo me siento incómodo escuchando a Beethoven. Creo que es demasiado personal, casi desnudo. Prefiero que me den Bach y, luego, más Bach" (Página 65)

"Admiraba asimismo a Schubert por su "superlativa habilidad para expresar la emoción". Sin embargo, en un cuestionario que rellenó en cierta ocasión se mostró crítico con otros compositores de una forma que reflejaba algunos de sus sentimientos científicos: "Händel tenía cierta superficialidad"; Mendelssohn exhibía "un talento considerable, pero una indefinible falta de profundidad que a menudo lleva a la banalidad"; Wagner adolecía de una "falta de estructura arquitectónica que yo veo como decadencia", y Strauss tenía "talento, pero sin verdad interior" (página 65)

"(Hacia 1955) Cuando sus colegas, como regalo por sus setenta y cinco aniversario, le actualizaron el equipo de música que le habían regalado cinco años antes, Einstein empezó a poner repetidamente un disco de la RCA Victor de la Missa Solemnis de Beethoven. Era aquella una elección muy poco habitual en él  por dos razones. Einstein tendía a considerar a Beethoven, que no era su compositor preferido, "demasiado desnudo, casi personal". Asimismo, sus instintos religiosos no llevaban aparejados a esa clase de símbolos. "Soy un no creyente profundamente religioso-le diría a un amigo que le había enviado una felicitación de cumpleaños-. Esta es una especie de nueva religión". (página 578)

Pues bien, quizás sería terminar este texto con el Kyrie de la Missa Solemnis, toda vez que el gran Einstein estuvo escuchándola en sus últimos días.

lunes, 23 de julio de 2012

La danza de las cosas: allegro ma non tropo presto de la Appassionata




Aquí todas las cosas danzan. Las cosas de diversas dimensiones, las más grandes y las más pequeñas. Danzan en microespacios, esos que se deducen a partir del estudio molecular. También en el cosmos en su mayor amplitud, como cuando vemos la inmensidad de la noche estrellada. 

Allegro, ma non troppo - Presto. El último  movimiento de la “appassionata” es un allegro en perpetuum mobile, sobre una ruta de ágiles semicorcheas que sólo son obstaculizadas en el desarrollo y en la coda. El movimiento es complejo, rápido y agitado. Por eso el nombre “apasionada”. Por eso es una de las cumbres del repertorio pianístico. Por eso todas las cosas pueden danzar al infinito.


Barenboim en trastocada versión.



Lisitsa, en versión electrica.

sábado, 23 de junio de 2012

Música interior

Hoy estoy así. Esa es mi música. Así camino por la calle, de ese modo. La existencia tiene esa forma. 

 Allegro ma non troppo-presto. Sonata Appassionata, 

miércoles, 11 de abril de 2012

Predilecciones sonoras: ejercicio de autocomplacencia



Escribir un blog es un ejercicio que tiene algo de vanidad. Es decirle a los lectores lo que más o menos nos interesa sin el menor recato académico. No hay filtros limitantes, ni autocensura. Se escribe de un tirón; muchas veces descuidando la redacción, repitiendo temas, cayendo en lugares comunes. 

Por ser un ejercicio vanidoso, hoy quiero escribir sobre los momentos musicales que más me interesan, gustan y conmueven. Es decir, de mis obras o movimientos favoritos. No pienso hacer una clasificación por géneros o formas. Sólo mostraré aquello que viene en gana publicar  por razones distintas. 

En primer lugar, pienso en el Segundo Concierto para Piano y Orquesta en si bemol mayor Op 83 de Brahms. Es el segundo movimiento, allegro appasionato , uno de los momentos de la historia de la música que más me conmueven. No hay respiro, todo late a la perfección. Cada tema es una resolución interesante. Temor y temblor, así alguna vez lo llamé en un post antiguo. Gran Brahms, gran cima que nunca me deja de asombrar. Y si está Baremboin con Celibidache, las alturas son cósmicas



En segundo lugar, se encuentra mi sonata favorita para piano de Beethoven, la número 23 en fa menor Op 58, conocida como appassionata. Me perturba desde niño y a lo largo de los años se mantiene su poder seductor. Hoy, en mi vida, tiene nombre propio, sobre todo porque vivo con mi propia "appassionata". Y es  el primer movimiento el que no deja sonar en mi mente en este momento: allegro assai.



