Vivir desde el corazón la música no es cosa aparte. Es esencial. Pues la melomanía, en gran medida, es eso. Vivir la música, desbordadamente, sin orden; música sin más. La melomanía se construye de mitos y de hitos. El muchacho que con sus propinas compró uno a uno todos los discos de Iron Maiden, es el mismo que más de veinte años después cumplió un sueño (gracias Patty). Y el mito estaba presente cuando me imaginaba en un concierto de los Irons, cantando o gritando a toda voz: Run to the hills, run for your life. Y el mito estaba presente cuando tomaba algo que pareciese un bajo y me creía, en clave adolescente, Steve Harris. Pues en el mito se asume al héroe y se le eleva a una instancia sobrenatural. Así, Iron Maiden era casi una religión. Mi religión de los 16 años.
Ayer no sabía quien coreaba las canciones. Si este señor casado, con dos hermosos hijos, al cual se le insinúan algunas canas y empieza a presentir que la gente que ama puede desaparecer en el aire. O ese muchacho de 16, aparentemente cercano, pero que miraba la vida alejado del todo. Aquel que había abolido la historia y asumía la existencia como un eterno presente. ¿Quién era? ¿Ambos? ¿El que había salido del trabajo más temprano para ir al concierto o el escolar vespertino que en las mañanas de 1986 cantaba I'm running free yeah/ I'm running free?
Wasted Years, sonaba en los parlantes: So understand / dont waste your time always / searching for those wasted years. Miles coreaban, miles que parecían millones. Yo cantaba mirando al cielo, con los brazos en alto, diciéndole al muchacho de 16 que estabamos aquí, juntos. Ya luego, al terminar, cada uno se iría a su casa, tras un abrazo lleno de afecto entre el pasado y presente.
Wasted Years- Albun: Somewhere in Time de 1986-Iron Maiden. Versión en vivo: Puerto Alegre, Brasil. 2008.
Andante cantabile del Trio para piano y cuerdas K 548 de Mozart, con Mutter en violín y Previn en el piano, trágicamente delicado y, como siempre, insondable en su fondo. Luego, las ganas de seguir con algo más del fiel Wolfgang. Podrían ser algunas canciones, pero el oído no resiste, a esa hora, la voz humana. Salvo la del pequeñito que me acompaña en la travesía del amanecer. Le pregunto a Ignacio- que tiene seis meses- si le gustaría algo de Bach o de Telemann. Sus manitos indican Bach. Elección sabia. Aquí empieza la Ofrenda Musical BWV 1079. El sol nace y el esplendor se une al ricercar a 6. El ventanal amplio se inunda de luz y el enanito sonríe. ¿Qué habrás visto?, me pregunto en silencio. Sólo Mozart, Bach e Ignacio lo saben.
Ricercar a 6- Ofrenda Musical- J. S. Bach BWV 1079
Es un procedimiento habitual en la industria de la música que explica el paso de un género a otro, de un estilo a otro o de una lengua a otra. Como concepto posee una enorme indeterminación pues alude a la mezcla y yuxtaposición de diferentes referentes musicales: un cuarteto de cuerdas interpretando una canción de King Crimson, un cantante de opera cantando una composición popular o músicos populares presentando una versión híbrida de un composición académica. Asimismo, incluye la unión infinita de géneros y subgéneros diferentes. La práctica del crossover se ha extendido de forma apabullante en nuestros días. Razones económicas, tecnológicas y culturales lo explican fácilmente.
21st Century Schizoid Man- King Crimson- versión en quinteto de cuerdas
"The Phantom Of The Opera" original de Andrew Lloyd Weber en versión Metal Gotic de Nightwish
Parece un scherzo, pero no lo es. Se emparenta a las venas melódicas de las Danzas Húngaras, pero no lo son. Se piensa como allegro, pero esta impregnado de cierta languidez dolorosa. Su columna vertebral son los violonchelos, pero a la vez los violines prolongan sus contrastes. La Tercera Sinfonía en Fa Mayor Opus 90 de Brahms fue estrenada en 1883, el año que Wagner murió. Tuvo un enorme exito desde su estreno y Hans Richter la llamó "Heroica", por su parecido a la célebre obra sinfónica de Beethoven. De las cuatro sinfonías de Brahms fue la primera que escuché. A veces, se me viene a la memoria como ahora. Cuando la alegría se une a la melancolía. Un estado sentimental extraño de definir, pero que en la música adquiere su plena identidad. Pues en la música lo verbalmente imposible llega a ser posible.
Poco Allegretto- Tercera Sinfonía- Johannes Brahms- Dirige: Semyón Bychkov. WDR Sinfonieorchester Köln
La música, a menudo, me impresiona como un mar!
En dirección a mi pálida estrella,
bajo un techo de bruma o con un vasto éter,
me pongo en vela;
con el pecho adelante y los pulmones hinchados
como la tela,
escalo el lomo de las olas amontonadas
que la noche me oculta;
siento vibrar en mí todas las pasiones
de una embarcación que sufre;
el buen viento, la tempestad y sus convulciones
a orillas del inmenso abismo
me mecen- Otras veces, en calma quieta, gran espejo
de mi desesperación.
En Schumann convivían tres, como en el Legión neotestamentario. Florestán, fogoso, épico, apasionado. Eusebius, enamorado, soñador, infantil. Y Raro, sereno, intelectual, el conocedor de los arcanos musicales. En la cabeza de Schumann los tres conformaban "La Liga de David", secreta sociedad artística, amantísima de Beethoven y difusora del talento de sus contemporáneos: Mendelssohn, Chopin, Liszt, Brahms. Algunas veces escribía Florestán. Otras, Eusebius. También componía Raro. Cada uno tenía su espacio, su lugar en la corteza cerebral. Lo que empezó como un juego, terminó en serio. Schumann fue dirigiéndose a un abismo o una alltura que él sólo comprendía. La demencia fue el final, pero en el recorrido nos dejó algunos de los momentos más sublimes de la historia de música romántica.
¿Cuál de los tres compuso el Concierto para piano y orquesta Opus 54? ¿De quién es este Intermezzo ? Intimo, tierno, casi en forma de cámara. Poesía y color en uno de los mejores ejemplos del concierto para piano romántico. A Schumann le bastó sólo uno.
Intermezzo - Concierto para piano opus 54- Robert Schumann- Piano: Sviatoslav Richter.
Finale: Allegro Vivace- Concierto para piano opus 54- Robert Schumann- Piano: Sviatoslav Richter.