En tercer lugar, esta otra composición de Beethoven: la sonata para piano número 17 en re menor Op 31-2, La Tempestad. El tercer movimiento: allegretto, es la manifestación de mis propios estados de ánimo. La evocación de mi propia vida. Mis conflictos se evidencian en su crudeza. Melancolía y éxtasis en la misma mente. Baremboin otra vez aquí, soberbio. 



En cuarto lugar, mi Mozart. Es tan difícil decidir algo del gran músico clásico. Pero me quedo con una obra en especial: el concierto para piano número 23 en la mayor KV 488. Y entre los movimientos, el segundo: Adagio en fa sostenido menor. Como diría el gran Cioran, resuena en este adagio: los funerales de otra vida. Paz profunda que oculta alguna manifestación oscura del pesar. Aquí laten todas las bellas tristezas juntas. Horowitz en plena sabiduría. 



En quinto lugar, otra vez Mozart. Pero en este caso una composición vocal religiosa:  Vesperæ solennes de confessore en do mayor KV 339. Alguna vez pensé que mi muerte y el acceso a la otra vida se podría describir al modo de la parte más maravillosa de esta obra: Laudate Dominum. Una voz individual se eleva sobre el firmamento y termina unida  a una totalidad breve y no apabullante. Y, nuevamente, esa voz que se distingue del ethos del amor se recupera reintegrada a otra instancia. Hace mucho que la escucho. Sirva este texto para que durante la serena noche vuelva a oírla en plenitud.



En sexto lugar, otra de las grandes composiciones religiosas: La Pasión Según San Mateo BWV 244 de J. S. Bach. Toda esta obra siempre me ha elevado como pocas y como pocas me costando tanto comprenderla en su real dimensión. . Creo que aquí el consenso es casi unánime. Uno de los momentos más lúcidos, intensos y dramáticos es el aria 39: Erbarme dich, mein Gott (ten piedad de mi, Señor mio). En realidad, en una de las composiciones que me pueden llevar a los límites, a eso límites que suelo vivir desde niño. Si queremos catequizarnos en la belleza absoluta, tenemos el mejor ejemplo. 



En séptimo lugar muestro una pieza inusitada dentro de este grupo de grandes compositores. Todavía es muy pronto juzgar el lugar que tendrá Kaija Saariaho en el futuro. Sin embargo, los Quatre Instants basados en poemas de Amin Maalouf me parecen tan íntimos, dolorosos y profundos como los grandes lieder de otros tiempos. "Parfum de l'instant" es parte de mi vida, de mi vida más interna. Aquella que se asocia a los espacios donde el yo solamente se puede consolar con el yo. Aquí el amor es el cantando, el amor que se transforma en recuerdo. Aun cuando mis condiciones afectivas son muy distintas ahora "Parfum de l'instant", sigue siendo una obra que me conmueve, porque en su momento me conmovió como ninguna. 



En octavo lugar esta la dama Barbara Strozzi. La obra: L'Eraclito amoroso. El aria:  Udite amanti. Fue hace seis años que me encontré por fortuna con esta composición de la gran compositora del barroco. Udite amanti es de esas obras que quisiera volver a escucharlas por primera vez, recreando la conmoción integral que me generó. Por ello está aquí, por sus rastros perennes. 



En noveno lugar hay una aria a la que varias veces me he referido: el Lamento de Dido, de la opera Dido y Eneas de Purcell. Siempre la escucho, siempre esta en su magnitud, en su saber clásico. En lo que significó para mi. En el rastro de mi propia educación sentimental: Thy hand, Belinda... When I am laid in earth



Y en el décimo lugar: el cuarteto para cuerdas número 14 en do sostenido menor Op 131 de Beethoven. El primer movimiento lo es todo, aquí si esta todo. Escucharlo es un acto de devoción integral. Adagio ma non troppo e molto espressivo. No más palabras. 




Y dejo por falta de tiempo: la segunda y quinta sinfonías de Mahler. También la Canción de la Tierra del mismo compositor. Igualmente, la sinfonía concertante de Mozart y su quinteto para clarinete. La sinfonía Inconclusa de Schubert y el cuarteto La doncella y La Muerte. Las suites para violonchelo de Bach y de Britten. También el quinteto para piano y cuerdas de Franck...y los sextetos para cuerda de Brahms ¡Tanto he dejado¡ Debería borrar este texto.

jueves, 16 de febrero de 2012

Dos sobre Beethoven: Popper y Cioran

Máscara mortuoria de Beethoven


Popper y Cioran. Dos de grandes en su propio pedestal y plaza. Autores que se ubican en las antípodas y que, sin embargo, tuvieron casi los mismos gustos musicales. Releo en estos momentos los Silogismos de la Amargura de Cioran y se me viene a la mente Búsqueda sin término de Popper. En su autobiografía, el filósofo austriaco considera que existen dos formas de concebir la música y el arte en general. La primera como representación y la segunda como autoexpresión. En el primer caso, Popper propone como modelo a Bach y en el segundo a Beethoven. Bach, según Popper, concebía su arte al modo de un artesano; tratando a su música como algo exterior, plausible de ser mejorada a partir de una constante revisión. En este caso, es el músico el que sirve a la música. Con Beethoven, la música sirve al músico como vehículo de expresión subjetiva. El temperamento se hace mucho más evidente. Por ello, la música termina siendo sirviente del músico. 

Algo similar escribió Emil Cioran sobre Beethoven, cuando afirma del músico alemán lo siguiente: Beethoven vició la música: introdujo en ella los cambios de humor, dejó que penetrara en ella la cólera. Es decir, el estado de ánimo personal se hizo mucho más transparente en la música. Haciéndola, bajo una perspectiva, mucho más pobre.  También Popper dijo algo similar, cuando consideró que la influencia de Beethoven era para la historia de la música perniciosa, pues en la autoexpresión se dejaba de lado toda posibilidad crítica. Si se considera que el arte es autoexpresión, el distanciamiento sobre la obra y la posibilidad de corrección se reduce al mínimo. Así la "cólera", nos dejaría sin música de artesanos. 

Andante con moto del concierto para piano en sol mayor Op 58. Mitsuko Uchida, simplemente genial. 




Largo assai ed Espressivo del Trio "Fantasma" en re mayor Op 70-1 . Clásica versión con tres grandes. 




Adagio ma non troppo e molto espressivo del cuarteto de cuerdas número 14 Op 131, "la cosa más triste compuesta por el ser humano" Wagner. En dos versiones, una en cuarteto y la otra en transcripción a orquesta por Bernstein. 





lunes, 12 de septiembre de 2011

Otra vez mi música..


Todo pasa. Transcurre. No somos los mismos, tampoco el río que nos baña. Fluye lo real con sus entes y las cosas se transforman de modo incesante. Nada de lo que fue vuelve a ser. Todo es vida y muerte. Nada escapa al devenir, ni siquiera la aparente quietud de una ánfora griega. Tampoco la sosegada conciencia de la finitud. Por eso todo se nos va de las manos, personas y cosas. También nosotros nos vamos o nos vamos yendo de a pocos. Porque cada vida de nuestras vidas es eso. Una vida tras una breve muerte. ¿Cómo abrazar la constancia? No hay forma real. Sino, sólo desde la ilusión. La ilusión que se contempla desde la obra de arte. La permanencia por acercarse a esa plenitud del tiempo sin tiempo. 

Ahí está otra vez mi música. Mi experiencia de humano. Está ahí desde la Cuatro Estaciones de Vivaldi, desde la Quinta de Beethoven, desde la Toccata y Fuga de Bach. Esta ahí, idéntica desde que la recuerdo junto a mi vida. Todo se puede ir, morir, trasmutar. Pero mi música está como mi amiga más cercana, mi afecto más encumbrado,  la devoción íntima que sólo yo puedo comprender. Y por eso la música siempre me ha elevado sobre la mediocridad de la mayoría, sobre el facilidad del resto, sobre los lugares comunes de los comunes. 

Esta tarde necesito de mi música. Felizmente viene hacia mi. Me arropa, me acompaña, me emociona, me habla, me persigue, me escucha. Sí, porque mi música me escucha. Porque yo hablo con mi música. 41 años andamos juntos y sé, con una certeza escalofriante, que sólo ella está. 

Un día de música hace mucho

Tengo 16 años y estoy a oscuras escuchando la radio sólo en casa. Llegamos al Allegretto de la Séptima sinfonía en La Mayor de Beethoven. Empieza a sonar, el tiempo es creciente y obsesivo. Se recapitula el tema de modo dramático. No puedo presagiar lo que ha de venir. Cuando voy entrando a la locura de este movimiento, siento cómo se agita y se agiganta ante mi mente toda la realidad. Es la experiencia de la unidad en las partes. Viajo por el cosmos desde mis 15 metros cuadrados de soledad y puedo por fin entrever la infinitud. Estoy salvado. 

Allegretto de la séptima sinfonía en La Mayor Op 92 de Beethoven. Carlos Kleiber brinda a la humanidad una versión soberbia. 

lunes, 11 de julio de 2011

Hammerklavier: el resto es ruido



Partitura original de la Hammerklavier

Ahí esta el monumento a la perfección. ¿Qué me queda escribir? Nada. Porque nada soy capaz de decir ante tamaña muestra de sabiduría musical. Lo logró Bach con la Ofrenda Musical y el Arte de la Fuga. Lo logró Mozart con Don Giovanni y el Quinteto para Clarinete. Y Beethoven con la Hammerklavier. Todo lo demás es una apostilla. Lo siento por ser así de categórico. Es cierto, de estos tres titanes de la música hay mucho más. Y de otros gigantes como Schubert, Brahms, Mahler, Shostakovich, Britten, también hay mucho de primera línea. Pero ante la Hammerklavier, todo lo demás, ahora, me resulta ruido. 

No puedo escribir nada digno de la cumbre de la música para piano. Sólo me queda apagar las luces de esta noche, irme a dormir y pensar que nada soy, nada soy. Beethoven, qué grande eres, desde siempre. 

Sonata para piano n.º 29 en si bemol mayor Op 106 de Ludwig Van Beethoven. Presento sólo dos movimientos: el primero, Allegro y el tercero, Adagio sostenuto. Apasionato e con molto sentimento. 

Allegro




Adagio. La infinitud en la plenitud.



viernes, 24 de diciembre de 2010

Bello es lo que se ama

Mañana de Pascua. Caspar David Friedrich

Safo, la gran poeta griega, escribe con una sabiduría que atraviesa los tiempos lo siguiente sobre la belleza:

"Es la cosa más bella de la tierra, una columna de caballeros", dice. "No, de infantes". "No, de naves". Y yo pienso: bello es lo que se ama. Hacerlo entender es cosa muy fácil, para todo el mundo . Elena, que veía la belleza de muchos, eligió como su hombre y mejor /a aquel que gasta la luz de Troya: / abandonó a su hija, a sus padres, y se fue lejos, donde quiso Cíprida, porque lo amaba...Quien es bello lo es mientras está bajo tus ojos, quien además es bueno lo es ahora y lo será después. 
Safo. Ch. A. Mengin

Tras leer a Safo, pienso en modo interrogativo: ¿Por qué se ha ocultado ese amor que nos conduce a la belleza?.  Conjeturo que hay muchos objetos, demasiados para poder ubicar el foco de nuestro amor. Hay que salir de la civilización urbana, de la cultura de las cosas reproducidas al infinito. Y buscar lo amable  donde los sucesos son pocos. Donde ocurre lo que debe ocurrir por acción  cerebral del laberinto de los efectos y de las causas. 

Una vez Vladimir Ilich Lenin, el político y líder de la revolución rusa, le dijo a Maximo Gorky lo siguiente sobre la sonata apassionata en fa manor Op 57 de Beethoven: "Dijo que era su pieza musical favorita, pero que para completar la revolución ya no quería volver a escucharla, porque al hacerlo le daban ganas de "acariciarle la cabeza a la gente y decirle cosas estúpidas y amables" en un momento en que era "necesario aplastar cabezas, aplastarlas sin piedad". Lenin era consciente del poder de la belleza sobre nuestros actos. Es decir, una vez sumergidos en la lógica de la belleza es imposible actuar mal. Y en la lógica de la violencia de las cosas, uno no se puede permitir la influencia de la belleza. Pues como decía Safo, lo bello está en relación al amor. Y el amor es lo opuesto a toda forma y demostración de poder. 

Sigo meditando sobre el testimonio de Gorky, en Lenin y en los escritos de la gran Safo. Y no encuentro mejor manera de pensar en Jesús y en la fiesta que recuerda su nacimiento. Pensar en Jesús, en serio. Y no en las cosas  producidas desaforadamente en la era de reproductibilidad técnica. 

Allegro Asai. Sonata Apassionata en fa mayor n.º 23 Op 57. Ludwig Van Beethoven. Otra vez Valentina Lisitsa.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Cuatro cuartetos



No se trata de los Four Quartets de T. S. Eliot, acaso la mayor obra del insigne poeta norteamericano. Más bien de los cuatro cuartetos, los de cuerda, que más me han impresionado a lo largo de estos años de vida y de melomanía. En evidente que las obras seleccionadas, han ido variando en mis preferencias. ¡Son tantas las obras de la "forma reina" de la música cámara que tan difícil establecer una lista de preferencias! Aquí estos "cuatro cuartetos".

I. 
Decidirse cuál de los cuartetos de Beethoven es el más impresionante es difícil. Pues Beethoven construyó las cima de esta forma. Los cuartetos del Op 127 al Op 135, son monumentos temerarios, de un poder de innovación pocas veces visto en la historia de la música. Sin embargo, por preferencias personales me quedó con el cuarteto n. º 9 en do mayor Op 59 "Razunovsky". Donde se atisba la experimentación de las últimas obras de cámara. El movimiento de este cuarteto, que me lleva a usa sensación de vértigo absoluto, es el último: allegro molto, similar en convicción dionisíaca al último de la séptima sinfonía Op 97.  Las capas sonoras arremeten una tras otra, generando una sensación de amplitud y constricción al mismo tiempo. Nunca dejo de reponerme después de este movimiento, hasta que paso un rato en silencio. 



II.
Siguiendo con las cimas de la música, otro cuarteto que me impresiona -ciertamente a muchos- es el cuarteto de cuerdas N. º 14 en re menor D. 810 de Franz Schubert, conocido como la "La muerte y doncella", que tiene su origen en un lied del mismo nombre. Me encanta la fuerza del primer movimiento: allegro. Sin embargo, de las cuatro movimientos, el andante con motto es el que más impresiona. Ahí está el dialogo entre la muerte y la doncella de modo claro y distinto. Casi en la indefinición atmosférica, entre lo terrible y calmo. Bello y resplandeciente cuarteto.





III.
Por una cuestión personal, el cuarteto de cuerdas en sol menor Op 10 de Claude Debussy es uno de mis favoritos. Lo asocio a las noches de fines de los ochenta, cuando radio Sol Armonía (hoy Filarmonía) transmitía su programa de música de cámara: Camerata. El primer movimiento: Anime et très decidir, es el que más gusta de este único cuarteto del gran compositor francés. A mi también.



IV.
Estando en los Estados Unidos, Dvorak escribió este hermoso cuarteto, el cuarteto  número 12 en fa Op 96 "Americano". ¿Nostalgia? Muchísima. Sobre todo en el segundo movimiento: Lento. El nivel de espiritualización aquí es notable. El tiempo me induce a pensar una danza lenta, que nos lleva a ubicarnos ante la belleza. Enorme cuarteto de un compositor notable. 



viernes, 27 de agosto de 2010

En el umbral del silencio




No hay silencio absoluto. Siempre hay algo que suena, aun cuando sea imperceptible a nuestro sistema auditivo. Al cerebro que oye. El silencio absoluto pudo haber sido posible antes de la realidad, antes del "gran estallido", que curiosamente, resulta tan mitológico como el génesis. Desde que la realidad es, resulta inconcebible el silencio absoluto. Sólo hay rangos de sonido, intensidades, que se acercan a ese hipotético silencio total. ¿Después de la muerte alcanzaremos el silencio absoluto? ¡Cómo será! La respuesta depende de nuestras creencias. 

En el umbral del silencio habita cierta música. Composiciones que por pausas o intensidades se ubican en un rango superior al silencio total. Estar en ese límite le otorga un sentido simbólico poderoso a aquel sonido que se encuentra  en el umbral de su negación. ¿Qué obras están en el límite y que símbolos se pueden encontrar en ellas? Ello depende de condiciones psicológicas específicas y del deseo de abrirse a la experiencia del silencio y su hermano más cercano. El sonido que naufraga cerca de él. 

Largo assai ed espressivo. Trio "Fantasma"en re mayor Op 70 N.º1 de Luwdig Van Beethoven. Piano: Argerich. Violonchelo: Misha Maisky. Violín: Renaud Capucon.



Adagietto. Quinta Sinfonía de Gustav Mahler. Dirige: Valery Gergiev



La Muerte de Ase. Suite Peer Gynt. Eduard Grieg. Dirige: Neeme Järvi



Abîme des oiseaux. Cuarteto para el fin de los tiempos. Olivier Messiaen



Louange à l'Éternité de Jésus. Cuarteto para el fin de los tiempos. Olivier Messiaen.

viernes, 11 de junio de 2010

Sobre la libertad

I
Estereotipo cultural fomentado al límite por la publicidad en estos días del 2010: varones funcionando como machos viendo en una pantalla a 22 idiotas que corren detrás de una pelota y mujeres funcionando como hembras yéndose de compras mientras los varones/machos involucionan mirando en la pantalla a los 22 idiotas de pantalones cortos. Cada uno en el lugar que le corresponde. Los machos primarios y bestiales,  las hembras frívolas e idiotas. ¡Pobre selección natural, 4000 mil millones de años evolucionado para terminar de ese modo!

II
Afortunadamente el Perú no clasificó al Mundial de Fútbol. Estamos libres de la efervescencia patriotera que inunda a los países competidores. También, libres de la obligación gregaria de identificarse con 22 tontos que supuestamente nos representan. Además, si este país del tercer planeta hubiese ido a Sudáfrica 2010,  la publicidad llegaría al paroxismo en la construcción de estereotipos; llegando a establecer una relación ontológica entre varón y pelota de 32 paños. 

III
Lo que espero de este certamen comercial y pseudodeportivo son las fechas más importantes. La tribu se guarda en casa o en espacios públicos cerrados para ver a los 22 que el circo global máximo exige. Durante esas horas, las calles de despueblan, los espacios abiertos se liberan de la masa y un reconfortante silencio toma la ciudad, salvo cuando la tribu ruge al anotarse un gol. 

IV
De niño y adolescente me vi obligado por presión social a jugar fútbol. Como era decididamente malo, no era tomado en cuenta mis compañeros de juego. Tampoco sufría por eso. En cambio, lo mio era el atletismo. Me encantaba correr, saltar vallas, lanzar el disco y la jabalina. Después disfruté el ciclismo. Todas actividades individuales. Correr sólo, para uno mismo, con el aire frío dándonos al rostro: libertad. 

V
La libertad de Beethoven. Compuso la cima de la música para piano: la sonata en si bemol mayor N.º 29 Op 106 Hammerklavier. Temeraria muestra de convicción, de complejidad; fruto de un espíritu dichosamente libre como era el de Beethoven. Esta mañana es Hammerklavier, ejercicio de sabiduría absoluta del cual me es imposible escribir algo que este a su altura. 

Tercer Movimiento: Adagio sostenuto. Apasionato e con molto sentimento. Hammerklavier. Beethoven. Piano: Valentina Lisitsa






Cuarto movimiento: Largo - Allegro risoluto. Hammerklavier. Beethoven. Piano: Valentina Lisitsa